¿Qué ocurrirá con Trump? La tensa espera al 20 de enero que tendrá al mundo al borde los nervios

Jesús Del Toro
·10 min de lectura

El asalto al Capitolio de Washington DC perpetrado por seguidores de Donald Trump, instigados por él, fue un grave golpe a la democracia y a la institucionalidad republicana, un ataque inaceptable que ha sido condenado de modo muy amplio, con algunas deplorables excepciones, incluida inicialmente la del propio presidente.

La ilegal irrupción en la sede del Congreso ha sido considerada un acto de sedición, insurrección delictiva y hasta de terrorismo doméstico y el hecho de que quienes la cometieron fueron azuzados a ello por el propio Trump les impone al mandatario y su entorno una ineludible carga de responsabilidad al respecto.

Donald Trump finalmente aceptó que su presidencia termina el 20 de enero, luego de la crisis del asalto al Capitolio causado por seguidores azuzados por él. (AP Photo/Evan Vucci)
Donald Trump finalmente aceptó que su presidencia termina el 20 de enero, luego de la crisis del asalto al Capitolio causado por seguidores azuzados por él. (AP Photo/Evan Vucci)

Responsabilidad que incluye no solo las vulneraciones a la democracia y a la república, el ataque a la Constitución y a la ley inherentes a la intrusión de la muchedumbre trumpista en el Congreso, que procedía con la certificación de la elección presidencial de Joe Biden, sino también la muerte de varias personas que fallecieron de modo directo o indirecto en el contexto del asalto al Capitolio.

Es por ello que ha crecido el clamor para que Trump renuncie a la presidencia o sea separado del poder mediante la invocación de la Enmienda 25 de la Constitución o vía el proceso de destitución conocido como impeachment.

Remisamente, Trump condenó a la muchedumbre que irrumpió en el Congreso en un video en el que finalmente reconoció que el 20 de enero terminará su administración, pero el miércoles antes de que se diera el asalto al Capitolio arengó a sus huestes a marchar hacia allí mostrando fuerza e incluso después de la irrupción aún decía que “amaba” a esas multitudes y condonaba sus acciones.

Es de suponer que cuando Trump cayó en la cuenta, o le hicieron caer en ella, de que el asalto al Capitolio y la instigación que él hizo al respecto no solo destruyó gran parte del apoyo que aún le quedaba en amplios sectores republicanos sino que podría ser motivo para apartarlo del poder antes del fin de su mandato, y quizá incluso suponerle responsabilidades legales para él y su entorno, es que optó por emitir el mensaje conciliatorio de este jueves.

Un mensaje que, además de contener mentiras y distorsiones sobre su reacción ante la irrupción al Capitolio, en realidad habría debido pronunciarlo mucho antes.

La renuncia

En todo caso, la responsabilidad de Trump en el ataque al Capitolio ha sido señalada de modo consistente y las voces que piden que deje ya la presidencia arrecian incluso entre figuras republicanas.

Por ejemplo, la junta editorial de The Wall Street Journal señala de modo directo que Trump debe renunciar ya para ahorrarle a la nación, y a sí mismo, un desgastante proceso de destitución. Ese periódico considera que las acciones de Trump en relación al asalto al Capitolio constituyen motivo de destitución.

Ciertamente, la renuncia de Trump, como la de Richard Nixon en 1974, sería la forma más rápida para resolver la presente crisis e incluso podría aportarle, en el hipotético caso de que una negociación al respecto tuviese lugar, el perdón presidencial de parte de quien lo reemplazaría de aquí al 20 de enero, el actual vicepresidente Mike Pence.

Trump está cada vez más solo en la Casa Blanca, enfrentando renuncias en su círculo cercano y también confrontado con Pence, a quien vilipendió cuando él señaló que legalmente no tenía facultad, como el presidente deseaba y alegaba, para evitar la certificación del triunfo de Biden.

Ese aislamiento, el golpe contundente a su ego y la noción de que la rendición de cuentas podría caerle encima por sus múltiples falencias a partir del mismo 21 de enero presumiblemente tienen a Trump sumido en la desesperación, lo que en parte se expresó en arenga a la muchedumbre para que avanzara hacia el Capitolio y en su reciente mensaje de tardía conciliación.

