Las redes critican y se mofan de Trump por un error ortográfico y su doble sentido

Los tuits del presidente Donald Trump son notorios por su contenido agresivo y polarizante, sus equívocos, su inmenso alcance mediático y, también, sus estridentes faltas de ortografía. Y todo ello tuvo una singular expresión en mensajes que este lunes envió el presidente desde su cuenta de Twitter y que han suscitado tensión política e hilaridad a la vez.

Trump ha sido criticado por sus equívocos y sus faltas de ortografía en sus tuits. (Getty Images)
Trump ha sido criticado por sus equívocos y sus faltas de ortografía en sus tuits. (Getty Images)

En un par de tuits, Trump fustigó a los demócratas por no encontrar la “pistola humeante” en el caso de la investigación de la injerencia rusa en las elecciones de 2016. Es decir, afirmó que sus opositores no han encontrado pruebas directas que liguen a una persona o hecho con la presunta colusión del entorno de su campaña presidencial con Rusia, colusión que él reitera que no existe. Luego les recriminó que en lugar de ello hayan convertido lo que, a su juicio, fue una “simple operación privada” en una contribución de campaña con el fin de perseguirlo. Y clamó una vez más que la citada investigación es una “cacería de brujas”.

Esos dos tuits están plagados de equívocos e intentos de minimizar posibles conductas impropias por parte del presidente, pero lo que ha movido a la risa y la sátira es que, al aludir a la “pistola humeante”, Trump haya escrito “smocking gun”, cuando la grafía correcta es “smoking” (humeante). Que el presidente haya tenido tal falta ortográfica en su tuit ha suscitado numerosos reproches y memes, pues con todo lo personal y visceral que es la cuenta de Twitter de Trump, ésta ha sido reconocida por la propia Casa Blanca como un vehículo de comunicación oficial de la presidencia estadounidense y por ello se esperaría que su contenido estuviese al menos correctamente escrito.

La risa se volvió más densa cuando los usuarios consideraron el significado de la palabra “smocking”, que va desde la tela plegada que decora ciertos vestidos y otras prendas de vestir, lo que daría a la citada pistola un toque de curiosa delicadeza, hasta los provenientes del argot más crudo que dan a “smocking” connotaciones de tipo sexual.

Esto podría no ser demasiado relevante en sí, pues el idioma es con frecuencia polisémico, pero no deja de resultar curioso que la “smocking gun” apareciera en alusión a los pagos que en 2016 el abogado de Trump, Michael Cohen, hizo a la artista porno Stormy Daniels para que ella callara la relación que habría tenido años atrás con el hoy presidente. Por ello, algunas respuestas a esos tuits han tenido alusiones picantes.

Y ya en lo político y legal, se le ha cuestionado a Trump, como se afirma en The Washington Post, su afán de minimizar la gravedad de esos pagos de Cohen a Daniels y también a la modelo de Playboy Karen McDougal, que según las investigaciones respectivas habrían sido del conocimiento de Trump y serían, en tanto que evitaron afectar su candidatura presidencial, considerados contribuciones ilegales de campaña. Pero Trump, en contrasentido a los fiscales del caso, quiere plantear que esos pagos fueron meras transacciones privadas que han sido mostradas por sus opositores como contribuciones electorales ilegales en el contexto de la “caza de brujas” en su contra.

Ciertamente Trump tiene derecho a expresarse libremente en Twitter, pero en este caso sus dichos resultan equívocos: no han sido los “demócratas”, como él generaliza, quienes han hecho las acusaciones vinculadas a esos pagos sino la fiscalía de Nueva York tras la confesión de culpabilidad de Cohen. Y esas acusaciones no tienen conexión directa con la investigación que Robert Mueller realiza sobre la injerencia rusa, aunque posiblemente Trump trata de meter todo en el mismo paquete para tratar de deslegitimizarlo en masa de cara a sus seguidores.

Y, para completar el cuadro, su mención a lo que sucedió en el caso de la campaña de Barack Obama en 2008, cuando no se reportaron cerca de 2 millones de dólares en donaciones provenientes de 1,312 personas realizadas en las últimas semanas antes de la elección, también resulta, al menos, descolocada. Pues si bien es cierto, como se señala en el Post, que por no haber reportado esas contribuciones de último minuto la campaña de Barack Obama incurrió en una irregularidad, por la que debió pagar una multa de 375,000 dólares, en ese caso no se trató de pagos hechos por el abogado del candidato a terceros para que no revelaran información potencialmente lesiva para su candidatura.

Y, finalmente, hay quien dirá que las acrobacias argumentales y hasta las faltas de ortografía, sean involuntarias, ignorantes o picarescas, son en sí una suerte de “smoking gun” del nerviosismo de Trump ante la creciente ola de implicaciones y alegaciones legales en su contra y de la posibilidad de que una vez que los demócratas asuman la mayoría en la Cámara de Representantes, que ganaron en las elecciones de noviembre pasado, el escrutinio sobre sus actividades y decisiones, pasadas y presentes, podría volverse mucho más intenso.

Así, en esos tuits Trump trata de defenderse -su libertad de expresión le permite hacerlo- pero los hechos, la ley y el diccionario no parecen estar en ello de su lado.

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