Logran que los ratones vean en infrarrojo ¿seremos los siguientes?

Imagen del personaje de Terrytoons Super Ratón. (Crédito imagen Wikipedia).
Imagen del personaje de Terrytoons Super Ratón. (Crédito imagen Wikipedia).

Cuando yo era crío veía en televisión las hazañas (en dibujos animados) de un roedor sumamente poderoso al que llamábamos Super Ratón (Mighty Mouse en inglés). Aquel simpático personaje de Terrytoons (en realidad una parodia de Superman) volaba y era fuertísimo, aunque al menos en un episodio demostró tener “visión de rayos X”.

Hoy he vuelto a acordarme de él, porque tras leer lo que ha hecho un grupo de científicos chinos su existencia me parece más creíble. Super Ratón ha abandonado el mundo de la animación para llegar a los laboratorios, aunque al contrario que el dibujo animado su poder es más contenido. No vuela, no es súperfuerte y no tiene visión de rayos X… lo suyo es más la visión infrarroja. La misma cualidad que permitía a Predator cazarnos de noche como si fuera un búho, observando el rastro de radiación que emite nuestra temperatura corporal.

Vamos al grano. Un grupo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnológica de China, en colaboración con investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts, acaba de desarrollar una “nanopartícula ocular” que, una vez inyectada en el interior del ojo de un ratón, logra adherirse a las células retinianas fotorreceptoras (los famosos conos y bastones) aumentando el espectro de la luz perceptible.

Los ojos de los ratones (como los de los humanos) solo pueden percibir la “luz visible”, lo cual es sólo una pequeña porción del espectro electromagnético. Lo normal es que nuestros ojos respondan únicamente a longitudes de onda entre los 400 y los 700 nanómetros. Por encima de esos 700 nanómetros, la radiación es “invisible” para nosotros, y a esa franja la llamamos infrarrojo. Si siguiéramos alargando la longitud de onda llegaríamos a las microondas, pero esa es otra historia.

Bien, para permitir que los ratones del experimento pudieran ver la radiación infrarroja, los investigadores chino-estadounidenses desarrollaron una nanopartícula capaz de cambiar la onda de luz entrante (a 980 nanómetros) a una longitud de onda perceptible por las células del ojo (535 nanómetros).

Nanopartículas (puntos blancos) adhiriéndose a los bastones – izquierda – y conos – derecha – en los fotorreceptores del ratón. (Crédito imagen: Ma et al./ Current Biology).
Nanopartículas (puntos blancos) adhiriéndose a los bastones – izquierda – y conos – derecha – en los fotorreceptores del ratón. (Crédito imagen: Ma et al./ Current Biology).

Por lo que puedo leer, una vez emplazadas en la retina las nanopartículas actúan esencialmente como un transductor o convertidor para luz infrarroja. Son estas nanopartículas las que detectan las longitudes de onda más largas (infrarroja) y las transmiten luego a las células en forma de longitudes de onda más cortas, ya dentro del rango de la luz visible. De este modo, los ratones pueden detectar la luz infrarroja – antes invisible – en forma de un fulgor verdoso.

¿Cómo saber que en efecto los ratones ven esa luz? Bien, basta con evaluar sus pupilas, ya que cuando se las expone a la luz estas se contraen para regular el caudal de luz entrante al interior del ojo. Si las nanopartículas funcionaran, los científicos deberían poder exponer el ojo a longitudes de onda antes invisibles, y aún así observar la contracción de la pupila. ¡Eureka! Funcionó.

Pero hubo más, el equipo responsable del hallazgo (que por cierto acaba de patentar la tecnología) sometió a sus súper ratones a varias pruebas de laberintos de agua. La idea era determinar si los ratones podían observar la luz infrarroja y ayudarse de ella para detectar una plataforma oculta. Primero entrenaron a los ratones para asociar un patrón de luz infrarroja con la plataforma, y luego hicieron pruebas con ellos y con ratones no inyectados.

¿Resultado? Los ratones “mejorados” ocularmente encontraban la plataforma en un 80% de los casos incluso en la oscuridad. Los ratones no tratados la encontraban en el 50% de los casos.

Antes de que los animalistas pongan el grito en el cielo, debo decir que los científicos afirman que las inyecciones no afectaron a la visión normal de los ratones, y que 10 semanas después no se observaban efectos secundarios. No hubo daños a largo plazo.

La pregunta que se hace mucha gente ahora es ¿servirá con los humanos? No ya para conseguir que veamos en la oscuridad, sino como forma de ayudar a personas con problemas de visión, especialmente a los casos severos de daltonismo.

En Gizmodo, consultaron a un experto al respecto (Vladimir J. Kefalov, profesor de oftalmología en la Universidad Washington de Saint Louis). Esto fue lo respondió:

“Dado que el método se basa en la capacidad innata de los fotorreceptores para detectar y amplificar señales de luz, la aplicación de este método para superar funciones defectuosas de los fotorreceptores va a requerir que se desarrollen pasos adicionales más allá de permitir la detección de luz fuera del rango visible”.

Resumiendo, Kefalov no lo ve tan claro aunque es un buen punto de partida. Obviamente pasará mucho tiempo antes de que veamos experimentos así en humanos. ¿Decepcionado? Siempre puedes comprarte un equipo de visión nocturna.

El trabajo se ha publicado en la revista Current Biology.

Me enteré leyendo Cnet.

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