Los desplazados libios de Tawergha, decepcionados e impacientes en el desierto

Por Imed LAMLOUM
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Desplazados de la ciudad libia de Tawergha en el desierto después de que se les impidiera entrar a sus tierras el 8 de febrero de 2018

En una llanura barrida por el viento y el polvo, los desplazados de la ciudad libia de Tawergha se impacientan en un campamento improvisado en el desierto, después de que se les impidiera en el último minuto regresar a casa.

Obligados al exilio por su apoyo en 2011 al exdictador Muamar Gadafi, los Tawergha nunca estuvieron más cerca de volver a sus tierras, después de un acuerdo con la ciudad rival de Misrata (200 km al este de Trípoli).

Según lo acordado, cientos de familias partieron el 1 de febrero hacia Tawergha (40 km al sur de Misrata), pero fueron bloqueados en los puestos de control al ingreso de su ciudad por grupos armados de Misrata que se oponían al pacto alcanzado.

"No puedo explicar mi alegría cuando supe que volvíamos a casa, estábamos a las puertas de Tawergha cuando bloquearon el camino", dice Najat Al Fituri, al expresar su decepción frente a su tienda de campaña.

Ella viajó desde Tobruk, a más de 1.000 km de donde quedó bloqueada, y el lugar en el cual se había refugiado con sus siete hijos desde 2011. Hoy está decidida a regresar su hogar.

"No me moveré más, me quedaré aquí incluso un año (si es necesario), hasta que llegue a casa", dice ella.

Como la familia de Najat hay otras decenas en casos similares que decidieron quedarse en la región de Qararat al Qatf, a tan sólo 20 km de Tawergha.

Los desplazados esperan que la alcaldía de Tawergha y el Gobierno de Unión Nacional (GNA), que es mediador, lleguen a buen puerto en las nuevas negociaciones que iniciaron.

Los poderosos grupos armados de Misrata expulsaron a los Tawergha de sus casas después de acusarlos de participar junto con las fuerzas de Gadafi, en el asedio de su ciudad durante la rebelión de 2011, así como en actos de tortura, violación y asesinato.

- 'Culebras y escorpiones' -

Estas familias tienen como único refugio sus automóviles. Otros, más afortunados, encontraron un lugar entre el centenar de tiendas de campaña entregadas por las agencias de la ONU. Allí, dos carpas azules sirven de dispensario y cerca instalaron cuatro cabinas sanitarias.

"La situación es miserable", lamentó Daud Al Tuleiha, un funcionario de Tawergha. "Desde 2011, nos hemos convertido en expertos del éxodo", dijo.

"Nos desplazamos con nuestras bombonas de gas e incluso leña" para calentarse y cocinar.

Este hombre se encuentra con su familia en un nuevo campamento, después de siete años de exilio, viviendo en albergues improvisados con "frío en la noche y calor en el día, sin luz ni agua".

"A veces subimos las colina para ver nuestras palmeras de lejos" en Tawergha.

A su lado, Mabruk al Suisi, no esconde su decepción y su rabia contra el gobierno. "La gente aquí está sin techo ni comida desde hace ocho días. Necesitamos medicamentos, y antídoto contra el veneno en esta zona desértica que es un hervidero de culebras y escorpiones", grita desesperado.

Mientras tanto, las milicias de Misrata bloquean sus rutas e incluso disparan hacia sus autos con el solo fin de impedirles que sigan avanzando hacia su tierra, Tawergha.

- Más paciencia -

Tawergha es desde 2011 una ciudad fantasma y en ruinas, con sus 40.000 habitantes ahuyentados por la violencia.

Pero cualquier cosa es mejor que la vida en los campos. "Incluso bajo una palmera, podemos vivir. La gente de Tawergha quiere vivir en sus tierras", dijo el alcalde de la ciudad Abdelrahman Chakchak.

El alcalde asegura que "varias partes (en Misrata) no han entendido que no se trata de una reconciliación. Es un acuerdo para regresar a Tawergha que luego podría facilitar la reconciliación", aclaró en compañía del ministro del gobierno local Badad Qansu, primer funcionario libio en visitar este campamento.

"Pensaba que la situación en este lugar era mejor. Podemos ver claramente que hay familias sin techo", lamentó el ministro y prometió ayudas, además de desbloquear lo antes posible la situación.

"Estamos decididos a garantizar un regreso a Tawergha sin derramamiento de sangre", prometió. "Veo su sufrimiento. Un poco de paciencia y estará todo solucionado", dijo el ministro. Pero un desplazado no tardó en reprochar: "Hemos sido pacientes durante mucho tiempo".