Por ello algunos consideran que la renuncia, aunque sin duda humillante, podría ofrecerle beneficios futuros mejores que lo que encararía si es apartado del poder vía la Enmienda 25 o destituido en un nuevo impeachment.

Con todo, es aún dudoso que Trump decida renunciar, por su propio talante narcisista como porque un eventual perdón presidencial, que no es seguro, no lo protegería de las investigaciones y procesos a nivel estatal que lo persiguen. Y porque él sabe que aún cuenta con importantes apoyos en la derecha radical que puede auparlo en el futuro, incluso aunque este mismo jueves despreció a sus seguidores que asaltaron el Capitolio, los mismos a los que antes había expresado su afecto.

Así, el liderazgo demócrata en el Congreso, Nancy Pelosi en la Cámara de Representantes y Chuck Shumer en el Senado, han llamado a que Trump sea apartado de inmediato del poder, señalando que su presencia en la Casa Blanca es una amenaza para la seguridad del país. Pelosi ha advertido, según reportó CNN, que si Pence no invoca la Enmienda 25 será el Congreso el que inicie un nuevo proceso de destitución.

Los demócratas y un grupo aún reducido pero significativo de republicanos se han expresado en apoyo a la remoción o destitución del presidente pero, como en el caso de la renuncia, es incierto que eso vaya a suceder.

La Enmienda 25

La Enmienda 25 de la Constitución dispone qué ha de hacerse cuando el presidente falta o no se encuentra en capacidad de ejercer su cargo.

Ha sido invocada en el pasado, justamente para que el entonces vicepresidente Gerald Ford sucediera al renunciante Nixon y también cuando algunos presidentes, entre ellos Ronald Reagan y George W. Bush se sometieron a procesos médico-quirúrgicos y delegaron de modo temporal el poder en los entonces vicepresidentes George Bush padre y Dick Cheney la conducción del país.

Pero jamás se ha invocado la sección 4 de la Enmienda 25 para remover a un presidente por causas de ofensas mayores. Y, en realidad, existe controversia sobre si esos supuestos caen dentro del ámbito de la Enmienda 25 o si han de resolverse vía el impeachment.

En todo caso, para separar al presidente de su cargo vía la sección 4 de la Enmienda 25, el vicepresidente y la mayoría de los miembros del gabinete deben comunicarle al Congreso que el mandatario se encuentra incapacitado para ejercer sus obligaciones y entonces el vicepresidente asume el puesto de presidente en funciones.

El vicepresidente Mike Pence presidió la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. Pence y la mayoría del gabinete podrian invocar la Enmienda 25 de la Constitución para declarar a Donald Trump incapacitado para ejercer su cargo. (AP Photo/J. Scott Applewhite, Pool)
El vicepresidente Mike Pence presidió la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. Pence y la mayoría del gabinete podrian invocar la Enmienda 25 de la Constitución para declarar a Donald Trump incapacitado para ejercer su cargo. (AP Photo/J. Scott Applewhite, Pool)

Pero el presidente puede a su vez declarar que no se encuentra incapacitado y, de ser así, retomará su cargo salvo que el vicepresidente y la mayoría del gabinete le comuniquen de nuevo al Congreso que consideran que el mandatario se encuentra incapacitado para ejercer su cargo. Si ese es el caso, el Congreso tiene 21 días para resolver y se requiere, para separar al presidente de su cargo, el voto de dos tercios de la Cámara y del Senado.

Considerando que quedan menos de dos semanas en el mandato de Trump y que pese a que Pence está al parecer confrontado con Trump no es obvio que vaya a enfrentársele, luce poco probable que se decida invocar la Enmienda 25, pues es previsible que Trump apelaría y se conduciría a un proceso legislativo arduo e incierto. Incluso si eso llegara a suceder no es claro que se cuente con el voto afirmativo de dos tercios de ambas cámaras.

De acuerdo a medios, aunque ha habido discusiones sobre la Enmienda 25 en algunos círculos del gobierno, Pence no ha mantenido conversaciones al respecto con miembros del gabinete.

