Un nuevo estudio afirma que los animales pueden predecir terremotos

Javier Peláez
·7 min de lectura
Un nuevo estudio asocia comportamientos anómalos de determinados animales con señales precursoras de terremotos
Un nuevo estudio asocia comportamientos anómalos de determinados animales con señales precursoras de terremotos

Desde la antigüedad, se han descrito infinidad de comportamientos atípicos de numerosos animales antes de terremotos o erupciones, incluso se conservan textos de naturalistas históricos, como Davies o Humboldt, que los calificaban como “aberrantes o extraños” antes de desastres naturales. En nuestros días, el cine, las series, la literatura, pero también la cultura popular y la experiencia acumulada han extendido la idea de que ciertos animales pueden sentir determinados fenómenos naturales antes de que lleguen a producirse.

No sería una idea descabellada, al fin y al cabo un terremoto es un evento que implica numerosas causas y efectos precursoras o desencadenantes, y no resultaría excesivamente extraño que algunas especies pudieran detectar algunas de ellas. Sin embargo, la búsqueda de esos patrones que permitan afirmar que los animales pueden detectar terremotos antes de que sucedan, ha sido hasta ahora una labor sin solución. Los estudios en esta materia se han sucedido durante décadas sin obtener resultados concluyentes.

En el último siglo los científicos han trabajado, de mil y una maneras, en este campo, analizando anomalías en la química del agua, como variaciones del contenido de cloruro, gas radón o dióxido de carbono, que podían interpretarse como señales precursoras de terremotos, estudiando también los gases liberados antes del evento y, por supuesto, analizando los patrones de comportamiento de determinadas especies animales cercanas a los epicentros. Los vulcanólogos y sismólogos saben que existen esas “señales precursoras”, un fenómeno tan importante como un terremoto no surge de la nada, sino que se origina por la suma de otros factores anteriores… la cuestión es que aún no contamos con los conocimientos o las tecnologías necesarias para detectarlas y anticiparnos al evento.

La idea extendida de los animales y su capacidad para sentir esas señales antes del terremoto ha sido una cuestión desalentadora durante décadas. A pesar de las numerosas experiencias personales, de los mitos, cuentos y hasta leyendas, ningún estudio había podido encontrar pruebas evidentes de que determinados animales pudieran presentir la llegada de un terremoto. Por eso resulta tan interesante la publicación, hace tan solo unos días, de uno de los mayores estudios realizados hasta la fecha y cuyas conclusiones abren una puerta fascinante.

El artículo publicado lleva el jugoso título de “Posible pronóstico de terremotos a corto plazo mediante el monitoreo de animales de granja” y se trata de un proyecto de cooperación internacional del Instituto Max Planck y la Universidad de Konstanz, en el que han analizado el comportamiento de diferentes especies de animales ante miles de terremotos y microterremotos, durante un plazo de algo más de año y medio.

18.000 terremotos y 13 animales sensibles

Para analizar el comportamiento de los animales ante terremotos, la opción más evidente y práctica era realizar el seguimiento en una región propensa a estos eventos, por lo que los investigadores se trasladaron hasta una granja en Italia, en la activa región de L’Aquila, donde acoplaron diferentes sensores de movimiento y acelerómetros a los collares de varios animales como vacas, ovejas y perros que, según sus dueños, ya habían mostrado un comportamiento inusual antes de los terremotos.

A continuación los investigadores registraron los movimientos de estos animales durante varios meses. Durante ese tiempo, las autoridades informaron de 18.000 terremotos en esa región, la mayoría pequeños y apenas perceptibles, pero también se produjeron una docena de terremotos de magnitud 4 o superior en la escala de Richter.

Los investigadores analizaron el comportamiento de diferentes especies de animales en granjas situadas en una región italiana con alta actividad sísmica | Imagen Wikelski, Martin, et al
Los investigadores analizaron el comportamiento de diferentes especies de animales en granjas situadas en una región italiana con alta actividad sísmica | Imagen Wikelski, Martin, et al

El siguiente paso fue descartar los terremotos que sucedieron demasiado lejos de las granjas o que no tenían una magnitud suficiente para desencadenar movimientos de tierra relevantes, para el estudio tan solo seleccionaron los eventos con epicentros a una distancia de hasta 28 kilómetros y con suficiente fuerza como para ser perceptibles. Una vez, seleccionados los terremotos más importantes cerca de los animales, llegaba el punto más difícil de la investigación: determinar qué movimientos de esos animales eran inusuales y tenían lugar antes de los terremotos. “Debido a que cada animal reacciona de manera diferente en tamaño, velocidad y según la especie, fuimos muy cautelosos y utilizamos criterios estadísticos objetivos”, explica Martin Wikelski, uno de los autores del trabajo. “De esta manera, nos aseguramos de que no solo establezcamos correlaciones retrospectivas, sino que también tengamos un modelo que pueda usarse para las predicciones”.

