El municipio español rodeado completamente por Francia que ha tenido que aislarse aún más por el coronavirus

La crisis del coronavirus en Europa está afectando mucho a todo el continente. No solo en ciudades grandes, donde los casos se acumulan rápidamente, sino también en localidades más pequeñas, que también se han visto obligadas a salir de su normalidad habitual.

También le ha ocurrido a Llívia, un pueblo de la provincia de Girona que presenta una particularidad única en el país. Se trata de un exclave, es decir, pertenece a España, pero está separado físicamente del país. En su caso, esta pequeña localidad, de apenas 1.428 habitantes (año 2018), está rodeada completamente por territorio francés, aunque se encuentra muy cerca de la frontera española.

Llívia, el exclave español en los Pirineos (Getty Creative).

Esta curiosa situación se produce desde 1659 cuando se firmó el Tratado de los Pirineos entre España y Francia. Entonces, las autoridades españolas tuvieron que ceder a los vecinos galos 33 localidades de las comarcas del norte catalán, que hoy en día forman el departamento de los Pirineos Orientales.

No fue el caso de Llívia ni de su término municipal, que comprende los pueblos de Cereja y Gorguja, ya que el emperador Carlos V la había concedido el privilegio de ser villa previamente, por lo que se mantuvo bajo la Corona española y así ha permanecido hasta hoy en día.

Su emplazamiento excepcional, que obliga a pasar por Francia para acceder a la localidad, le dota de un cierto aislamiento natural en cualquier momento, pero que ahora, con la pandemia del coronavirus, es más pronunciado.

Cartel de bienvenida a Llívia (Getty Creative).

Pese a que la localidad no ha reportado oficialmente ningún caso hasta la fecha, lo cierto es que ha optado por limitar al máximo el acceso a ella. Lo ha hecho especialmente después de que en los primeros días del estado de alarma las autoridades constataran un aumento de llegadas de foráneos rumbo a sus segundas residencias en las que pasar el confinamiento.

Así, la Semana Santa suponía una nueva prueba de fuego y la decisión que tomó la localidad, así como otros pueblos de la Alta Cerdaña fue cerrar los accesos por carretera. En el caso de Llívia, todas las vías secundarias fueron clausuradas y solo se dejaron dos accesos principales que estaban controlados por los agentes de la policía.

Una forma clara de controlar los desplazamientos y evitar un mayor aumento de los contagios. Cabe recordar que tanto Francia como España son dos de los países más afectados del mundo por el COVID-19 y que ya suman miles de muertos por la enfermedad. De momento Llívia resiste a la pandemia.

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