Los buscavidas de las playas gambianas que ganan más dinero que un medico

Javier Taeño

La imagen se repite por doquier en la costa gambiana. Largas hileras de hamacas en paradisíacas playas de arena fina y agua transparente ocupadas por turistas europeos -principalmente holandeses, alemanes y británicos-, que acuden al país atraídos por sus ventajosas condiciones (seguridad, bajos precios y buen tiempo). Muy cerca de ellos, siempre pendientes de cualquier movimiento, están los locales, que intentan ganar un dinero extra al calor de los euros extranjeros ofreciendo sus servicios como guías, conductores o simplemente con su música.

Un buen ejemplo es African Melody Band, un grupo de cinco guineanos que hace un lustro abandonaron su Conakry natal y se embarcaron en un viaje a través de Guinea Bissau y Senegal con destino a Gambia. Partieron sin dinero, dejando atrás a sus familias y con la única compañía de sus instrumentos.

Los African Melody Band posan en la playa (Foto: Alba Alserawan).

“No hay turistas en nuestro país y no hay ninguna oportunidad. Vinimos aquí porque hay muchos extranjeros. Tocamos todo el día: desde las 10 de la mañana hasta las 14 horas y desde las 17 horas hasta que anochece, cuenta Mohamed, de 31 años y cantante del grupo.

Todos ellos tienen otras profesiones (peluquero, carpintero o albañil), pero ganan mucho más dinero con sus canciones en la playa -gracias a las propinas extranjeras- que lo que reciben con esos empleos en su país natal o en la propia Gambia. Normalmente se embolsan entre 1000 y 2000 dalasi diarias (entre 20 y 40 euros que reparten entre los cinco). Al mes consiguen de promedio unas 100.000 dalasi (200 euros), mientras que el sueldo de un policía (20 euros al mes) o el de un médico de un hospital público (entre 40 y 60 euros al mes) es sensiblemente inferior. Gambia es un país de contrastes y sorprendentemente la playa ofrece más oportunidades de sobrevivir que un empleo en la administración pública.

“Una de las prioridades de la nueva Gambia debe ser mejorar el sueldo de los doctores y los enfermeros, especialmente en el sector público. No puede ser que un médico solo gane 2.000 dalasi al mes porque entonces todos los doctores se van al sector privado que paga mucho más, relata Fatou Gaye, doctora de la clinica Sheikh Tihami Ibrahim Nyass en Kunkujang.

A pesar de todo, la vida del grupo no es nada sencilla; en Gambia también tienen que afrontar el alquiler de un piso y la alimentación, y además parte del dinero que ganan lo envían a sus familias en Guinea. “Mi madre murió y mi padre está enfermo. La situación allí es mucho peor, por lo que cuando tenemos meses buenos les mandamos dinero”, prosigue Mohamed.

Antes de caer el sol, el grupo sigue su ruta por los bares que están pegados a la playa y en uno de ellos encuentran a varios turistas europeos de avanzada edad que se ponen a bailar el Guantanamera. Junto a ellos, Amstrong, un veterano camarero, también mueve el esqueleto a la espera de una buena propina por hacerles pasar un buen rato.

Las paradisíacas playas gambianas (Pinterest).

“Me hace feliz estar con la gente. Desde octubre a mayo gano un buen dinero. Mi jefe me paga 800 dalasi al día (16 euros), pero gracias a las propinas mi sueldo es mucho más alto. Ya llevo aquí 17 años”, relata con una sonrisa.

Este veterano de la playa era pescador, pero el dinero escaseaba y no lo dudó cuando su actual jefe le ofreció el puesto. Vendió su bote y ha estado prácticamente las dos últimas décadas sacando una sonrisa –y algo de dinero- a los turistas.

Hay otras formas de ganar un buen dinero

Un simple paseo junto a la costa también muestra otra forma de ganarse la vida. Jóvenes y musculosos gambianos pasean de la mano con extranjeras maduras. Son los conocidos popularmente como bumsters; muchachos que prestan sus servicios sexuales a mujeres de avanzada edad a cambio de dinero y regalos. Gracias a estas señoras pueden incluso llegar a comprarse una casa o un coche en un país en el que el 48,4% de la población vive en la pobreza, según los datos del Banco Mundial

“Los touroperadores avisan a los extranjeros de que no se acerquen a nosotros. Ahora se creen que todos somos bumsters, pero hay mucha gente que se gana aquí la vida honradamente”, se queja Amstrong.

“A mí ha habido varias mujeres que me han ofrecido dinero por tener sexo con ellas, pero eso va en contra del Islam, yo estoy casado y siempre he dicho que no”, relata.

Junto a él, los African Melody Band asienten silenciosamente con la cabeza hasta que Omar, otro de los miembros del grupo, lo corrobora: “A nosotros a veces no nos dejan tocar en los locales porque se creen que somos bumsters. Lo único que queremos es enseñar nuestra música y nuestra cultura”.

El sol se oculta y los turistas extranjeros abandonan la playa y se dirigen a sus habitaciones. Mientras tanto, los buscavidas hacen balance de cómo se ha dado el día y reparten las ganancias.

Las últimas semanas han sido duras por culpa de la política. Yahya Jammeh, el dictador que gobernó el país los últimos 22 años, cayó derrotado en las elecciones, pero se negó a abandonar el cargo, lo que provocó una gran presión internacional sobre Gambia e hizo que los Gobiernos europeos pidieran a sus ciudadanos no viajar al país.

La gente aclama a Adama Barrow (Reuters).

Finalmente, la mediación de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental), liderada por Senegal, posibilitó la marcha del tirano y la llegada de la democracia, algo que los inquilinos de la playa ahora celebran. “Es una nueva Gambia”, proclaman, esperanzados con que el nuevo Gobierno, liderado por Adama Barrow, traiga mejores sueldos y así no tengan que ir cada día a la playa a intentar ganarse la vida gracias al dinero de los turistas.

Javier Taeño (@javiertaeno)-Banjul (Gambia)

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