Las Tres Mil Viviendas: números uno en pobreza, pero también en solidaridad

Los vecinos del barrio más pobre de España han luchado muy comprometidos contra el hambre durante el estado de alarma. “El hambre es más visible que el virus, por eso la gente le teme más”, explican

 

Voluntarios reparten alimentos en Las Tres Mil Viviendas. Foto Fernando Ruso


En las Tres Mil Viviendas se le teme más al hambre que al coronavirus. “El hambre se ve, el virus no”, razona Antonio, el director de Fundación Don Bosco, una de las entidades con más arraigo en el barrio más pobre de España. “A muchos vecinos les ha pillado el estado de alarma con el frigorífico vacío y sin dinero para llenarlo —explica—; porque aquí la gente trabaja en mercadillos, recogiendo chatarra o aparcando coches y, sin ingresos ni ayudas por desempleo, han sentido miedo a pasar hambre”.

El Polígono Sur, el barrio en el que se asientan las conocidas Tres Mil Viviendas de Sevilla, es el más pobre de España. Así lo dice, por cuarto año consecutivo, el informe de los Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE), enmarcados en el proyecto europeo Urban Audit sobre las condiciones de vida en las ciudades de la Unión Europea.

Según este estudio, los sevillanos tienen el dudoso honor de tener a seis barrios entre los de menor renta neta media anual por habitante de toda España. Al Polígono Sur, con 5.112 euros por persona, le sigue —otra vez— Los Pajaritos y Amate, con 5.516 euros de media.

Una usuaria en el centro Don Bosco de Las Tres Mil Viviendas. Foto Fernando Ruso

La situación no es nueva. No lo son las dificultades de encontrar empleo con el número 41013, el código postal de esta zona, en el currículum y tampoco lo son las colas a las puertas de los economatos, parroquias y asociaciones para recoger bolsas de comida con las que apaciguar el hambre.

 Una visita real, una realidad incómoda

 Pero el barrio que visitarán los reyes Felipe y Letizia el próximo lunes no es el barrio de las cifras que relata este reportaje. La crisis del coronavirus se ha cebado especialmente con el Polígono Sur, una zona de alcancías vacías y en el que el final de mes se antoja más lejano que la mismísima Laponia.

 “La gente del barrio ha sido muy cumplidora con el confinamiento”, remarca Antonio Mengual, director territorial de la Fundación Don Bosco y gran conocedor del barrio. “Eso sí, ha habido excepciones, como en todos lados”, justifica.

No esconde Antonio que las alarmas sonaron rápido entre las asociaciones del barrio nada más decretarse el estado de alarma. “La situación ha sido muy crítica, porque existía el temor a que la gente desoyese las recomendaciones y saliese a la calle a buscarse el sustento”, asegura.

Organizaciones como la que él dirige han variado sus objetivos. De dedicarse a la búsqueda de oportunidades laborales para aquellos que más lo necesitan, han dedicado sus esfuerzos en las últimas semanas a repartir hasta 150 platos de comida al día para los más vulnerables. “Nuestra labor ahora es asistencial, aunque también hemos colaborado poniendo nuestros recursos a hacer mascarillas para las asociaciones del barrio o, ahora, hacer equipos de protección individual para Iturri, una empresa de soluciones de seguridad”, apunta Mengual. De su factoría en el Polígono Sur, formada por cuatro costureras y dos voluntarios, ya han salido más de 3.200 trajes buzo.

Cuatro costureras y dos voluntarios confeccionando equipos de protección individual. Foto Fernando Ruso

Implicados en estas acciones han estado decenas de voluntarios y también aquellos que se benefician del cuidado de la Fundación Don Bosco. “Ha sido muy bonito ver a los inmigrantes a los que atendemos, algunos de esos que vemos llegan en pateras, repartir alimentos a los españoles —narra—; porque no han dudado ni un solo momento en ayudar a la sociedad que les ha acogido”.

 Hambre a la vuelta de la esquina

 “Creo que el virus ha hecho que todos hayamos tomado conciencia de la gran necesidad en la que viven los vecinos del Polígono Sur, porque parece que vivimos lejos de esas sociedades en las que la gente no tiene para comer, pero el coronavirus nos ha enseñado que viven más cerca de lo que pensamos”, zanja Mengual.

La situación de vulnerabilidad aumentó con el cierre de los comedores escolares tras el decreto de alarma. Más de 700 escolares que tenían garantizada su alimentación de lunes a viernes pasaban a un limbo al que ha dado respuesta la oficina del Comisionado para el Polígono Sur, un ente formado por las administraciones locales, autonómicas y nacionales en octubre de 2003 y que trabaja por limar las desigualdades en esta zona de Sevilla.

Jaime Bretón, Comisionado de Las Tres Mil Viviendas. Foto Fernando Ruso

Ellos han impulsado y coordinado una comisión de Emergencia Social integrada por administraciones y organizaciones como Cáritas, Cruz Roja, el Banco de Alimentos, la Fundación Alalá, Entreamigos-Abrecaminos o la Fundación Don Bosco.

