Las pesadillas como elemento predictivo de suicidio

A principios de la década de los ’70 el Departamento de Salud Pública de Finlandia mediante la Universidad de Helsinki inició uno de los estudios más sorprendentes que he conocido.

Conocer los detonantes que llevan a una persona a suicidarse son variados y complejos. En este caso, los investigadores finlandeses querían saber si existía alguna relación entre las pesadillas y el riesgo de suicidio.

Para ello realizaron un completo análisis en un amplio sector de la sociedad. En total el estudio englobó a más de 35.000 personas durante varias décadas. Concretamente 17.700 hombres y  18.511 mujeres, con edades comprendidas entre 25 y 64 años… y siguió la evolución de todos estos sujetos desde 1972 hasta 1995.

Se analizó el historial del paciente, junto con el historial médico familiar, y así mismo se complementaba con un cuestionario sobre la frecuencia e intensidad de sus pesadillas. El seguimiento a este enorme grupo de personas también contó con la ayuda del Registro Nacional de Mortalidad de Finlandia que facilitó los datos y causas de los fallecimientos registrados en este numeroso grupo de estudio a lo largo de todos esos años.

Más de dos décadas de seguimiento, miles de personas involucradas y un control exhaustivo de los suicidios llevaron a los investigadores a presentar, por primera vez en la Historia, pruebas de la íntima relación existente entre las pesadillas y el riesgo de suicidio en un estudio a gran escala.

Desde entonces, han surgido más y más estudios que confirmando, cada vez con más evidencias, la estrecha relación existente entre el insomnio y la frecuencia de las pesadillas con el riesgo de suicidio, sobre todo en pacientes diagnosticados con depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático.

El último y más reciente de estos estudios se ha publicado hace apenas unos días en el Journal of Clinical Sleep Medicine y ha llevado a investigadores del Departamento de Psiquiatría y Comportamiento de la Salud en la Universidad de Augusta a concluir que “las conductas suicidas fueron mayores en aquellos participantes que experimentaron pesadillas (62%), en comparación con aquellos que no lo hicieron (20%)”.

El estudio incluyó a 50 sujetos, diagnosticados con depresiones severas y que se encontraban recibiendo tratamiento ambulatorio. Los sujetos tienen entre 20 y 84 años, el 72% eran mujeres, y de todos ellos más de la mitad (56%) había intentado suicidarse o autolesionarse previamente al menos una vez.

Las conclusiones son más que interesantes puesto que la publicación no solo confirma la relación entre los trastornos del sueño, el insomnio y las pesadillas con el riesgo de suicidio sino que asegura que su incidencia en ese riesgo es superior a otros elementos como la desesperanza o la sensación de derrota y abatimiento.

El estudio aporta nuevas evidencias que recomiendan colocar en el punto de mira los trastornos del sueño como un elemento decisivo a la hora de prevenir futuras conductas suicidas. Evidentemente nadie puede saber a ciencia cierta cómo se comportará una persona deprimida en el futuro, pero con todos estos estudios a la vista y con los propios autores calificando los resultados como un potencial indicio de suicidio, parece más que recomendable atender y analizar cuidadosamente los trastornos de sueño y la frecuencia de las pesadillas del paciente.

Referencias científicas y más información:

Donna L. Littlewood; Patricia A. Gooding; Maria Panagioti; Simon D. Kyle “Nightmares and Suicide in Posttraumatic Stress Disorder: The Mediating Role of Defeat, Entrapment, and Hopelessness” Journal of Clinical Sleep Medicine 2016 http://dx.doi.org/10.5664/jcsm.5592

Marinova P, Koychev I, Laleva L, Koychev G, et al. “Nightmares and suicide: predicting risk in depression” Psychiatr Danub. 2014 Jun;26(2):159-64.

Tanskanen A, Tuomilehto J, Viinamäki H, Vartiainen E, Lehtonen J, Puska P. “Nightmares as predictors of suicide” Estudio realizado entre 1972 y 1995 por la Universidad de Helsinki.