Llevas bebiendo (casi todo) mal toda la vida

Beber es fácil. Beber bien ya es otra cosa. En muchas ocasiones, nos prestamos a disfrutar de un whisky o de un tequila, por poner solo dos ejemplos, sin pararnos a pensar dos veces sobre la forma correcta de disfrutarlos. Aquí van algunos de los errores más habituales que cometemos con las principales bebidas alcohólicas y, de paso, los consejos para disfrutar de ellas como es debido. Además, evitaremos beber más de la cuenta y acabar con una curda de impresión… Todo son ventajas.

El tequila, en chupitos, NO.

Tequila. Bebérselo en forma de shot es una barbaridad. El ritual de la sal y el limón tiene su sentido pero el tequila, especialmente el de buena calidad, ha de tomarse a sorbitos (a “besitos” como dicen los mexicanos). Es la mejor forma de asegurarnos que no lleguemos a una borrachera de época.

La tónica, servida con cuchara, puede quedarse sin burbuja.

Ginebra. Los rituales en torno al gin tonic han acabado perjudicando nuestra manera de disfrutar de esta bebida. Por ejemplo, servir la tónica dejándola correr por encima de una cuchara solo sirve para romper la burbuja y hacer que nuestra bebida se apague antes. Mejor dejarse de exhibiciones circenses.

Vino blanco. Solemos tomarlo a una temperatura excesivamente baja, lo que hace que muchas veces no seamos capaces de apreciar sus matices. En el caso de los vinos jóvenes la temperatura de servicio puede ser más fresca, pero con los que tienen más crianza es mejor sacarlo del frigorífico un poquito antes.

El vino tinto, no demasiado caliente, por favor.

Vino tinto. Otro problema de temperatura. Se suele explicar que se trata de una bebida que ha de tomarse a “temperatura ambiente”, pero esto nació en relación al ambiente, fresco y húmedo, de las bodegas. Si estamos a 30 grados en julio, mucho mejor tomar el vino tras haberlo dejado un ratito en la nevera.

No todas las cervezas se beben igual.

Cerveza. Esto va, sobre todo, por los españoles, acostumbrados a tomar las cañas a toda velocidad. Este modelo de consumo sirve para la lager, pero no para cervezas más complejas como la IPA o las de trigo, que suelen ser más complejas y alcohólicas, pensadas para ser degustadas de una manera más paciente.

El whisky, con mucha calma.

Whisky. Aquellos verdaderos aficionados al whisky de calidad jamás lo mezclan con refrescos de cola ni lo beben a toda velocidad. Tratan el whisky como la bebida compleja que es, tomándose su tiempo para disfrutar de todos sus matices. Es una bebida de sobremesa, y a veces nos olvidamos, tomándolo a golpe de cubata.

Sidra. Otra bebida que exige un ritual especial para poder apreciar todas sus propiedades. Al escanciarla a cierta altura sobre el vaso, el oxigeno del aire se mezcla con el carbónico de la sidra, permitiéndonos disfrutarla en su plenitud. Si la servimos de manera normal, nos perderemos la mayoría de sus valores.

 

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