Los patrones fractales de cultivos dan lugar a mejores cosechas

Arrozales en Bali mostrando una organización fractal. Crédito: CCO public domain

En muchas ocasiones se critica a los científicos que viven alejados de la realidad. En el sentido de que sus propuestas son muy interesantes, pero que no se pueden aplicar en el mundo real, que son demasiado académicas. Por eso cuando se demuestra que muchas de estas ideas ya las pone en práctica el ser humano de manera natural, los artículos como el recién publicado resultan tan interesantes.

Explicar de qué trata en concreto el artículo es complejo. Lo que han determinado los investigadores es que en los arrozales de Bali aparecen patrones fractales de manera natural, y que este proceso de autorganización permite que los cultivos sean más eficientes y sostenibles. Lo que, dicho así, puede no tener sentido para mucha gente.

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Por empezar por algún punto…¿qué es eso de “fractales”? Habrá a quien le sonará de imágenes artísticas o de técnicas de programación en informática. Dicho de manera simple, es una forma distinta de entender la geometría. Distinta de la que nos enseñan en el colegio.

Cuando estudiamos geometría en la escuela, aprendemos que las figuras tienen dimensiones. Que un plano – una hoja de papel, por ejemplo – tiene dos dimensiones, y un cubo tres dimensiones. La geometría fractal plantea que sí, que eso es cierto, pero que también hay dimensiones fraccionarias – y de ahí el término “fractal”. Por ejemplo, nuestro propio cuerpo, que no es un plano pero tampoco un cubo perfecto geométrico. Está entre las dos y las tres dimensiones. Y lo más interesante es que estas estructuras tienden a repetirse a lo largo de diferentes escalas.

De nuevo hay que recordar que esto no es más que una simplificación, y si alguien está interesado en el tema, existen muchísimas fuentes donde informarse – yo empezaría por la obra de Benoit Mandelbrot, en especial “La geometría fractal de la naturaleza”.

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Bien, pero por mucho que sea así, estas figuras no suelen aparecer en estructuras humanas. Al menos, no de formas conscientes. Especialmente si pensamos en campos de cultivo, que suelen estar configurados en base a líneas lo más rectas posibles.

Sin embargo, en los arrozales de Bali aparecen. Lo que no deja de ser una sorpresa, y necesita una explicación. Así que a ello se dedicaron los investigadores, centrándose en los dos factores fundamentales para determinar estos patrones: el acceso al agua y las plagas de los cultivos.

Los campos de cultivos, las terrazas, están situadas más arriba o más abajo. En el sentido de “aguas arriba” y “aguas abajo”, es decir, hay terrazas que tienen un mejor acceso al agua que otras. Y los que están aguas abajo tienen que adaptarse a lo que decidan los que se encuentran más arriba. No hay ninguna autoridad que regule el uso del agua.

Aquí es donde entran las plagas. En una situación como la que acabamos de comentar, lo normal – en el sentido de “lo que se espera” – es que cada cual cultive según le apetezca. Pero en esos casos, las plagas se vuelven un problema mayor. Si la inundación de las distintas terrazas se hace en distintos momentos, los organismos que provocan plagas se pueden refugiar en los que no hayan sido inundados aún, pasando a atacar a los que ya hayan sido cultivados.

Así que tenemos dos factores contrapuestos. A los agricultores de las zonas más elevadas les interesa cultivar antes, inundar sus campos empleando el agua que haya, que es un bien escaso. Esto no les viene bien a los que están más abajo. Justo lo contrario ocurre con las plagas. A los que tienen sus cultivos en zonas más bajas les interesa que los cultivos superiores se inunden antes. Tendrán menos agua, sí, pero sufrirán menos las plagas, que afectarán más a quienes cultiven antes.

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Hay una tercera solución, la que se da habitualmente y la que han descubierto los investigadores. Si todos sincronizan sus cultivos, salen todos ganando. El acceso al agua se iguala, y también el efecto de las plagas. Pero para esto los cultivos no pueden seguir unas líneas rectas perfectamente delimitadas en un mapa. Deben volverse fractales.

Lo interesante del artículo es que no sólo demuestra que un diseño fractal de los campos de cultivo es eficiente en estas circunstancias. También acaba con un mito muy común en agroecología, conocido como “la tragedia de los comunes” – o mejor traducido, “la tragedia de los prados compartidos”, tragedy of the commons en inglés. Según esta idea, cuando hay recursos compartidos cada uno irá a lo suyo, tratando de maximizar su beneficio. Y esto lo que consigue es que no se alcance el óptimo y todo el mundo salga perdiendo. En los arrozales de Bali los agricultores eligen maximizar el resultado de todos los campos y no del suyo propio. Todos pierden un poco en el corto plazo, pero ganan – y mucho – a largo plazo.