Las últimas fotos de gente que se ha suicidado, y no son como esperamos.

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Cuesta imaginarlo, ¿verdad? Cuesta imaginar que ésta sea la última foto de Ciaran y que horas después se quitara la vida. Fijaos cómo sonríe, en el sofá, junto a su bebé. Parece real. Parece felicidad real. Una sonrisa de las que desbordan y contagian. Cuenta su familia que adoraba ser padre, que era divertido, sencillo, que le encantaba salir con los amigos a tomar algo y hacer reír a los demás. Tenía 28 años.

Pero la depresión no perdona.

Unas horas después, Ciaran se quitó la vida.
Unas horas después, Ciaran se quitó la vida.

¿Cómo creer también que esta es la última fotografía de Lanfranco y que horas después de cumplir su sueño, participar en el Triatlón de Londres, se quitara la vida? La imagen la tomó su hermano, Giancarlo, y lo que vemos es a alguien inmensamente feliz, orgulloso de haber logrado completar una de las pruebas deportivas más duras del mundo.

Y, sin embargo, algo estaba roto por dentro. Tras esa sonrisa de felicidad Lanfranco sólo pensaba en dejar de sufrir. A pesar de ser popular, de tener una pareja fantástica -lo cuenta su hermano-, multitud de amigos y estar estudiando para ser profesor de música, la vida era un infierno para él y sólo pensaba en abandonarla.

No parece un suicida, ¿verdad?

Lanfranco también se quitó la vida, esta es su última fotografía, tras participar en el Triatlón de Londres.
Lanfranco también se quitó la vida, esta es su última fotografía, tras participar en el Triatlón de Londres.

Un suicida no siempre parece un suicida. En España se suicidan más de diez personas al día. En el Reino Unido, casi el doble. Y de allí viene esta campaña, CALM -Campaing Against Living Miserably, Campaña Contra una vida miserable-, que muestra, gracias a la generosidad de sus familias, las últimas imágenes de personas que se han quitado la vida.

Ninguno parece un suicida, nadie da la sensación de que va a suicidarse en poco rato. Todas las fotografías son como tantas que vemos en las redes sociales.

Un disfraz. Una mentira.

Las redes nos obligan a aparentar, a fingir que todo está bien, que tenemos más dinero, más recursos y más felicidad de lo que realmente poseemos. Las redes nos obligan a poner filtros a nuestra vida. Mostramos pequeños rincones con el encuadre justo y los retoques justos para que parezcan lugares de ensueño y nosotros, allí, los reyes del mundo. ¿Cómo colgar una foto de la realidad, quejándonos de no ir de vacaciones o de ir al mismo sitio cutre de siempre, donde tienes que levantarte a las ocho y hacer cola para conseguir una tumbona en la piscina, donde escuchas a los vecinos de todas las habitaciones que hay alrededor y donde las vistas al mar son las del pequeño cuadro colgado sobre la tele? Si todo el mundo parece estar pasándoselo en grande -algunos incluso en un barco, ¿cómo es posible que tanta gente tenga barcos?- yo no puedo subir fotografías en las que se me vea agobiado o envidioso.

Lo mismo le sucede a alguien que desea quitarse la vida porque desea dejar de sufrir. ¿Cómo va a mostrarle al mundo la tristeza de su ansiedad?

Además, en el caso de la mayoría de suicidas, una vez tomada la decisión, una vez puestas fecha y hora, hay un pequeño periodo de felicidad, el suicida se libera. Sabe que su sufrimiento tiene un fin, una fecha, en tres cuatro días dejará de sufrir, y por eso parece que de repente se cure, y las familias respiran aliviadas. Pero no es así.

Todo el mundo puede parecer un suicida, porque el suicida es un maestro del engaño. Hablemos del suicidio. Eliminemos el tabú. Hagamos que la gente que está pensando en quitarse la vida no tenga vergüenza por ello.