Le Pen y Macron, dos candidatos opuestos que prometen un cambio en Francia

Por Béatrice LE BOHEC
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Carteles electorales de los candidatos presidenciales Emmanuel Macron, del movimiento '¡En Marcha!', y Marine Le Pen, del Frente Nacional, en un almacén de Gonesse, al norte de París, el 26 de abril de 2017

Aunque ambos se disputan el término "patriota" y se presentan como "el candidato de la renovación" política en un país ávido de cambio, el europeísta Emmanuel Macron y la nacionalista Marine Le Pen proponen a los franceses un futuro diametralmente opuesto.

Macron, desconocido por el gran público hasta hace dos años, creó 'En Marcha!', para llevar a cabo la primera campaña electoral de su vida. Marine Le Pen, que heredó el partido Frente Nacional de su padre, ha personificado su propio movimiento, el 'Rassemblement Bleu Marine' ('Agrupación Azul Marina') para conquistar el poder.

En un país que atraviesa una crisis de identidad con una tasa de desempleo elevada y una amenaza terrorista latente como telón de fondo, ambos se reivindican como "patriotas".

Le Pen, una abogada de 48 años, afirma ser la candidata de los "patriotas contra los globalizadores".

Macron, un exbanquero de negocios de 39 años, se presenta como el "candidato de los patriotas contra los nacionalistas". Su lema: "¡Juntos, Francia!".

En sus mítines, sus partidarios ondean con entusiasmo la bandera francesa y el himno nacional (La Marsellesa) cierra sus discursos.

Ambos candidatos citan con frecuencia al general Charles de Gaulle, héroe de la resistencia francesa bajo la ocupación nazi, exaltan la historia de Francia, su cultura y sus glorias.

Y los dos llamaron a terminar con la alternancia en el poder entre las dos grandes familias políticas, los socialistas y los 'gaullistas', que dominan la política francesa desde hace más de medio siglo.

En la primera vuelta, el 23 de abril, causaron sorpresa al eliminar de la carrera presidencial a la derecha (Los Republicanos) y a la izquierda (Partido Socialista).

Ambos dicen ser 'antisistema' pero sus adversarios les reprochan lo mismo a los dos: ser 'herederos'. A Macron, le acusan de querer continuar con la política del gobierno socialista del que formó parte durante dos años y a Le Pen, de perpetuar la obra política de su padre.

- 'David contra Goliat' -

La eurodiputada, que tomó el testigo de su padre en 2011 a la cabeza del Frente Nacional, ha estado presente en la vida política francesa desde hace más de 15 años.

Formado en las grandes escuelas de la élite francesas, Macron dio sus primeros pasos en la política en 2012 como consejero del presidente socialista François Hollande, de cuyo gobierno se convirtió en ministro de Economía (2014-2016).

Mientras que Macron defiende una "Europa que protege", Le Pen quiere negociar con Bruselas la salida del espacio de Schengen y propone un referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea. Le Pen prohibiría el velo y el burkini en el espacio público, Macron no. La ultraderechista quiere abolir una ley que liberaliza el código de trabajo, Macron no.

En la campaña entre las dos vueltas, donde el tono subió un grado, Marine Le Pen dijo ser como "David contra Goliat", frente a un candidato apoyado por un "viejo frente republicano podrido".

Su rival prometió que no dejaría ni "un centímetro de espacio, ni un segundo de descanso, ni una onza de energía" a Marine Le Pen.

El discurso de Macron, que defiende el liberalismo económico y social, seduce sobre todo a los jóvenes urbanos, a las clases medias y a los círculos empresariales. El discurso antiinmigración y antieuropeo de Marine Le Pen atrae a las clases populares, a la población a rural, los olvidados de la globalización y capitaliza el hartazgo de los franceses víctimas de un desempleo endémico.

El ambiente en sus mítines también es totalmente diferente. Él defiende una "Francia abierta" a la que quiere devolver el "optimismo", ella promete responder al miedo vinculado a la inmigración, al islam y la seguridad para "defender a nuestra civilización".

Los partidarios de Marine Le Pen hablan de "demostraciones de fuerza", abuchean a sus adversarios y corean "estamos en nuestra casa". Emmanuel Macron, sin perder la sonrisa, ve en sus seguidores una "demostración de aspiración" y advierte a sus militantes: "Mis amigos, aquí no abucheamos a nadie".

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