Las tribulaciones del Banco Popular, aún aquejado por la burbuja inmobiliaria

Por Álvaro VILLALOBOS
Una sucursal del Banco Popular en Barcelona, el 29 de febrero de 2012

Dinamitado por unos activos inmobiliarios depreciados y con una dirección recién renovada, el Banco Popular trata de sacar la cabeza del agua con una próxima ampliación de capital que genera mucho escepticismo en España.

Desde que el nuevo presidente, Emilio Saracho, planteó el lunes la ampliación o la alternativa de una fusión, la acción de la entidad perdió en dos sesiones más de un 19% en la Bolsa de Madrid. Este miércoles, caía a media jornada un 1,50%, a 0,65 euros el título, un mínimo histórico.

El Popular es apenas la séptima entidad bancaria en España, aunque con una posición reseñable en tanto líder en el segmento de pequeñas y medianas empresas (pymes), con una cuota de mercado del 17,7% a finales de 2016.

Su negocio tradicional, los créditos a las pymes y particulares, es rentable, ya que el pasado año generó 1.200 millones de euros antes de provisiones. Pero el banco sigue arrastrando una pesada herencia de unos activos inmobiliarios depreciados a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria, en 2008.

Tanto es así que, en 2016, las provisiones, cercanas a 5.700 millones de euros, "se comieron" todo el beneficio, y la entidad registró una pérdida neta de 3.485 millones de euros.

"Es complejo valorar lo que tiene dentro de balance, sobre todo los activos improductivos ligados al sector inmobiliario, y creo que ése es el principal problema", comentó a la AFP Felipe López, analista de Selfbank en Madrid.

Según él, "hay cierto apetito por el sector bancario" europeo, a tenor de las recientes ampliaciones de capital efectuadas por Deutsche Bank (8.000 millones de euros) y el italiano Unicredit (13.000 millones). Pero otra cosa "es que haya apetito por el Banco Popular", matiza.

- Un banco "más ágil" -

Los tres aumentos de capital efectuados desde 2012 no lograron solucionar definitivamente las exigencias regulatorias de capital. Además, la semana pasada la entidad anunció un ajuste de sus cuentas de 2016 de 600 millones de euros, tras comprobarse en una auditoría que se habían subestimado ciertas provisiones vinculadas a créditos dudosos.

Ante esta tesitura, Saracho dijo el lunes que están "abocados a aumentar capital para continuar adelante", aunque de momento no se detallaron fechas, montos ni inversores.

Teniendo en cuenta la fuerte disolución sufrida por los accionistas con las tres últimas ampliaciones de capital, que sumaron 5.450 millones de euros, los analistas de Bankinter estimaron por su parte en una nota que para la próxima se solicitará "sólo a [inversores] institucionales".

"Es obvio que los inversores particulares ya no están dispuestos a poner más dinero" en una entidad que perdió en bolsa el 66% de su valor en los 12 últimos meses, añadió Bankinter.

Por su lado, el Gobierno español ha dejado claro que las inyecciones públicas de capital son cosa del pasado y que la solución del Popular debe ser "privada", como dijo este miércoles la secretaria de Estado de Economía, Irene Garrido.

Fuentes allegadas a la entidad dicen que el objetivo estratégico es poner a punto un banco "más sencillo y más ágil", y el propio Saracho llamó el lunes a "concentrar todos los esfuerzos" en el negocio con pymes y particulares.

El recentramiento del Popular en su negocio tradicional se está haciendo no obstante con cautela. De momento sólo hay órdenes de venta de dos activos no estratégicos, Total Bank (filial estadounidense participada al 100%), y el 49% que el Popular tiene en WiZink, un banco dedicado a comercializar tarjetas de crédito.

De esta forma, parece decidido a conservar en su perímetro al Banco Pastor, comprado en 2011, su filial portuguesa y su participación del 25% en el banco mexicano BX+.

Felipe López, de Selfbank, cree que en este proceso de ventas el Popular "está en una posición negociadora muy débil", porque "los compradores saben de la urgencia que tiene".

No obstante, apunta que su negocio tradicional saldría beneficiado merced a un próximo aumento de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo. López estimó en cualquier caso que los problemas del Popular son "un caso aislado" dentro de una banca española globalmente bien saneada.

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