Los 'equidistantes': la diversidad que no se ve en el debate de Cataluña

Concentración frente al Palacio de Justicia de Barcelona, sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). (EFE/Archivo).
Concentración frente al Palacio de Justicia de Barcelona, sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). (EFE/Archivo).

Por Sandra Lafuente

Hay más opiniones que las dos dominantes en la pugna por el referéndum de independencia en Cataluña. Son diversas, llenas de matices, pero en este momento no tienen los altavoces para expresarse, porque de la discusión se han apropiado las dos partes atrincheradas. Lo común en situaciones de elevada polarización.

En el debate público sobre este tema, al que se suma el fuego de las redes sociales, a las personas que tienen visiones moderadas o críticas las han reducido a la etiqueta de equidistantes.

¿Existe tal cosa, en realidad?

“La palabra asume que hay dos bandos y en el medio no hay nada. Precisamente en este debate hay gente con posiciones distintas a las dos mayoritarias que se les intenta acusar de equidistantes, que no es necesariamente así sino que tienen una posición que se sale del juego. No es un grupo homogéneo. Pero sí que es verdad que están infrarrepresentados en el debate. Que hay unas voces que están ocupando sus espacios”, interpreta la politóloga Berta Barnet, experta en comportamiento político y opinión pública.

Barnet dice que estas opiniones no son fáciles de medir en las encuestas, por su diversidad, y porque. prefieren hacer silencio “para no entrar en un debate desagradable”. Pero quizás tengan algún poder para decidir a la hora de unas elecciones. “El debate está dividido en tamaño similar en Cataluña como para que sean claves”.

El asesor de comunicación y consultor político, Antoni Gutiérrez- Rubí, sostiene que ni siquiera es fácil saber si en términos electorales pueden llegar a ser mayoría, porque además de estar en espacios intermedios, también están en las dos partes en pugna, pero son moderados.

Gutiérrez-Rubí ha observado, de hecho, que esa heterogeneidad se mueve en cuatro grupos de personas, “que crean fronteras de contacto pero que no son exactamente los mismos”.

Los primeros, “gente que está harta, cansada, porque consideran que este conflicto no tiene que ver con su vida cotidiana y, por lo tanto, está alejada”.

Los segundos, “los que están viendo todo con escepticismo, que no tienen todavía una opinión formada a pesar del bombardeo al que se los somete y tienen reacciones ambivalentes en función de lo que suceda”.

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Los terceros, “el de los, digamos, neutrales, que buscan una tercera vía, un grupo muy numeroso, importante, que no está en ninguna de las trincheras, que está como en tierra de nadie, en un espacio abierto, que no siente que tenga su voz una gran oportunidad en este momento”.

Y, por último, “un grupo de gente que estando situados ideológica, psicológica o emocionalmente en una de las partes tampoco están dispuestos a aceptar cualquier cosa. No se dejan arrastrar por una opinión prejuiciosa solo por el hecho de que lo hagan los suyos”.

Así, justo, son las opiniones de quienes hablaron para este artículo.

Lo que dicen ellos

Mario García, de 65 años, gallego que llegó a Barcelona en 1969 y montó este bar del centro hace 39, dice que este asunto es “de los políticos”. “Yo ya cumplo mi contrato, que es pagar impuestos y votar y el trabajo de los políticos tienen que que hacerlo ellos, que lo solucionen ellos, que para eso les pagamos”, sentencia.

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No va a votar el 1 de octubre. “Porque no me parece serio, soy una persona seria y sensata. Dicho esto, lo que luego salga me amoldaré, como no podía ser de otra manera. ¿Un referéndum serio? Tendría que darse la situación, no lo sé. Es un tema que no me preocupa. Tampoco tiene tanto misterio. Tengo la impresión de que esto es un berrinche de alguien. Con una mano apoyada en la máquina del café y la otra en la barra, aventura a hablar sobre la situación el día después del referéndum: “El día 2 de octubre volveré a abrir mi local, volveré a trabajar y tengo la sospecha que los demás igual. El que no lo piense así, tiene un problema. Tampoco va a llegar la sangre al río. Se llegará a un acuerdo.

Patricia Paz Peguero es de Barcelona, tiene 47 años y trabaja como consultora. Dice que no va a votar, porque el referéndum “no tiene soporte legal” y ve la situación con cansancio: “De ver todo el panorama, todos nuestros gobernantes centrados en un tema que para mí no es el fundamental, dejando de lado lo que es el gobernar de verdad, mejora la sanidad, la educación y las cosas que hay que cuidar a nivel social, para un proyecto que no es el de la mayoría. No digo que no sea lícito que alguien quiera ser independiente; eso para mí es totalmente respetable, pero que a eso se dedique toda la energía… Me entristece toda esta guerra de poder, en el fondo por un tema económico y perdiendo de visita lo que pasa en el resto del mundo, no siendo solidarios ni con nosotros mismos dentro de nuestro país y olvidándonos de cosas como pasan en México, gente que sufre en el mundo”.