El proceso legislativo de destitución

Otra vía es el impeachment.

Para ello, como ya sucedió a finales de 2019 y 2021, cuando Trump fue formalmente acusado por la Cámara pero absuelto en el Senado, se requiere que en la Cámara de Representantes se presenten y aprueben acusaciones formales en contra del presidente.

Dada la mayoría demócrata en la Cámara (a la que incluso podrían sumarse algunos republicanos) es previsible que la acusación formal contra Trump sea aprobada y entregada al Senado, que deberá entonces convertirse en jurado y decidir si destituye o no al presidente. Para removerlo del cargo de requiere el voto condenatorio de dos tercios del Senado.

Eso implica que al menos 18 senadores republicanos y todos los del caucus demócrata voten por destituir a Trump. Al momento, aunque muchos senadores se opusieron a los afanes de obstruir la certificación del triunfo de Joe Biden, tampoco es claro que haya 18 de ellos dispuestos a destituir a Trump.

Además, se ha afirmado que dado que quedan menos de dos semanas para el final del mandato de Trump posiblemente el tiempo de aquí al 20 de enero se consumiría en disputas legislativas en relación a procesos de la Enmienda 25 o de impeachment, y al final la salida de Trump acabaría dándose el 20 de enero o solo poco antes, si prosperasen esas iniciativas.

Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, ha dicho que si el vicepresidente  Mike Pence no invoca la Enmienda 25, el Congreso iniciará un proceso de destitución del presidente Donald Trump. (AP Foto/J. Scott Applewhite)
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, ha dicho que si el vicepresidente Mike Pence no invoca la Enmienda 25, el Congreso iniciará un proceso de destitución del presidente Donald Trump. (AP Foto/J. Scott Applewhite)

Pero otros afirman que la gravedad de los actos de Trump al incitar a las muchedumbres de sus seguidores a marchar contra el Capitolio es enorme y no puede dejarse de lado. Proceder a la remoción del presidente por habar atentado contra el Congreso sería, en ese contexto, una medida imperativa para hacer valer la Constitución y defender la institucionalidad democrática de la república.

Lo más ágil y presumiblemente menos desgastante sería que Trump renuncie, que Pence asuma entonces la presidencia hasta que la entregue al nuevo presidente legítimamente electo, Joe Biden, el 20 de enero. Eso es importante no solo por la cuestión de la validación de la ley y las instituciones sino porque tener en la Casa Blanca a un Trump descarrilado es ciertamente peligroso para el país.

Todo está en un tenso compás de espera, pues hasta ahora parece dudoso que Trump decida renunciar o que Pence y el gabinete, del que varias figuras ya han renunciado, opten por declararlo incapacitado vía la Enmienda 25. En cambio, es posible que la Cámara de Representantes formule acusaciones contra Trump e incluso apruebe a toda velocidad el impeachment, para que este llegue al Senado antes del 20 de enero.

No hay garantía de que si eso sucede el Senado votará por la destitución de Trump, pero al menos procedimentalmente sería plausible. Son los republicanos, en todo caso, quienes tienen la llave de la separación anticipada de Trump del poder.

Trump, en tanto, presumiblemente no se quedaría con los brazos cruzados y su actividad y conducta, como ya se ha constatado reiteradamente, podría conducir a mayores tensiones y confrontaciones indeseables.

Y otras voces afirman que separar a Trump del poder antes del 20 de enero enardecería a sus seguidores, confrontaría aún más a las fuerzas políticas y a las bases militantes y crearía un escenario de confrontación adicional durante la presidencia de Biden. La defensa de la institucionalidad llama a que Trump rinda cuentas, pero otros creen que atizar la polarización al sacarlo del poder antes del 20 de enero dificultaría la recuperación y la reconciliación nacional, de suyo difíciles.

El país se encuentra en vilo. Y la presidencia de Trump, pase lo que pase, se ha ya colapsado por completo, por sus acciones recientes y el peso de sus continuas falencias, abusos y omisiones. Lo que se requiere es evitar mayores problemas y amenazas. La memoria de la administración de Trump, presumiblemente, se colocará entre las peores de la historia estadounidense.

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