Lecciones de la erradicación de la viruela para la COVID-19

Javier Peláez
·4 min de lectura
Campaña de vacunación contra la viruela a principios del siglo XX
Campaña de vacunación contra la viruela a principios del siglo XX

Se han cumplido cuarenta años desde que la Humanidad consiguiera uno de sus mayores logros científicos. En 1980 se declaró oficialmente erradicada la viruela, una de las enfermedades infecciosas más terribles de la historia. Solo en el siglo XX, murieron más de trescientos millones de personas y los que conseguían sobrevivir, quedaban marcados de por vida. En 1966, la Organización Mundial de la Salud inició un programa a escala mundial para combatir la enfermedad y, en tan solo catorce años, alcanzó su asombroso objetivo. La viruela se convirtió en la primera y única enfermedad que hemos logrado eliminar por completo gracias a un esfuerzo colectivo sin precedentes, por lo que ahora muchos se preguntan… ¿Podríamos hacer lo mismo con la COVID-19?

Esta semana la revista The Lancet ha publicado un interesante artículo enumerando algunos de los factores más determinantes que nos llevaron a erradicar la viruela y cómo podrían ayudarnos con la pandemia actual. Por supuesto, el desarrollo de vacunas eficaces y seguras para hacer frente a la enfermedad será la principal herramienta para encarar este gigantesco desafío. Durante este 2020 hemos combatido al nuevo adversario sin contar con las armas adecuadas, pero afortunadamente este aspecto se empieza a solucionar y parece que las vacunas llegarán para ayudarnos a iniciar el proceso. Las campañas de vacunación, la vigilancia constante y las medidas de prevención emprendidas para contener los focos epidémicos, así como la mejor información suministrada a las poblaciones afectadas, fueron estrategias capitales para combatir la viruela hace cuatro décadas.

Documento oficial de la 33ª Asamblea Mundial de la Salud con el que anunciaba la erradicación de la viruela en 1980
Documento oficial de la 33ª Asamblea Mundial de la Salud con el que anunciaba la erradicación de la viruela en 1980

Toda esta infraestructura de vacunación global no servirá de mucho sin una buena planificación y colaboración, por eso el primer paso en este enorme desafío será alcanzar un compromiso político universal. La evolución de la pandemia de COVID-19 nos ha enseñado que solo estaremos seguros si conseguimos que otros países también lo estén. Lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, tarde o temprano nos afectará a nosotros y por ello la colaboración global debe ser absoluta. En aquella campaña (1966-1980) para erradicar la viruela la gran protagonista de esta cooperación global fue la Organización Mundial de la Salud y este es uno de los aspectos más destacados que deberíamos empezar a solventar. “El personal de la OMS no son simplemente asesores técnicos, con la viruela se convirtieron en ardientes defensores que dirigieron una campaña mundial mediante la creación de un programa específico y dirigido a objetivos claros”. El desprestigio que ha sufrido en estos últimos meses la OMS es un serio contratiempo, debemos recuperar su renombre, su autoridad científica y su liderazgo moral. Henderson lo explica claramente en una frase: “Los logros extraordinarios solo son posibles cuando los países de todo el mundo persiguen objetivos comunes dentro de la estructura proporcionada por una organización internacional común. La OMS desempeñó este papel en la erradicación de la viruela”.

El objetivo final, evidentemente, era eliminar la enfermedad, pero a lo largo del camino se pusieron en marcha objetivos secundarios y, junto con el plan global, se llevó a cabo una eficaz gestión descentralizada con programas nacionales o regionales específicos. Se establecieron certificados de erradicación, otorgados por comisiones internacionales independientes, que aseguraban los progresos y daban confianza a los diferentes países y regiones.

Y por supuesto… información de calidad. Es otro de los grandes obstáculos a los que debemos enfrentarnos en la actualidad. Hace cuarenta años la llegada de vacunas a cualquier rincón del mundo se consideraba como un logro común, todos querían y luchaban para que las campañas llegasen a su región. Hoy, la desinformación, los grupos de presión anticientíficos y la excesiva influencia de los colectivos antivacunas representan quizá el mayor obstáculo. “Resulta sorprendente que tengamos que aprender estas lecciones una y otra vez”, afirma la doctora Rochelle Walensky que ha sido elegida recientemente por Joe Biden para liderar los muy erosionados Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. “Junto con las decisiones científicas y de salud, deberemos estar atentos a la adopción constante de intervenciones no farmacéuticas. La actual obsesión por la eficacia de las vacunas es comprensible, pero es probable que en el futuro tengamos que hacer frente a desafíos más importantes como el sistema de distribución, el ritmo de implementación, la cobertura que seamos capaces de desplegar en el mundo y, por supuesto, extender información sobre salud de manera rigurosa, eficaz y unificada a la población”.

En los próximos años, seguramente décadas, comprobaremos si la Humanidad puede repetir la hazaña lograda con la viruela o si, por el contrario, la COVID-19 se convierte en una lacra con la que tendremos que convivir… pero es importante y esperanzador ser conscientes de que contamos con las herramientas y el conocimiento necesario para conseguirlo.

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Referencias científicas y más información:

Horton, Richard. “Offline: The Lessons of Smallpox Eradication for COVID-19”. The Lancet, vol. 396, Diciembre de 2020, p. 1951. DOI:10.1016/S0140-6736(20)32713-6.