Los caballos saben leer el lenguaje corporal incluso de desconocidos

Imagen del experimento realizado en el que se puede ver a dos investigadoras mostrando las dos posturas. En ambas fotos la persona de la izquierda muestra postura de dominancia y la de la derecha de sumisión. Crédito: University of Sussex

A nadie le sorprenderá leer que los animales son capaces de reconocer la actitud con la que nos acercamos a ellos. Vaya, que la idea de que “los animales huelen el miedo” y sus variantes tiene algo de cierto. Aunque en el caso de los caballos, como demuestra un artículo reciente, no es que lo huelan. Simplemente, saben reconocer nuestra postura.

La comunicación no verbal, especialmente la postural – es decir, si la posición de nuestro cuerpo transmite agresividad, sumisión, miedo… – es muy necesaria para los animales. En muchas ocasiones, se trata de la única pista que tienen para determinar si un individuo de otra especie supone un peligro o no.

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Pero hasta ahora, sólo se tenía una ligera idea y basada en anécdotas, más que en estudios científicos rigurosos. Con esta idea en mente, un equipo de investigación ha tratado de determinar hasta qué punto es importante este tipo de comunicación en animales domesticados. Y han elegido el caballo como animal modelo, ya que es una especie con la que tenemos una larga relación, y donde las interacciones son muy importantes.

En la naturaleza los patrones posturales son muy reconocibles, y funcionan de un modo muy similar en todos los animales. Cuando un individuo quiere demostrar dominancia – bien agresividad o simplemente jerarquía – se “hincha”, muestra todo su tamaño. Traducido a humanos, hablaríamos de una persona con la espalda recta, los brazos separados del cuerpo y las rodillas bloqueadas. La postura sumisa sería la contraria, con los brazos pegados al cuerpo y las rodillas ligeramente dobladas, la espalda arqueada y la barbilla apuntando al suelo, pero sin mirar hacia abajo.

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Claro, que todo esto no serviría de nada si no se evitan otras pistas visuales, como por ejemplo enseñar los dientes o sonreir. Para evitarlo, durante el experimento los “entrenadores” llevaban la cara tapada con tela. Todo excepto los ojos, esencialmente para que pudiesen ver. Aún más, ya que para evitar interferencias se escogió siempre a “entrenadores” del mismo género, talla y complexión similar.

Ya tenemos las alternativas, ahora hay que explicar el experimento. Y es muy sencillo, simplemente se dejaba escoger a los caballos de quién recibir la comida y observar su preferencia. Para que funcionase había que enseñar a los caballos que los humanos dan comida, lo que se hizo con personas mostrando una postura neutra.

Y vaya si tenían preferencia. El experimento se repitió en cuatro ocasiones, y en todas ellas se demostró que los caballos prefieren ser alimentados por alguien en postura sumisa. El término puede resultar equívoco, ya que los investigadores interpretan que los caballos lo que buscan es alguien que no suponga un peligro.

Con estos resultados quedan claras varias cosas. Las principales, que tenemos que ser muy conscientes de nuestra postura – nuestra comunicación corporal – cuando nos acerquemos a un animal. Y que no siempre mostrar dominancia es la mejor opción cuando se trata de establecer relaciones con miembros de otra especie.

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