Lenta carrera contrarreloj para desentrañar los secretos de un barco vikingo en Noruega

Pierre-Henry DESHAYES
·4 min de lectura
Restos de un excepcional barco-tumba vikingo visto desde la proa que está siendo excavado por arqueólogos en Walden, Noruega, el 22 de octubre de 2020, en una imagen proporcionada el 9 de noviembre de 2020 por el Museo de Historia Cultural noruego

Lenta carrera contrarreloj para desentrañar los secretos de un barco vikingo en Noruega

Restos de un excepcional barco-tumba vikingo visto desde la proa que está siendo excavado por arqueólogos en Walden, Noruega, el 22 de octubre de 2020, en una imagen proporcionada el 9 de noviembre de 2020 por el Museo de Historia Cultural noruego

Raspan el suelo centímetro a centímetro en busca de valiosos restos milenarios. Los arqueólogos noruegos, divididos entre el proceso minucioso y la urgencia por el avance de la humedad, tratan de exhumar un excepcional barco-tumba vikingo y hacer hablar a sus entrañas.

¿Quién está enterrado aquí? ¿Con qué ritual? ¿Qué queda de las ofrendas funerarias? ¿Qué cuenta de la sociedad que vivía aquí? Reducido a ínfimos fragmentos que al ojo profano no se distinguen de la turba que los recubre, el barco de una veintena de metros suscita muchos interrogantes.

Antes de que desaparezca totalmente bajo la voraz actividad de hongos microscópicos, los arqueólogos tratan de que entregue sus secretos.

Una tarea apasionante para aquellos que no habían encontrado ningún barco vikingo desde hace más de un siglo. La última vez, fue en 1904 cuando el barco de Oseberg emergió de la tierra, no lejos, al otro lado del fiordo.

"Tenemos muy pocos barcos-tumbas", explica la responsable de las excavaciones, Camilla Cecilie Wenn, del Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo. "Tengo muchísima suerte, pocos arqueólogos tienen una oportunidad como esta a lo largo de su carrera".

Bajo la gigantesca carpa gris y blanca plantada en pleno campo en una antigua necrópolis cerca de Halden, ciudad del sureste de Noruega, una decena de personas con chalecos fluorescentes, tumbadas o arrodilladas, auscultan la tierra.

La presencia de un túmulo cerca puso sobre la pista en 2018 a un grupo de expertos sobre la posible presencia de restos de un barco.

Cuando la retirada de las primeras capas de tierra dejaron a la vista la descomposición avanzada, las excavaciones se iniciaron sin demora.

- VIP vikingo -

Hasta ahora, solo se ha recuperado una parte de la quilla en un estado aceptable. Su análisis ha permitido fechar hacia los años 800, el periodo en que se izó el barco a tierra, se colocó en una fosa y se cubrió con tierra para convertirlo en una suerte de última morada.

¿Quién era? "Si le entierran con un barco, está claro que era uno de los VIP (persona importante) durante su vida", subraya Wenn.

¿Un rey? ¿Una reina? ¿Un jarl (noble)? La respuesta se encuentra quizá en unos huesos hipotéticos o en objetos --armas, joyas, recipientes, objetos-- que se solían llevar a la tumba en la época de los vikingos, entre mitad del siglo VIII y el XI.

Las diferentes alteraciones que ha sufrido el lugar han acelerado el deterioro del barco y han disminuido las posibilidades de encontrar sus reliquias.

A finales del siglo XIX, se destruyó el túmulo para ampliar la superficie agrícola, y al mismo tiempo se destruyó la parte superior de la embarcación y dañó lo que se piensa fue una cámara funeraria.

También es muy posible que la tumba del poderoso difunto haya recibido la visita de otros dignatarios vikingos, casi contemporáneos, que a lo mejor buscaban enriquecerse o consagrar, simbólicamente, su propio poder y legitimidad.

- Huesos de animales -

Hasta el momento, el botín de los arqueólogos es más bien modesto: muchos remaches metálicos, a menudo carcomidos por la corrosión, que permitían fijar los bordes, y algunos huesos.

"Estos huesos son demasiado grandes para ser humanos", dice Karine Fure Andreassen, inclinada sobre una gran forma ósea anaranjada. "Aquí no vemos a un jefe vikingo, desgraciadamente, sino un caballo o un bovino".

"Es una señal de poderío. Eran tan ricos que se podían sacrificar (animales) en la tumba", explica esta asistente de terreno.

Al lado de la carpa, Jan Berge, como si fuera un minero, pasa por el tamiz un montón de tierra con agua a presión, para poder encontrar quizás una pepita histórica. Esta esperanza se desvanece sin embargo un poco cada día.

"¿Encontrar una perla rara? Cada vez me cuesta más creerlo", dice este arqueólogo de la administración regional. "Lo más importante, sin duda, ya se lo han llevado. Y todo lo que era hierro u orgánico ha sido carcomido por el tiempo o ha desaparecido completamente".

No obstante, este barbudo con aires de falso vikingo no sucumbe al desánimo. "No trabajo en la caza de un tesoro", dice. "Lo que me interesa, es determinar lo que pasó aquí, cómo fueron los funerales, cómo interpretar lo que se hacía en la época".

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