Los nuevos impuestos que llegan para financiar todo este gasto de estímulo

Durante los últimos dos meses, el Congreso ha aprobado 3,6 billones de dólares de gasto de estímulo; y es posible que llegue más dinero. El déficit anual de Washington probablemente habría sido de alrededor de 1 billón de dólares antes de que la pandemia de COVID-19 indujera una recesión. Según la Oficina del Presupuesto del Congreso, ahora, el déficit alcanzará al menos los 3,7 billones de dólares este año y 2,1 billones de dólares el año que viene. El peso porcentual de la deuda federal en la economía será este año el más alto desde la II Guerra Mundial y posiblemente aumentará si se gasta más en estímulos.

Los defensores de la estabilidad presupuestaria generalmente piden una combinación de aumento de impuestos y recorte del gasto para frenar el crecimiento acelerado de la deuda de Washington, pero el déficit federal está volviéndose demasiado grande para la terapia convencional, lo que podría requerir nuevas formas de cobrar impuestos en el futuro. “Cuando miremos hacia atrás para ver los cambios que la COVID-19 ha causado en la sociedad y en la economía, podemos pensar en esta situación como el momento en el que Estados Unidos comenzó a buscar fuentes de ingresos fiscales que tiempo atrás parecían impensables”, escribió recientemente Howard Gleckman del Instituto de Políticas Fiscales.

Estados Unidos ha podido acumular más deuda de la que los economistas jamás pensaron sin forzar un aumento de las tasas de interés o de la inflación, pero las decisiones difíciles siempre fueron inevitables y ahora es probable que se tomen en los próximos cinco años. No tiene sentido aumentar los impuestos en una recesión severa, pero puede que sea necesario cuando la economía vuelva a la normalidad dentro de un año, dos o tres.

El nombre del presidente Donald Trump escrito en un cheque de estímulo emitido por el Servicio de Impuestos Internos para ayudar a combatir los efectos económicos adversos del brote de COVID-19, en San Antonio, el 23 de abril de 2020 (AP Photo / Eric Gay).

Medicare, el programa que garantiza la atención sanitaria para personas mayores, podría quedarse sin dinero en 2023 o antes, ya que los impuestos sobre la nómina que financian el programa se desploman en medio de un desempleo récord. El programa completo no entraría en quiebra, pero solo pagaría una parte del costo de los servicios. La Seguridad Social podría quedarse sin dinero en 2028 por la misma razón y el programa de seguro para discapacitados se quedaría sin dinero en 2024.

El Congreso podría apuntalar ambos programas aumentando los impuestos sobre la nómina que los financian, pero es posible que se produzcan cambios más importantes, dado que los legisladores están contemplando un estímulo adicional que podría ser necesario en los próximos años para mantener a flote a los consumidores y a las empresas. También es posible que se deba pagar parte de la deuda que está contrayendo el Tío Sam. Estas son algunas opciones:

Derogar la Ley de Recorte de Impuestos y Empleo. Fue una reducción de impuestos histórica para los republicanos que dirigían el Congreso en ese momento y probablemente sería necesaria una mayoría demócrata en las dos cámaras y un presidente demócrata para derogar cualquier ley o incluso parte de ella. Si el impuesto a las empresas pasara del actual 21 % al 35 % precedente y se aumentaran los impuestos a la mayoría de estadounidenses que se beneficiaron de la ley de recorte de impuestos, solo se recaudarían unos 1,5 billones de dólares, que es menos que el aumento de la deuda estadounidense en los últimos dos meses.

Un impuesto al valor agregado. Esta podría ser la forma más eficiente de recaudar mucho dinero rápidamente. La mayoría de naciones avanzadas tienen un IVA, que es un tipo de impuesto a las ventas fijado en varios puntos de la producción de bienes y servicios. Un IVA del 10 % permitiría recaudar alrededor de 1 billón de dólares al año y el Congreso podría diseñarlo con mecanismos de protección para los estadounidenses que tienen bajos ingresos, las pequeñas empresas y otros grupos vulnerables. El excandidato a presidente del Partido Demócrata, Andrew Yang, propuso un IVA del 10 % como forma de pagar los 1 200 dólares mensuales de “dividendos de libertad” a cada adulto estadounidense.

La Ley de Recorte de Impuestos y Empleo duplicó a 11,2 millones de dólares para contribuyentes solteros y a 22,4 millones de dólares para parejas la exención de los impuestos sobre el patrimonio (Foto de Spencer Platt / Getty Images).

Un impuesto sobre la riqueza. Bernie Sanders y Elizabeth Warren han propuesto impuestos anuales sobre la riqueza a personas ricas que ganen la mayor parte de su dinero en inversiones gravadas a una tasa más baja que la aplicada a la fuerza laboral ordinaria. Ambos abandonaron la carrera presidencial demócrata cuando Joe Biden, el candidato más moderado, pasó a ser el favorito, lo que deja entrever que estos planes de impuestos a los más ricos no tenían un gran atractivo. Pero eso podría cambiar: “Lo que se consideraba una idea marginal de la extrema izquierda ahora puede capturar la atención de muchos legisladores”, escribe Gleckman.

Mayores impuestos sobre la herencia. El impuesto federal promedio sobre las propiedades inmobiliarias lo suficientemente valiosas como para ser gravadas con impuestos es de solo un 2,1 % y los vacíos legales brindan muchas oportunidades de reducir ese porcentaje. El Proyecto Hamilton de la Brookings Institution propone gravar la riqueza con el mismo porcentaje que los ingresos salariales, con un umbral de exenciones de 1 millón de dólares o más que podría dejar fuera a la mayoría de familias. Con una tasa impositiva máxima a los ingresos del 37 %, un impuesto sobre la herencia de ese nivel permitiría recaudar alrededor de 92 000 millones de dólares al año.

El plan fiscal de Joe Biden. Las principales propuestas de Biden incluyen unos impuestos más altos a los ingresos de las empresas, a los contribuyentes más ricos, a las ganancias de capital y otros cambios que permitirían recaudar alrededor de 400 000 millones de dólares al año. Antes de la recesión del coronavirus, Biden quería usar ese dinero para hacer llegar el Medicare a más gente, para ayudar a los estudiantes a devolver su deuda y a cubrir el coste de la formación universitaria, y a abordar el problema del calentamiento global, pero, de repente, 400 000 millones de dólares al año no parece tanto dinero. Así que es de esperar que haya novedades y cifras más altas.

Rick Newman