Los Invernaderos Reales de Bruselas reabren con la primavera

Por Alix RIJCKAERT
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Un jardinero observa las flores de uno de los invernaderos reales en Laeken, el 14 de abril de 2017 en Bruselas

Como cada primavera, los Invernaderos Reales de Laeken, cuyas elegantes bóvedas metálicas y las excepcionales especies tropicales que albergan son fuente de orgullo en Bélgica, abren el viernes sus puertas al público por solo tres semanas.

Se espera que al menos 100.000 personas, turistas extranjeros pero también multitud de belgas, lleguen a partir del viernes por la noche y hasta el 5 de mayo a las verjas doradas del castillo de Laeken, en el norte de Bruselas.

El entusiasmo es tal que los visitantes esperan a menudo durante horas antes de poder entrar en este inmenso terreno real, haga sol o llueva.

Desviados del imponente edificio clásico en el que viven el rey de los Belgas Felipe, la reina Matilde y sus cuatro hijos, son dirigidos hacia las inmensas cúpulas de vidrio y metal, donde crecen -en calma y en medio de una suave humedad- naranjos, limoneros, palmeras e inmensos helechos, pero también fucsias, geranios, camelias y azaleas.

Construidos entre 1874 y 1905, estos invernaderos contemporáneos de la Torre Eiffel son una iniciativa del rey Leopolodo II, en una época en la que Bélgica, tras algunas décadas de independencia, trataba de imponerse en el plano internacional con su floreciente industria y su conquista colonial del Congo.

Leopoldo II "quiso explotar la idea, totalmente nueva, que hacían posibles las técnicas modernas de la época, de construir con acero y vidrio", recuerda Pierre-Emmanuel De Bauw, portavoz de la Casa Real.

"Era un gran coleccionista de plantas, también era alguien con un marcado interés por la arquitectura, así que quiso crear unos invernaderos para saciar sus dos pasiones pero también para utilizarlos" en recepciones o conferencias, explica Michel Dekens, administrador de la propiedad.

El "Jardín de Invierno", reconocible por su corona de acero y vidrio que culmina una enorme cúpula apoyada en columnas neoclásicas, "sirve siempre para las recepciones", subraya Dekens.

Así, la próxima semana, los monarcas recibirán en este marco tropical a los principales embajadores extranjeros del reino.

- 'Descendientes' -

El "Jardín de Invierno" está presidido, discretamente, por el único superviviente de los árboles plantados cuando se construyó el edificio, un Oreopanax dactylifolius de México, una especie "rarísima" cuyo follaje acaricia la cúpula.

"Es la ventaja de este árbol, podemos repodarlo, mientras que a las palmeras, cuando alcanzan el acristalamiento, tenemos que abatirlas" para evitar que dañen la cúpula, cuenta Dekens.

Las palmeras de diferentes alturas que crecen ahí hoy son "descendientes" lejanas de las palmeras del Congo que plantó en su día Leopoldo II, según De Bauw. La quincena de jardineros que trabajan cada año en los invernaderos "tratan de preservar el espíritu inicial", asegura.

Leopoldo II era un gran amante de las camelias, y algunos de los arbustos que adquirió siguen vivos, con más de 200 años.

Como cada primavera, los invernaderos abren sus puertas coincidiendo con la floración de la mayoría de las especies: geranios trepadores que tapizan galerías enteras, hortensias que bordean las escaleras, azaleas rosas, blancas, amarillas, malvas...

Como atestiguan las dos esbeltas "chimeneas", la climatización de los invernaderos se hace con fuel -cuyo uso tratan de limitar, indicó Dekens-, gracias a un circuito de agua caliente, de octubre a mediados de abril.

Información: www.monarchie.be

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