Los iraquíes siguen en las calles pese al anuncio de dimisión del primer ministro

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Unos iraquíes acompañan el féretro de un manifestante fallecido el 30 de noviembre de 2019 en Bagdad

El anuncio de dimisión del primer ministro iraquí, Adel Abdel Mahdi, no ha bastado para que los ciudadanos dejen de protestar y este sábado centenares de personas volvieron a salir a las calles de Bagdad y de ciudades del sur del país, decididos a mantener la movilización hasta que se marchen "todos los corruptos".

Mahdi está en el cargo desde hace un año, al frente de uno de los países más ricos del mundo en petróleo pero también de uno de los más corruptos.

El viernes anunció que iba a "presentar al Parlamento una carta oficial en la que expresa su intención de dimitir, para que los diputados puedan estudiar las opciones que tienen".

"Seguimos adelante con el movimiento. La dimisión de Adel Abdel Mahdi solo es una primera etapa. Hay que sacar del poder y juzgar a todos los corruptos", dijo uno de los manifestantes a la AFP, en Dinawiya.

En esta ciudad del sur del país, miles de iraquíes se congregaron el sábado para pedir "la caída del régimen", e igual ocurrió en otras localidades.

Los manifestantes recibieron un importante apoyo del gran ayatolá Alí Sistani, la mayor autoridad religiosa chiita de Irak, que había instado el viernes al Parlamento a reemplazar el gobierno de Abdel Mahdi.

En Nasiriya, otra ciudad del sur donde la represión de estas manifestaciones ha provocado decenas de muertes en estos días, miles manifestantes volvieron a manifestarse, y grupos quemaron neumáticos el sábado para cortar el tráfico en tres puentes sobre el Éufrates, según comprobaron periodistas de la AFP.

Paralelamente, varios centenares de manifestantes se congregaron en un campamento instalado en una plaza del centro de la ciudad.

Desde el jueves, 42 manifestantes han muerto solamente en Nasiriya, donde la policía dispersa las protestas con munición real.

- Contra Irán -

Los manifestantes no sólo quieren sustituir al poder en Bagdad, también critican la creciente influencia del vecino Irán en la vida política del país.

En dos meses de manifestaciones, más de 420 personas han perdido la vida violentamente en estas protestas y los heridos superan los 15.000, según un balance de la AFP basado en fuentes policiales y médicas.

Los manifestantes también quieren poner fin al sistema político concebido por Estados Unidos desde la guerra e invasión de 2003 y el derrocamiento de Sadam Husein.

Los iraquíes reclaman una nueva Constitución y sobre todo una renovación total de la clase política, considerada incompetente ya que ha permitido que en 16 años se evapore el equivalente de dos veces el PIB anual de este país, segundo productor mundial de petróleo.

La próxima cita política ha quedado fijada para este domingo, con una sesión en el Parlamento donde la oposición llama a un voto de desconfianza, y donde los paramilitares pro-Irán, que hasta ahora apoyaban incondicionalmente al primer ministro, han prometido un "cambio".

Abdel Mahdi se declaró dispuesto a dejar su cargo de primer ministro tras el pedido en este sentido del ayatolá Sistani, una figura esencial de la política en Irak.

- Combatientes tribales -

Abdel Mahdi también lo hizo para evitar que el sur del país quedara sumido en el caos, pues los combatientes tribales habían salido para impedir el paso a los refuerzos policiales.

En Nayaf, ciudad santa chiita, la calma reinaba el sábado, después de dos días de gran violencia. El miércoles los manifestantes prendieron fuego al consulado iraní y el jueves, cinco personas murieron en la localidad cuando un grupo de civiles armados disparó contra varios jóvenes. Las circunstancias de este crimen están siendo investigadas.

En Nayaf han perdido la vida violentamente desde el jueves 22 manifestantes.

En la otra ciudad santa chiita al sur de Bagdad, Kerbala, manifestantes y fuerzas de seguridad se lanzaron cócteles molotov hasta las primeras horas del sábado. Y, en Bagdad, seguían los enfrentamientos entre policías y manifestantes.