Los investigadores descubrieron patrones de comportamiento inusuales hasta 20 horas antes de un terremoto. "Cuanto más cerca estaban los animales del epicentro del choque inminente, antes cambiaban su comportamiento. Esto es exactamente lo que cabría esperar cuando los cambios físicos ocurren con mayor frecuencia en el epicentro del inminente terremoto y se debilitan al aumentar la distancia. Sin embargo, este efecto fue claro solo cuando los investigadores observaron a todos los animales juntos: en conjunto, los animales parecen mostrar habilidades que no se reconocen tan fácilmente a nivel individual".

Para comprobar su modelo, los investigadores esperaron pacientemente y finalmente consiguieron lo que buscaban: “Los movimientos de los collares mostraban una advertencia y, efectivamente, tres horas después, un pequeño terremoto sacudió la región. Resultó que el epicentro estaba casi debajo de los establos de los animales”, señala Wikelski.

Las conclusiones del estudio son muy interesantes: “la actividad animal, medida continuamente, nos ha permitido afirmar que los animales reaccionan, de manera colectiva, a los terremotos. Encontramos además actividad anticipatoria constante antes de los terremotos durante los momentos en que los animales estaban en un edificio (estable), pero no durante su tiempo fuera, al aire libre. Detectamos estos patrones anticipatorios no solo en períodos con alta actividad, sino también en períodos de baja actividad sísmica. Los tiempos de anticipación de terremotos (de una a veinte horas) dependen de la distancia entre la granja y los hipocentros de terremotos. Nuestro estudio sugiere que el registro biológico continuo de los colectivos de animales tiene el potencial de proporcionar patrones estadísticamente confiables de actividad pre-sísmica que podrían proporcionar información valiosa para la predicción de terremotos a corto plazo”.

Actividad de los animales en relación con los terremotos desde 29 octubre hasta el 06 noviembre 2016 | imagen Wikelski, Martin, et al.
Actividad de los animales en relación con los terremotos desde 29 octubre hasta el 06 noviembre 2016 | imagen Wikelski, Martin, et al.

Esto abre una puerta realmente fascinante, aunque muy difícil de aprovechar o llevar a la práctica, como los propios autores reconocen. Para poder utilizar estos improvisados ayudantes necesitaríamos contar con tres elementos, casi imposibles de reunir:

1) Las señales precursoras deben poder ser percibidas por los animales (es decir, deben producirse cerca de los establos, y en las circunstancias que describe el artículo: movimientos colectivos, en lugares cerrados, monitorización constante, etc…)

2) Los animales deben responder a esas señales precursoras mostrando patrones de comportamiento “medibles, cuantificables y comprobables”, algo que parece francamente difícil y que depende de elementos aún desconocidos en cada especie.

3) Estos patrones de comportamiento deben detectarse y distinguirse claramente en el contexto del comportamiento regular.

Cuando aparece un artículo científico con grandes conclusiones e importantes consecuencias, siempre suelo terminar el texto advirtiendo que es solo un estudio y que se necesitan más investigaciones para confirmar estos descubrimientos. En este caso, además de esos estudios más profundos y detallados, necesitaríamos incontables elementos, aplicaciones, sensores y tecnologías para poder siquiera acercarnos un poco a sacarle partido en el mundo real. Monitorizar los movimientos de millones de animales, repartidos por todo el mundo y utilizar potentes algoritmos que diferencien esos comportamientos anómalos, y que sean capaces de asociarlos con un futuro terremoto… no parece un sistema demasiado práctico.

En definitiva, si las conclusiones de este estudio se confirman estaremos en disposición de afirmar que, bajo circunstancias muy específicas, la conducta de ciertos animales, analizada en conjunto y en espacios abiertos, sí puede anticipar determinados terremotos… aunque será muy difícil que podamos utilizar esta capacidad en la vida real.

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Referencias científicas y más información:

Wikelski, Martin, et al. “Potential Short-Term Earthquake Forecasting by Farm Animal Monitoring”. Ethology. Wiley Online Library, DOI:10.1111/eth.13078.

University of Konstanz “The sixth sense of animals: an early warning system for earthquakes?