Las consecuencias devastadoras del paso del ciclón Idai por el sureste africano (y por qué nadie habla de ello)

Hasta el momento se contabilizan de forma oficial unos 500 muertos entre los tres países (Mozambique, Malaui y Zimbabue), pero la cifra probablemente llegue a multiplicarse al menos por tres en la que ya es una de las peores tragedias que ha vivido el sureste africano en las últimas décadas. El paso del ciclón Idai, que golpeó primero en el litoral mozambiqueño con vientos de hasta 177 kilómetros por hora y luego se extendió por sus vecinos, ha dejado serias consecuencias en unos países que no destacan precisamente ni por la fortaleza de sus infraestructuras ni por la riqueza de sus habitantes.

De hecho, casi una semana después de que el ciclón golpeara con su máxima fuerza, los detalles siguen llegando con cuentagotas, la evaluación de daños continúa y la situación de numerosas regiones y aldeas es completamente desesperada. Aún no se conoce bien cuáles van a ser todos los efectos, pero parece claro que estamos ante una de las grandes tragedias del año que sin embargo ha recibido escasa atención internacional.

El agua cubre vastas regiones de Mozambique tras el paso del ciclón Idai (Photo World Food Programme via AP).

Numerosos pueblos han quedado completamente destruidos y miles de personas han perdido todo lo que tenían. La situación se agrava porque las comunicaciones han quedado parcialmente cortadas y los rescatistas tienen dificultades para acceder a ciertas zonas. De hecho miles de supervivientes se han encaramado a los árboles (donde viven una lucha feroz con serpientes, insectos y otros animales) y a los tejados de las casas que se han mantenido en pie para escapar de las inundaciones que han asolado las distintas regiones, especialmente en Mozambique.

La peor parte se la ha llevado la localidad de Beira, una próspera ciudad de más de medio millón de habitantes que ha terminado arrasada en un 90%, tal y como ha revelado Cruz Roja. La urbe ha dejado de existir debido a que la mayoría de sus casas están destruidas, no hay agua potable ni electricidad y los comercios e instituciones gubernamentales han tenido que echar el cierre. Su aspecto es fantasmal y queda la duda de si alguna vez volverá a estar poblada, ya que habría que poner en pie de nuevo la urbe prácticamente de cero.

Otra de las grandes consecuencias de la tragedia son las enfermedades. Se ha reportado que hay cuerpos de víctimas flotando en las aguas y las inundaciones también atraen la presencia de mosquitos que pueden ser peligrosos para la salud humana. Por ejemplo en 2013 hubo más de 7 millones de casos de malaria en Mozambique y la situación actual puede provocar un aumento por culpa de las aguas estancadas, que hacen que el insecto se reproduzca rápidamente.

En lo que se refiere a la contaminación del suministro de agua por la presencia de cadáveres puede provocar brotes de cólera, hepatitis, gastroenteritis y otras enfermedades.

Este es el estado en el que ha quedado Beira tras el paso del Idai (Caroline Haga/International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (IFRC) via AP)

Un problema que cada vez se aprecia más en este tipo de tragedias, pero que suele quedar fuera de los análisis es el elevado número de refugiados climáticos. De momento Naciones Unidas ya ha alertado de que por culpa del ciclón Idai hay 1,6 millones de personas afectadas de forma directa. Gente que, habiéndolo perdido todo en sus aldeas o pueblos, puede optar por buscar nueva fortuna en otros lugares.

Se da también la circunstancia que los tres países cuentan con unos índices de desarrollo muy bajos que van a hacer mucho más difícil cualquier tipo de recuperación. De hecho, según los datos de Naciones Unidas de 2017 tanto Mozambique (puesto 180 del mundo), como Malaui (puesto 171) y Zimbabue (puesto 156) están muy abajo en el ranking del índice de desarrollo humano que mide tres dimensiones básicas en el desarrollo de las personas (tener una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y disfrutar de un nivel de vida digno).

Como ocurre con mucha frecuencia en este tipo de acontecimientos la gran pregunta es por qué no ha recibido atención mediática una tragedia tal que si ocurriera en Europa o Estados Unidos ocuparía portadas durante muchos días. El factor de la proximidad está muy presente en este sentido y África vuelve a ser una vez más el continente invisible.

Otras razones tienen que ver con la escasa cobertura que recibe el continente, lo que provoca que las noticias lleguen con cuentagotas o que se opte por el factor numérico (número de muertes) para medir la trascendencia de una tragedia. Quizás por eso en los primeros días no se habló apenas del impacto del ciclón Idai y a medida que se han conocido los datos ha ido cobrando mayor relevancia.

Aún habrá que esperar varios días para conocer todos los detalles de lo que ha supuesto la tragedia en los tres países afectados, pero parece claro que de momento las señales no son nada optimistas.