Los históricos urinarios públicos de París destapan sus secretos

Por Jean-François GUYOT
Un urinario público o "vespasiana" localizado en el distrito XIV de París, en una imagen del 1 de enero de 2013

Provocador, Alfred Hitchcock eligió uno de ellos para dar una entrevista televisada. Inventados en el siglo XIX, los urinarios públicos de París fueron los primeros espacios de libertad para los homosexuales así como un lugar de intercambio de mensajes secretos de la Resistencia.

Después de Berlín y antes de Nueva York, una exposición insólita rinde homenaje en la capital francesa a las "vespasianas", también llamadas "tazas" en la jerga parisina y "meadores" en lenguaje coloquial.

Instaladas en las aceras para responder a las necesidades naturales, existieron entre 1834 y 1984.

"No hay que esconder esta pequeña historia humana", confía a la AFP el fotógrafo y escritor Marc Martin, especialista en "fantasmas urbanos", que llevó a cabo una investigación durante diez años.

- "Cosa de hombres" -

"Durante mucho tiempo, orinar en la ciudad en el siglo XIX fue cosa de hombres, lo que nos conduce a las premisas del feminismo y al cuestionamiento de géneros", subraya Martin, en el centro cultural Point Ephemere donde el martes se inauguró la muestra, coincidiendo con el Día Mundial del Retrete.

Además de responder a una cuestión de higiene, las vespasianas, llamadas así por el emperador romano Vespasiano que "tasó la orina" para uso industrial, "respondieron a una necesidad social".

"Las 'tazas' rápidamente se convirtieron en lugares de encuentros imposibles en otras partes. Generaciones de hombres (homosexuales) se emanciparon" en esos edículos, según Martin.

En París, llegaron a haber 2.000, la mitad que en toda Francia.

"Los primeros retretes solo proponían una plaza. Pero como se formaban colas, rápidamente se instalaron vespasianas de varias plazas. Y cuanto más confinado era el lugar, más cosas sucedían en el interior..."

La exposición permite escuchar testimonios en video de varios hombres que los frecuentaron. Uno de ellos, Hugues, de 83 años, asegura que ahí conoció al amor de su vida.

- Conspiracionistas -

"Me dejé manosear por bailarines, diseñadores, actores, cantantes... Conocer a alguien en una 'taza' maloliente y hallarse en su suntuoso apartamento unos minutos más tarde, ¡qué bella aventura!", confía por su parte Jean-Pierre, de 73 años.

"Me gustaría que se reconociera a estos hombres por su valentía", explica Martin. "¿Acaso no desafiaron lo prohibido?"

Las vespasianas también fueron espacios de visibilidad política y comercial. Con frecuencia, se instalaban los anuncios de las campañas de prevención de enfermedades venéreas.

Durante el histórico caso de Alfred Dreyfus, un militar judío acusado erróneamente de espionaje en el siglo XIX, los complotistas hacían circular las informaciones falsas en los retretes públicos.

Para el movimiento de la Resistencia frente al ocupante nazi, sus miembros dejaban ahí desde mensajes hasta armas para que un contacto los recuperara.

La exposición no esconde nada. Ni siquiera el hecho de que también eran frecuentados por quienes se sentían sexualmente atraídos por la orina de otros hombres. "No es una leyenda urbana, pero el tema se exageró para empeorar la imagen de las vespasianas y hacerlas desaparecer".

Cosa que sucedió en los años 1980 con los edículos monoplazas que respondían a las nuevas normas de higiene. De los antiguos, solo uno permanece en actividad, situado en el sur de la capital.

Martin afirma que varios museos parisinos declinaron albergar la muestra. En Berlín, la acogió el museo gay y lésbico Schwules y en Nueva York se expondrá en su equivalente, el museo Leslie-Lohman Museum, a partir de septiembre de 2020.