Los grupos proiraníes podrían convertir a Irak en un estado paria

Por Maya GEBEILY
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Miembros de Hashd Al Shaabi frente al edificio de la embajada de Estados Unidos en Bagdad el 31 de diciembre de 2019

El reciente ataque a la embajada de Estados Unidos en Bagdad demuestra que la presencia de grupos proiraníes en Irak es cada vez más importante y podría llevar al país a convertirse en un estado paria, apuntan los expertos.

El gobierno de Irak está intentando mantener un difícil equilibrio entre Irán y Estados Unidos, ambos aliados, a medida que aumentan las tensiones por la retirada en 2015 de Washington del acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

La rivalidad regional también está afectando a las fuerzas de seguridad iraquíes. Por un lado Estados Unidos entrena unidades del ejército iraquí mientras que Irán apoya al grupo Hashd al Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular), una coalición de milicias de mayoría chiita.

El martes, cientos de partidarios de Hashd atacaron la embajada estadounidense, en la llamada Zona Verde de Bagdad.

La facilidad con la que superaron los controles de las tropas iraquíes entrenadas por Estados Unidos demuestra la fuerza y la influencia de este grupo, apunta Harith Hasan, un experto del Carnegie Middle East Center.

"Una facción político-militar impuso su voluntad y tomó todas las decisiones", según Hasan, por lo que "este nuevo año será el principio de años de declive que llevarán al aislamiento" de Irak.

Hashd al Shaabi, fundado en 2014, forma parte oficialmente de las fuerzas del gobierno de Irak y está dirigido oficialmente por Faleh Al Fayadh, que también ejerce como asesor nacional de seguridad.

Pero Estados Unidos cree que esta red de unidades, en su mayoría chiitas ?-muchas de las cuales lucharon contra las fuerzas estadounidenses en la invasión liderada por Washington en 2003-? está siendo usada por Irán para acrecentar su influencia.

La tensión aumentó la semana pasada, cuando un contratista estadounidense que trabajaba en Irak murió en un ataque con cohetes atribuido a las Brigadas del Hezbolá, una facción radical y proiraní de Hashd.

Se trata del último de una serie de ataques contras las fuerzas estadounidenses y la embajada de Irak, que Estados Unidos atribuye a grupos proiraníes.

- "Las manos atadas" -

Un alto responsable estadounidense de Defensa dijo a la AFP que Washington siente frustración porque las tropas iraquíes "no pudieron o no quisieron" detener los ataques de cohetes.

Tanto responsables estadounidenses como iraquíes están preocupados por el despliegue en las últimas semanas de unidades de Hashd en la Zona Verde, donde están los edificios del gobierno, de Naciones Unidas y de varias embajadas extranjeras.

El ataque a la embajada demostró el control de este grupo dentro de la zona.

Un miembro de una unidad especial iraquí en la Zona Verde explicó a la AFP que dejó entrar a los miembros de Hashd porque tenía órdenes de no intervenir. "Tenemos las manos atadas", aseguró.

"Hashd se han convertido en la fuerza más influyente de Irak porque los militares y los líderes políticos lo están permitiendo", aseguró.

Entre los manifestantes el martes ante la embajada estadounidense había figuras importantes del aparato de seguridad de Irak, como Fayadh, su adjunto Abu Mahdi Al Muhandis y responsables de Hashd como Qais Al Jazaali y Hadi Al Ameri.

Su presencia fue duramente criticada por el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, que les calificó en Twitter de "terroristas" y "apoderados iraníes".

"Todo esto demuestra la gran influencia de Teherán sobre Bagdad", asegura Phillip Smyth, un especialista de los grupos armados chiitas.

El ataque a la embajada podría tener también consecuencias diplomáticas. Estados Unidos ya decidió no invitar al primer ministro Adel Abdel Mahdi a Washington porque lo considera "demasiado cercano" a Irán.

"Irak podría convertirse en un estado paria, aislado del resto del mundo como Venezuela, Corea del Norte y otros", dijo a la AFP un alto responsable diplomático iraquí.

El ataque del martes a la embajada recuerda la crisis de los rehenes de 1979 en Teherán y el ataque de 2012 contra un consulado de Estados Unidos en Bengasi, la segunda ciudad de Libia.