Las pipas de girasol pueden producir cáncer en el hígado

Imagen de los cultivos analizados para el estudio. Photo Courtesy of MSU

Parece que con cada investigación que se realiza sobre un alimento, nos quieren quitar un placer de la vida. Como comer pipas, tal como se indica en un artículo reciente. Porque resulta que estas semillas pueden producir cáncer de hígado, uno de los más mortales.

En este caso, el “puede” es importante. Y no porque no se tenga claro si lo hacen o no, si no porque no son las pipas realmente las que provocan el cáncer. El problema es que contienen un hongo parásito, que es el que produce la sustancia carcinógena. Si las pipas están libres de dicho hongo, no hay peligro.

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Un detalle importante del estudio: se ha realizado en Tanzania, donde el cultivo de girasol tiene una gran importancia a nivel comercial y de alimentación. Pero dados los resultados, se debe considerar que el problema es global, no algo contenido en una región determinada del planeta.

Lo curioso es que este parásito es un viejo conocido, a pesar de que nunca se había detectado antes en las pipas de girasol. Se trata de Aspergillus sp., un tipo de moho que ataca a cultivos tan diversos como maíz, almendras, pistachos y cacahuetes. Y que produce una sustancia, la aflatoxina, que provoca entre otras cosas tumores en el hígado.

En otros cultivos existen controles para asegurarse de que las cosechas no contienen el moho. Pero como no se sabía que también podía atacar al girasol, nunca se han realizado análisis en las pipas.

Ni tampoco en los derivados. El principal sería el aceite de girasol, evidentemente. El más consumido, y el que mayoritariamente se emplea para cocinar en muchos países en desarrollo. Lo que ya en sí es un problema.

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Para empeorar las cosas, la aflatoxina no sólo permanece en el aceite cuando las pipas se prensan. También en el bagazo, en los restos de cáscaras y pieles que quedan después del prensado para obtener el aceite. Que en los mismos países en desarrollo se utiliza como alimento para el ganado, y en estos animales mantiene su capacidad cancerígena.

¿Hasta qué punto es un problema? Hay una buena y una mala noticia. Empezando por la mala, las aflatoxinas – y sólo considerando los efectos derivados del consumo de maíz y cacahuetes, y sus derivados – son responsables de entre 25.000-155.000 muertes al año. Que no son pocas.

Pero sabiendo lo que hay que buscar, es relativamente sencillo controlar que las semillas de girasol que se dediquen a consumo no estén infectadas por el hongo. De hecho, en los países desarrollados ya se lleva a cabo este tipo de controles en los cultivos susceptibles de contaminación por Aspergillus sp. Habría que ponerlos en marcha para el girasol, y especialmente exportar la tecnología a países en desarrollo, pero es un problema fácilmente resoluble.

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