Lo absurdo y peligroso de mirar por encima del hombro a Fernando Simón

Carme Chaparro
·3 min de lectura

Sí, señoras y señores, Fernando Simón tiene razón. Necesitamos a los influencers. Y los necesitamos ya.

Hay una generación entera, por no decir dos, a la que tenemos que hablar de forma distinta. No escuchan a los popes de las tertulias políticas, ni a los del corazón. A ninguno. Y no lo hacen porque simplemente no saben quiénes son, no los ven, no existen.

Su mundo es diferente y sus referencias y referentes son totalmente distintos a los nuestros. Y somos idiotas si queremos llegar a ellos como siempre.

Casi 40 millones de suscriptores ven fieles el canal de El Rubius, el tercero en español más seguido del mundo. (Photo by Robert Marquardt/Getty Images)
Casi 40 millones de suscriptores ven fieles el canal de El Rubius, el tercero en español más seguido del mundo.

Es una generación multipantalla, que cuando ve la televisión lo hace pegada a un móvil o una tableta porque para ellos lo más importante es la conversación paralela y simultánea en todas las plataformas y servicios de mensajería que utilizan.

Los referentes de nuestros hijos tienen millones de seguidores en las redes. Han salido de la nada para convertirse en estrellas mediáticas. (Jay L. Clendenin / Los Angeles Times via Getty Images)
Los referentes de nuestros hijos tienen millones de seguidores en las redes. Han salido de la nada para convertirse en estrellas mediáticas. (Jay L. Clendenin / Los Angeles Times via Getty Images)

Es una generación que si conoce a Fernando Simón es por lo que se dice en las redes de él, por los mini clips de video que se cuelgan y comparten, por los memes.

Es una generación que habla con frases cortas y emoticonos, saltando de video de Youtube a clip de TikTok a Reels de Instagram.

Una de las grandes influencers españolas, Dulceida, con su mujer.  REUTERS/Jon Nazca
Una de las grandes influencers españolas, Dulceida, con su mujer. REUTERS/Jon Nazca

Es una generación a la que le hemos recortado las expectativas de un futuro mejor que el de sus padres, una generación frustrada y enfadada, triste, precaria, una generación que no escucha a los popes de referencia del mundo exterior.

Parecemos haberlo olvidado, pero siempre ha sido así.

Cada vez que miremos a un Youtuber por encima del hombro estamos despreciando a nuestros hijos y perdiendo una manera de comunicarnos con ellos.

Por eso tiene razón Fernando Simón cuando les pide que colaboren con el gobierno para hacer llegar un mensaje claro de concienciación a los jóvenes. Porque sus referentes e influencers son esa montaña que va a ir a toda esa generación. Y si los instagramers cuelgan sus fotos con mascarillas -y no como las que estamos viendo este verano de fiestas y abrazos sin ellas-, o los youtubers se graban videos normalizándolas, o los TikTokers la incorporan a sus coreografías, os aseguro que habremos ganado mucho en la lucha contra el Covid.

Los adultos no nos hemos enterado, o no nos queremos enterar, y vamos por ahí con una soberbia y una prepotencia que lo único que hace es cortar los lazos con nuestros hijos y dejarlos solos en internet, a merced de cualquier desgraciado que quiera aprovecharse de ellos. Tratar de entender qué ven y cómo se comunican nos abre otras vías de diálogo, pero también nos hace entender los peligros que pueden correr y cómo atajarlos. ¿Habéis probado a decirle a vuestros hijos que os enseñen uno de sus videos de Tik Tok, o que os cuenten lo último que les ha llamado la atención en Reels? Sí, claro, cuando tienen ya 18 años no van a creerse de golpe que estamos interesados.

Y no digáis que esa generación es absurda y que menudos jóvenes que hemos criado, unos idiotas todo el día pegados a la pantalla sin hacer nada de provecho.

Vosotros también os cortasteis el pelo como los Beattles o lleváisteis las camisetas de los Stones, los vestiditos camperos de flores de las vacaciones de Carolina de Mónaco o los vaqueros de los grupos pop de los noventa.

Y también ignorasteis a los popes de vuestros padres y cambiásteis la radio musical por la MTV.

No luchéis contra los elementos. Aprovechadlos.