Las ciudades de EEUU son cada vez más peligrosas para peatones y ciclistas

Las calles de Estados Unidos se han vuelto crecientemente peligrosas para los peatones y los ciclistas que las recorren. La posibilidad de caminar o rodar, apartado de automóviles y autobuses, al trabajo, la escuela u otras actividades es en ciertos sentidos un factor que mide el bienestar en las grandes urbes estadounidenses, pero esa actividad conlleva también riesgos al alza.

La posibilidad de morir atropellado es una de ellas.

En un artículo en The Conversation, John Rennie Short, profesor de la Universidad de Maryland, comenta que de 2010 a la fecha la mortalidad de ciclistas en las ciudades de Estados Unidos ha crecido en 25% y la de peatones en 45%. Grandes urbes como Nueva York, Los Ángeles o Washington DC, entre otras, han registrado mayor cantidad de muertes de accidentes en los que peatones y ciclistas resultan las víctimas.

Muchas ciudades del mundo, como Copenhagen en la foto, han creado espacios para ciclistas y peatones en sus calles. En EEUU, ese fenómenos y la persistencia de la hegemonía de los automóviles han creado confusión y accidentes en los que peatones y ciclistas son los más afectados. (Reuters)

¿Por qué justo cuando las ciudades buscan potenciar que la gente camine y vaya en bicicleta por sus calles se han incrementado esas muertes? La respuesta de Short es sencilla: más peatones y ciclistas mueren hoy en accidentes porque hay más peatones y ciclistas en las calles, en buena medida motivados por ese impulso de las grandes urbes por propiciar esas formas de desplazamiento. El problema es que las ciudades y sus habitantes no están suficientemente preparadas para ello. Los automóviles aún son el elemento dominante en las calles y eso, al toparse con más personas andando o en bicicleta, se desata una mayor incidencia de accidentes.

En realidad, añade Short, las muertes de personas en accidentes viales se han reducido en general en Estados Unidos en las últimas décadas, pero el segmento de víctimas que eran peatones o ciclistas ha subido: los fallecimientos de conductores de autos cayeron de 27,348 en 2006 a 23,611 en 2017, se indica en The Conversation, pero en el mismo periodo las muertes de peatones y ciclistas pasaron de 5,567 a 6,760 en ese mismo periodo.

Y aunque hay peatones y ciclistas imprudentes que provocan accidentes y se convierten en sus víctimas, la gran mayoría de los que mueren o son lesionados en incidentes viales se encontraban obedeciendo las normas. Fue la violación de éstas –o accidentes incontrolables– de parte de los conductores de automóviles y otros vehículos de motor la causa de esas tragedias.

Esa situación en Estados Unidos es tan intensa que Short llama “un nuevo Salvaje Oeste” al entorno de ciudades que promueven áreas para peatones y ciclistas pero que al no tener medidas y zonas suficientes acaban creando una suerte de confusión y caos urbano al interactuar con los automovilistas.

Cada país y cultura tiene sus diferencias al respecto, pero ciertamente la tensión entre el peatón, el ciclista y el automovilista es una realidad cotidiana en todas las grandes ciudades.

Ampliar y proteger áreas de cruce peatonal es clave para reducir accidentes viales. (Consumer Reports)

Pero como señala Short, el impacto de un automóvil puede ser letal pero el automovilista está, al menos, protegido en cierto grado dentro de la propia estructura del vehículo. Peatones y ciclistas, en cambio, reciben de modo directo en sus cuerpos el impacto del choque en caso de accidentes, y por ello sufren comparativamente mucho más en esos incidentes.

¿Qué hacer al respecto? Ampliar la cultura vial, la infraestructura específica para peatones y ciclistas y reducir la velocidad máxima de los autos en áreas urbanas son medidas frecuentes. También se ha propuesto mitigar el tráfico en ciertas intersecciones y zonas e incluso la introducción, en un futuro próximo, de vehículos autónomos que no incurran en los errores y despropósitos de los conductores irresponsables (aunque esos sistemas pueden tener sus fallas específicas también).

Al final, comenta Short, el ideal sería reimaginar las ciudades estadounidenses no como torrentes de autos entre islas de edificios sino como espacios donde la gente viva y conviva. Lugares para estar y no meramente para atravesar.

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