Las prostitutas que no lo son, Javier Marías y Pérez-Reverte.

Los titulares dicen que se acostaron con prostitutas. Que algunos trabajadores de la ONG IntermonOxfam destinados en Haití tras el terremoto de 2010 organizaron bacanales con prostitutas de la isla. Orgías “dignas de Calígula”, cuenta un informe.

Pero, en realidad, no es así. Porque lo que hicieron estas personas fue aprovecharse de la extrema situación de vulnerabilidad de mujeres y niñas en el país más pobre del mundo, justo tras sufrir un terremoto devastador, para obligarlas a mantener sexo con ellos a cambio de algo de comida.

¿Es eso prostitución? ¿O violación?

Oxfam prostitution scandal: Charities report over 1,000 sexual abuse incidents every year, says regulator

 

¿Hay libertad en la extrema necesidad? ¿Podían esas niñas y mujeres negarse a participar en orgías con los hombres que les daban de comer, con los hombres que tenían en sus manos permitir que ellas y sus familias pudieran salir adelante, al menos, unos días más?

En la pobreza, no hay libertad.

Así que lo que hicieron esos trabajadores de Oxfam fue violación. Abuso de poder.

Lo que cuentan sus víctimas que hizo Harvey Weinstein.

Lo que de manera terriblemente vergonzosa –por no decir otra palabra- justificaba ayer Javier Marías, así:

Ya hacia 1910 se acuñó la expresión “couch casting” (“casting del sofá”), para referirse a las pruebas a que los productores de Hollywood y Broadway sometían a menudo a las aspirantes a actrices (o a los aspirantes, según los gustos). En el despacho solía haber un sofá bien a mano, para propósitos evidentes. La costumbre me parece repugnante por parte de esos productores (como me lo parece la de cualquier individuo poderoso), pero en ella no había violencia. Se producía una forma de transacción, a la que las muchachas podían negarse; y una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban. “A cambio de que este cerdo se acueste conmigo, consigo un papel, iniciar mi carrera”. Pensar que la única razón por la que se nos dan oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad excesiva.

Querido Javier Marías,

Sólo tengo una duda: si usted dice que “Pensar que la única razón por la que se nos dan oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad excesiva”… cuénteme entonces cuántas veces una mujer le pidió que se prostituyera para darle a usted un trabajo, y cuántas veces, fruto de la máxima desesperación, usted dejó que tocaran, sobaran y violaran su cuerpo. O cuántas veces se le insinuaron, y usted consiguió huir.

Por cierto, que, Marías, ha sido jaleado, una vez más, por su amigo del alma, Arturo Pérez-Reverte.

Hay que ser valiente para escribir esto. Y Javier Marías lo es.

Igual resulta que él también se ha dejado tocar e incluso violar por un trabajo.

 

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