“Los colegios en las zonas desfavorecidas son auténticos vertebradores y conocedores de la realidad social diaria de los menores y su entorno”, explica Jaime Bretón Besnier, Comisionado para el Polígono Sur. Gracias a esta comisión se han evitado duplicidades en la atención a las familias y se garantizaba la máxima distribución de alimentos a aquellos que viven en condiciones “de extrema necesidad y fragilidad”. “Y todo, gracias a unas entidades que tienen una alta implicación en el barrio y que están en contacto continuo con las familias”, asegura el comisionado.

Perímetro exterior del Instituto Domínguez Ortiz. Foto Fernando Ruso

En los meses de confinamiento y desescalada se han atendido a 5.000 familias con ayudas económicas directas para la compra de alimentos y productos de higiene. También se han ofrecido alrededor de 1.400 menús diarios y se han repartido bolsas de alimentos a través de distintas iniciativas públicas y privadas. Gracias a estas aportaciones se han establecido distintos puntos de recogida, desde parroquias a entidades vecinales. Y, de forma transversal, se ha mantenido con las familias estrechos contactos para hacerles llegar una información veraz y útil ante el estado de alarma.

Resultados “satisfactorios”

“El resultado ha sido muy satisfactorio”, explica Bretón. “Tenemos que seguir trabajando para que las sinergias creadas no se queden ahí y podamos avanzar en ofrecerles mejores condiciones de vida a los vecinos del Polígono sur”, asegura el comisionado, que ha avanzado que, cubiertas estas necesidades, ya piensan en cómo explorar futuros nichos de inserción laboral. “La crisis ha empeorado notablemente el acceso al empleo en estas zonas en las que ya el paro es muy alto por una baja cualificación laboral”, apunta Bretón.

El Polígono Sur que se encontrarán los reyes en la visita de este lunes arroja unas cifras demoledoras. La mitad de su población activa, unas 24.000 personas está desempleada. En torno al 16 por ciento de sus vecinos son analfabetos. El absentismo escolar en la zona es del 26,73% en la educación Infantil (no obligatoria), 12,77% en Primaria y 29,44% en Secundaria, según datos de la Comisión Municipal de Absentismo Escolar de Sevilla.

Pequeñas casas prefabricadas del Polígono Sur. Foto Fernando Ruso

Esas cifras condicionan la vida de aquellos que residen en el Polígono Sur, habituados ya a verse encabezar ranking de pobreza. Nada es nuevo para ellos. Nada es nuevo para Juan, que vive en el barrio desde hace ya 50 años y hoy trabaja como voluntario para la parroquia de Jesús Obrero, en el epicentro físico del barrio.

El Polígono Sur se divide en seis barrios: Paz y Amistad, La Oliva, Antonio Machado, Martínez Montañés (conocidas como Las Vegas), Las Letanías y Murillo y las Tres Mil Viviendas. Estas últimas se subdividen en cuatro, conocidas por sus habitantes por cuatro colores: los ‘coloraos’, los marrones, los verdes y los amarillos, en referencia a la paleta del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo.

Los lunes, miércoles y viernes, Juan prepara junto con otros siete voluntarios hasta 135 bolsas de alimentos para unas 400 familias del barrio, que van rotando en una lista. En ellas hay lo imprescindible para sobrevivir una semana: aceite, latas de conserva, leche, arroz, macarrones, lentejas, tomate, plátanos, ciruelas, calabacines, carne, chorizo, jamón de york… y pan.

Ola de solidaridad con el Polígono Sur

“Gracias a esto muchos consiguen tirar para adelante, gracias a Dios”, asegura Juan, de apellido Souza y 55 años de edad. Además de voluntario, este vecino de las Tres Mil es costalero de la Agrupación Parroquial Bendición y Esperanza. “Las hermandades de Sevilla colaboran mucho con el Polígono Sur”, advierte.

Juan Souza, voluntario en el reparto de alimentos y vecino de Las Tres Mil Viviendas. Foto Fernando Ruso

Las corporaciones religiosas sevillanas han redoblado sus donaciones en el Polígono Sur durante la pandemia. La hermandad de los Gitanos, dentro de su campaña ‘Cofradía solidaria’, ha repartido alimento a cien familias del barrio gracias a la colaboración con otras organizaciones de la zona. Desde la asociación Fakali, realiza el seguimiento a las familias, o la Fundación Atenea, que se encarga del operativo.

El propio Consejo de Hermandades de Sevilla, que agrupa a todas las cofradías de la ciudad, ha impulsado en las Tres Mil el proyecto Fraternitas, del que se benefician más de 140 familias a razón de 60 ‘carros solidarios’ por semana.

Precisamente, durante una reciente llamada del rey Felipe al presidente del Consejo de Hermandades, Francisco Vélez de Luna, el monarca se interesó por la acción solidaria que desplegaba esta organización en el Polígono Sur. Meses más tarde la Casa Real anunciaba la visita del monarca a la zona más deprimida de España.

El lunes, día previsto para la visita, Juan estará preparando bolsas de alimentos en la parroquia San José Obrero. “Se preparan por las mañanas y se reparten por la tarde”, explica. “Gracias a estas bolsas las familias del barrio no han pasado hambre”, sentencia el voluntario.

“La gente se ha volcado con nosotros enviándonos comida, la solidaridad desatada ha sido bárbara”, asegura Juan. Ahora solo espera que cuando esto del coronavirus pase nadie se olvide de ellos y puedan soltar de una vez el lastre de ser los pobladores del barrio más pobre de España, por cuarto año consecutivo.