Estudiantes y voluntarios para el referéndum del 1 de octubre ( REUTERS/Jon Nazca)
Estudiantes y voluntarios para el referéndum del 1 de octubre ( REUTERS/Jon Nazca)

“Probablemente el tema se les ha ido de las manos a los dos lados por no querer sentarse a negociar y querer asegurarse a sus votantes y lo que los votantes esperan de ambos lados. Tengo esperanza y me gustaría que estuvieran dialogando, aunque parezca que no, porque es la única solución”.

Pau Jiménez y Marina Moreno, estudiantes de 19 y 17 años, caminan por las calles del Gòtic de Barcelona con unos pocos víveres recién en la mano. Los dos están a favor de que se haga el referéndum y de la independencia de Cataluña, pero “nos quejamos más de cómo se ha hecho”, dice Pau, y agrega que entre los independentistas “hay dos bandos”: unos que apoyan “cómo se han hecho las cosas para llegar el referéndum y los moderados, no tan radicales, otros que no estamos muy a favor, porque se ha hecho muy forzado”.

Pero sí va a votar: “La gente lo que quiere es votar pero como no nos dejan. Pero esto viene de hace mucho, como no ha habido diálogo, ha surgido esto. La carga de tensión la ha tenido el gobierno de Madrid, si es un parlamento autonómico, ¿qué carga va a tener?

Entonces Marina, que no vota porque no va a haber cumplido los 18 años todavía, dice: “Es muy difícil opinar sobre este tema, hay demasiadas ramas para meterse en la mente de los que deciden algo. Tú eres pueblo y quieres decidir, quieres obviamente expresar tu opinión y no te dejan, ¿por qué no te tienen que dejar si eres tú el que lo está viviendo?”

Un hombre mira a una pared con llamados a votar el 1 de octubre (AP Photo/Emilio Morenatti).
Un hombre mira a una pared con llamados a votar el 1 de octubre (AP Photo/Emilio Morenatti).

Sobre la situación posterior al 1 de octubre, ella piensa que el diálogo siempre es una opción. “Si somos personas siempre puede haber diálogo, lo único es que no quieren”. Y Pau dice que “como no cambie mucho la cosa, no va a haber diálogo. Antes tendría que haber una reforma en la constitución.

Carlos Romero, de 38 años, afirma que no está tan informado sobre la política como su compañero, Víctor Sánchez, de 32 años. Los dos son trabajadores de Medio Ambiente del ayuntamiento de Barcelona: limpian las calles de la ciudad. Están llenado de agua el camión con el que trabajan, en el barrio de Guinardó.

“No estoy al día”, dice. “Mi opinión es que no va a pasar nada el 1 de octubre, la cosa se va a quedar tal cual. Esto es un paripé de independistas. Tampoco entiendo mucho de política, se va a quedar igual la cosa. A lo mejor salen a la calle con banderas, pero ni urnas ni nada”.

“Es triste porque es todo es muy clandestino, no es serio”, interviene Víctor.

“Porque si fuera serio te envían un carta”, responde Carlos.

Y Víctor abunda: “No soy independentista, pero a raíz de toda la política que hace el Estado, que se cierra en banda, cada vez entiendo a la gente que quiere ser independiente. Veo que el Estado no está actuando bien y tampoco independentistas, creo. Me gustaría que si la gente quisiera votar, votara con un referéndum legal, que el Estado dejara, pero como no hay ni forma de ni manera de que se bajen del burro los dos, choque de trenes. Por otra parte, está pasando que sales de Cataluña y estás estigmatizado. Mi madre, por ejemplo, es burgalesa, y siempre encuentras allí el comentario, y a raíz de esto, más”.

Una estelada en la Universidad en Barcelona. (AP Photo/Manu Fernandez)
Una estelada en la Universidad en Barcelona. (AP Photo/Manu Fernandez)

La pluralidad reconstruirá las rupturas

Gutiérrez-Rubí lamenta que la tensión actual impida que “la imparcialidad sea el criterio fundamental, lo que sería deseable en una sociedad democrática madura”, la de gente “que quiere ejercer la imparcialidad con un criterio cívico”. Que ahora no haya espacio para eso es “lo que nos está devorando desde el pubto de vita de cultura democrática

Para Berta Barnet sería saludable y “positivo para el debate” que estas opiniones intermedias volvieran a escucharse, porque significaría que hemos cambiado de dinámica, a una en la que la tendencia deja de ser adversar y empieza a ser otra vez a escuchar y entender bien los distintos puntos de vista.

Entonces Gutiérrez-Rubí habla con optimismo: “Afortunadamente la sociedad catalana es muy plural. Pase lo que pase la diversidad catalana va a ser capaz de reconstruir las posibles o las hipotéticas rupturas que se hayan podido producir en el tejido social”.

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