Las medidas represivas de Rajoy devuelven a España a un capítulo de 'Cuéntame cómo pasó'

Protestas en las calles de Barcelona tras las últimas detenciones de miembros del Govern. EFE

Cuando el PSOE se desmarcó, el martes, en la importante votación de respaldo al Gobierno en el Congreso de los Diputados, muchos se sorprendieron ya que los socialistas habían mandado un mensaje de apoyo a Rajoy apenas unas horas antes. Lo mismo sucedió cuando ayer el diputado de ICV, Joan Coscubiela, mostró su apoyo a la respuesta civil pacífica en Cataluña cuando apenas una semana antes fue tachado de ‘traidor’ en el Parlament durante la votación de la Ley de desconexión. ¿A qué venían estos movimientos? La pregunta que revoloteaba ayer a primera hora del día pronto encontró respuesta: la batería de detenciones ordenada ayer por el Gobierno.

Nos encontramos sin duda en uno de los momentos con menos libertad desde la Transición. Suena fuerte decirlo, pero es así.

Se prohíben actos de reunión -el de derecho a decidir de Matadero, o la amenaza de multas por la concentración de ayer en Sol-, se irrumpe policialmente en varias sedes de la Generalitat, se intenta registrar la sede de un partido político en busca de octavillas, se practican detenciones por organizar y promover el referéndum del 1-O…

Hasta el momento la cosa se mantiene en una calma tensa, pero todo puede cambiar. Basta que salte una chispa. Quien piense que en este blog se exagera, que eche cuentas a lo que señalan desde la Guardia Civil. La Unión de Oficiales ha pedido que la Delegación del Gobierno en Cataluña asuma el control de los Mossos d’Esquadra ante la “pasividad” que, a su juicio, están exhibiendo ante el proceso soberanista catalán por las “directrices políticas” de su cúpula.

El enroque de unos y otros -quien diga que Rajoy simplemente deja pasar el tiempo para que las cosas se solucionen se equivoca- está colocando a Cataluña, y España, en una situación límite. Los unos han prendido la llama de la independencia, y los otros no hacen más que echar gasolina para avivar el fuego.

Porque, como recogían ayer muchos de los que vivieron el 15M en las calles, esto no es un asunto “de naciones ni de partidos, sino de democracia’.

Está claro que los pasos dados por el Govern en las últimas semanas chocan con la legalidad. Está claro que se han saltado la Constitución y lo que prometen a sus votantes es una quimera irreal mientras no se acuerde celebrar un referéndum con garantías. Pero no es menos obvio que desde Madrid parecen tomarse esto a la ligera y, en lugar de buscar puntos de encuentro, están tensando la cuerda.

Lo que está ordenando Rajoy es la actuación más contundente que se ha llevado a cabo en España contra un gobierno autónomo por motivos políticos. Rajoy he ordenado estas acciones judiciales y policiales sin el respaldo explícito del Congreso. Esto es bastante grave, ya lo veremos en próximas semanas.

La situación no está pasando desapercibida para Europa. Desde Alemania y Francia son varios los periódicos que reclaman la intervención de un mediador de la UE entre Moncloa y Palau. Porque ven claro que lo de ahora, con los actuales dirigentes, no tiene visos de solucionarse de manera consensuada y pacífica.

Pero claro, España es un país de extremos. Así que ‘si no estás conmigo es que estás con ellos’ y viceversa. Tan sólo un agente externo podrá solucionar una crisis de Estado originada por los unos y alimentada por los otros. Una especie de Antonio Alcántara de la diplomacia europea que apele a la serenidad y desatasque el ‘Cuéntame cómo pasó’ al que ha vuelto España.

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