Lorca y Falla: centenario de un encuentro con el cante jondo

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<span class="caption">De izquierda a derecha: Francisco García Lorca, Antonio Luna, María del Carmen de Falla, Federico García Lorca, Wanda Landowska, Manuel de Falla y el doctor José Segura en Granada en 1922.</span> <span class="attribution"><a class="link " href="https://www.manueldefalla.com/es/imagenes/galeria-granada-1919-1939" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Fundación Archivo Manuel de Falla, Granada, 2013.">Fundación Archivo Manuel de Falla, Granada, 2013.</a></span>
De izquierda a derecha: Francisco García Lorca, Antonio Luna, María del Carmen de Falla, Federico García Lorca, Wanda Landowska, Manuel de Falla y el doctor José Segura en Granada en 1922. Fundación Archivo Manuel de Falla, Granada, 2013.

A principios de la década de 1920, Manuel de Falla y Federico García Lorca unieron sus voces en una empresa cultural que representó un hito en la vida intelectual española de la época con la convocatoria en junio de 1922 de un certamen al que denominaron I Concurso de Cante Jondo.

Inicialmente contaron con la ayuda del Centro Artístico y Literario de Granada, y gracias al gran empeño que pusieron lograron el apoyo final de destacados intelectuales y artistas de la época. De este modo, un acto relativamente pequeño en su origen tuvo finalmente una gran repercusión, especialmente significativa para la consideración posterior del flamenco como estética de indudable trascendencia cultural.

En la convocatoria del concurso ambos artistas alertaban del supuesto peligro que corría la tradición de lo que denominaban Canto Primitivo Andaluz y que llevó a Lorca a exclamar: “¡Señores, el alma música del pueblo está en gravísimo peligro!”. Falla consideraba que “este tesoro de belleza no sólo amenaza ruinas, sino que está a punto de desaparecer para siempre”.

Encuentro en Granada

Granada, un icono de la españolidad a nivel internacional desde el siglo XIX, era un polo cultural importante. Manuel de Falla se había instalado en la ciudad andaluza en 1920. “Cada día estoy más contento de haberme ido a vivir a Granada. Esto, sobre lo mucho que me gusta, es muy sano y alegre”, escribía en una carta al director de orquesta suizo Ernst Ansermet.

El compositor era ya un artista maduro, consagrado a nivel internacional, así que su encuentro con el joven Lorca, de apenas 22 años, tuvo un marcado carácter intergeneracional. El poeta, con gran afición a la música, sentía un interés especial por el folklore: de ello dejó constancia años más tarde, por ejemplo, con sus famosas grabaciones acompañando al piano a La Argentinita en las canciones populares por él recopiladas.

Ambos artistas sintonizaron muy bien y pronto se unieron para impulsar este concurso desde una ciudad convertida en espacio mítico, una Granada evocada y soñada por los más destacados pintores y músicos, aunque muchos, como Debussy, no la conocieran más que por referencias.

El concurso reflejó el interés tanto de Falla como de Lorca por el flamenco, que se ve en diferentes creaciones de ambos artistas: basta recordar El amor brujo o el Poema del cante jondo.

El ideario de la convocatoria consideraba que la profesionalización del flamenco, en el fondo origen del reconocimiento del género como tal, era sin embargo un factor negativo a la hora de preservar su pureza. Por eso el certamen no se abrió a la participación de profesionales, sino que se quiso premiar a los que destacaran como transmisores de un tesoro popular ancestral no contaminado por el flamenquismo de los escenarios, que en cierta forma estaba acabando con su prístina belleza.

En cierta forma, el concurso planteaba la búsqueda de la pureza en la tradición como base ideal para el lenguaje de la vanguardia, un espíritu claramente reflejado en el famoso cartel anunciador del evento, firmado por el pintor Manuel Ángeles Ortiz. Se trataba de un debate muy prsente en la creación contemporánea del primer tercio del siglo XX.

Punto de encuentro

La convocatoria contó con el apoyo entusiasta de amigos como Miguel Cerón o Fernando de los Ríos, político que representaba una clara sinergia con el pensamiento regeneracionista en el que en buena medida se circunscribía la idea.

El certamen había levantado cierta controversia y algunas críticas en la prensa tras su anuncio, acusado de buscar la fácil españolada. Sin embargo, pronto reconocidos artistas e intelectuales del momento, como Joaquín Turina, Óscar Esplá, Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol, Edgar Neville, Conrado del Campo, Juan Ramón Jiménez, Adolfo Salazar, Manuel Machado y Azorín, entre otros, ofrecieron su apoyo.

La vida cultural granadina reflejó la afluencia de muchos artistas que fueron acercándose en plenas festividades del Corpus Christi, fechas escogidas para el concurso. Así, hubo actuaciones de Antonia Mercé, la Argentina, seis conciertos de la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Fernández Arbós y dos recitales de Andrés Segovia. En uno de ellos, el guitarrista interpretó el Homenaje a Debussy, obra recientemente compuesta por Manuel de Falla, que según la prensa “gustó tanto que Segovia la volvió a tocar al final del programa”.

Grandes del flamenco

El concurso se celebró las noches del 13 y 14 de junio. Ramón Gómez de la Serna fue el cronista de excepción que presentó el acto. Se contó para la ocasión con la asistencia de las más importantes figuras del flamenco, en una época especialmente brillante de su historia: estaban la Niña de los Peines, Ramón Montoya, Juana la Macarrona, Manolo de Huelva, Manuel Torre y, como presidente del jurado, don Antonio Chacón, figura excepcional de la historia del cante.

Por esa especial filosofía invocada por los organizadores, y quizás por exceso de purismo en magnificar las raíces populares como principio salvador del cante, el jurado declaró desierto el premio especial.

Diego Bermúdez el Tenazas consiguió el premio Zuloaga. Manuel de Falla logró que unos meses más tarde el veterano cantaor grabara en Madrid unos discos de pizarra, único testimonio que tenemos actualmente de su cante. Entre los premiados también figuró un jovencísimo Manolo Caracol, que con trece años empezaba así su extensa carrera.

Muchas fueron las crónicas publicadas en la prensa de la época, como la famosa entrevista que el reconocido caricaturista catalán Luis Bagaría le realizó a don Antonio Chacón para el periódico La Voz.

También el cineasta y escritor Edgar Neville se despedía en la prensa de aquellos intensos días diciendo: “Hemos visto con admiración cómo el cartel anunciador del Concurso de Cante Jondo, con su viñeta ultramoderna, campeaba en todas las esquinas, y era contemplada con el mismo respeto y admiración por el público como si se tratase de algún dibujo de sabor clásico”. Años más tarde, Neville realizaría Duende y misterio del flamenco, gran clásico del cine español e innovador largometraje documental sobre el género.

Tras el concurso, Manuel de Falla inició un nuevo camino estético y se olvidó del flamenco como elemento inspirador en su obra. Pero esa conexión que la convocatoria señaló entre tradición y modernidad fue fundamental para muchas de las iniciativas que en años posteriores protagonizaron la vida cultural española, como las Misiones Pedagógicas y La Barraca, y sirvió además para focalizar el interés del mundo intelectual por la riqueza y vitalidad creativa del flamenco.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ana Vega Toscano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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