La legionelosis en Argentina se cobra una sexta vida: ¿qué sabemos de esta enfermedad?

Después de semanas de incertidumbre, las autoridades argentinas confirmaron que la culpable de varios casos de neumonía en Tucumán es la bacteria Legionela. Casi una veintena de personas están afectadas por el brote y todos se encuentran relacionados con un mismo centro de salud. Esta bacteria no es nueva: se descubrió en 1976 y desde entonces se registran brotes de forma relativamente regular.

Desde el 18 de agosto, Argentina vivía con la incertidumbre. Varios casos de neumonía se habían registrado en un centro hospitalario privado de San Miguel de Tucumán, en el norte del país, pero no se sabía qué los estaba provocando. El pasado 3 de septiembre, las autoridades finalmente le pusieron nombre a la culpable: la bacteria Legionela.

A fecha del 6 de septiembre, seis personas han perdido la vida y 13 más se han visto afectadas por la legionelosis, nueve de las cuales se encuentran recuperándose en sus domicilios y cuatro siguen ingresadas. Dos de ellas se encuentran en estado grave.

El pasado fin de semana, la ministra de Salud argentina, Carla Vizzotti, aseguró desde San Miguel de Tucumán que el siguiente paso "es identificar si [la bacteria] está en el agua" con el objetivo de poder "volver a utilizar el centro de salud internando a personas sin ningún riesgo".

¿Qué es la legionelosis?

Hay cerca de 50 tipos de bacteria Legionela, pero solo la mitad aproximadamente pueden enfermar a los seres humanos. La más común es la Legionela pneumophila, la misma que se cree haber detectado en Argentina. La infección con la bacteria es lo que se conoce como legionelosis y su gravedad puede variar desde una fiebre parecida a un resfriado común hasta una neumonía grave en ambos pulmones.

El periodo de incubación de la enfermedad, es decir, el tiempo que pasa entre la infección y la aparición de los primeros síntomas, oscila entre los dos y los diez días, aunque algunas veces se han resgistrado periodos más largos. Inicialmente, la infección da señales con fiebre, tos o fatiga.

Es muy diferente si la persona afectada está inmunosuprimida o tiene algún problema de salud preexistente, especialmente enfermedades respiratorias. En ese caso, la mortalidad por legionelosis puede llegar a ser del 80%. Precisamente, los últimos dos fallecidos en Argentina eran de avanzada edad y tenían afectaciones previas. En cambio, con un buen manejo de la enfermedad y con un buen estado de salud, la mortalidad baja hasta el 10%.

La legionelosis no se contagia de persona a persona. La bacteria crece en el agua, especialmente en aguas estancadas donde pueda alimentarse de materia orgánica y con temperaturas relativamente altas. Por ejemplo, pueden crecer en humidificadores o tanques de sistemas de refrigeración industriales. Y a través de aerosoles, pequeñas gotas de agua, pueden contagiar a las personas. Es por eso que la mayoría de brotes suelen estar alrededor de un punto muy concreto, como ha sucedido con San Miguel de Tucumán.

¿Los brotes de legionelosis son comunes?

La bacteria se descubrió en 1976 a raíz de un brote de neumonía entre los veteranos de guerra de la Legión Americana, que se encontraban en una convención en Filadelfia, Estados Unidos. De hecho, de ahí viene el nombre de "Legionela" y "legionelosis".

Desde entonces, varios brotes suelen aparecer en diferentes lugares del mundo con una cierta regularidad. Por ejemplo, en Estados Unidos, según datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), se registran aproximadamente 10.000 casos anuales, una cifra que ha aumentado en las últimas dos décadas sin que los expertos encuentren una explicación clara.

Algunos casos son aislados y se controlan con facilidad; en otros casos, como sucedió en Nueva York en 2015, más de 80 personas llegaron a contagiarse en un solo brote. De hecho, se cree que muchos contagios ni siquiera aparecen en la vigilancia epidemiológica: un estudio de los CDC calculan que los casos reales podrían llegar a duplicar los que se conocen.

Es por eso que, aunque el brote de Argentina tiene la gravedad que se merece seis muertes, no augura una catástrofe: no se han diagnosticado casos nuevos, la bacteria que lo provoca es conocida y el mundo está acostumbrado a combatirla.