Los platos anti-Instagram: muy feos pero riquísimos

¿Qué tienen en común los ‘cupcakes’, el sushi o las hamburguesas? Pues que, en principio y salvo excepciones, son platos fotogénicos, con esos colorines, ese toque apetecible y ese carácter de alimento elevado a la categoría, casi, casi, de icono pop. Es decir, quedan de cine en nuestro Instagram y no nos cansamos de fotografiarlos. En el otro lado hay recetas que, la verdad, no son tan cuquis pero que están buenísimas. Son los platos ‘anti-Instagram’, que no aparecen tanto en redes sociales porque no son digamos que preciosos.

(Foto: Wikipedia)

Callos. Están de moda y se preparan en cientos de versiones, desde la más tradicional hasta recetas en las que se fusionan con técnicas sacadas de cocinas asiáticas como la tailandesa. Lo cierto es que no podemos esperar que un plato hecho a base de pedazos de estómago de vaca cocinados junto con chorizo y morcilla se la cosa más estética del mundo, pero rico está un rato. Aunque lo veamos poco por Instagram.

(Foto: Wikipedia)

Porridge. Este desayuno típico británico que consiste en grano de avena cocido al que luego se le añade leche está cogiendo últimamente mucho auge debido a que, según diversos estudios, es saludable. El problema que tiene es que lo que ve el ojo humano es una papilla de aspecto blanquecino que no resulta demasiado apetecible. Por eso, muchos ‘foodies’ le añaden frutos secos o trozos de fresas, arándanos o kiwi para darle un toque más colorido. Porque el porridge, a secas, tiene un aspecto un poco soso…

(Foto: Wikipedia)

Cocidos y potajes. ¡Ah, los guisos de cucharas! Tan revitalizantes como deliciosos, especialmente en invierno. Lástima que, salvo que tengamos un talento desbordante para la fotografía gastronómica, sean difíciles de retratar de un modo atractivo. Se salva el cocido madrileño, por aquello de que se sirve en tres vuelcos y se pueden colocar los garbanzos, la sopa y el embutido por separado. Sin embargo, en la fabada o el cocido montañés, que aúna alubias y berza, la cosa se complica y, por muy ricos que estén, cuesta que entren por los ojos.

(Foto: Wikipedia)

Lamprea. Este pez prehistórico, que está considerado una delicatesen única, es capaz de poner los pelos de punta por su aspecto de serpiente de mar agigantada. Podríamos pensar que la cosa mejora una vez que se cocina, pero no es así, más que nada porque muchas veces se guisa en su propia sangre. Sí, está buenísima, pero tiene el problema de que no entra por los ojos y eso lleva a que, muchas veces, decidamos ni probarla aunque tengamos la oportunidad.

(Foto: Wikipedia)

Vitello tonnato. Cosas que funcionan en redes sociales: el rainbow cheese, ese queso teñido de todos los colores imaginables y que no queremos ni pensar en cómo sabrá. En el otro extremo, un plato clásico italiano como el vitello tonnato, que consiste básicamente en carne de ternera cortada en finos filetes y cubierta por una mayonesa con atún y cuya gama cromática oscila entre el ocre y el marrón clarito pues, claro, no lo peta en número de likes.

(Foto: Wikipedia)

Kimchi. La cocina asiática está de moda: eso es un hecho. Sin embargo, hay platos que, pese a estar entre los favoritos de los entendidos no llegan a tener ese aspecto ideal para que nuestro Instagram haga salivar a miles de personas. Un ejemplo es el kimchi coreano, hecho a base de vegetales fermentados y que, aparte de un color brillante, no suele quedar muy allá en las fotos.

(Foto: Wikipedia)

Gumbo. La cocina criolla de Nueva Orleans es uno de los grandes tesoros gastronómicos de Estados Unidos. Su plato más reconocido es el gumbo, una especie de sopa espesa que lleva distintas verduras, pescado y marisco. El sabor es delicioso pero el aspecto se asemeja más a una masa parduzca en la que asoman unos pocos bichitos marinos. Lástima que el aroma y el sabor aún no puedan percibirse a partir de una simple foto…