Las aguas fecales pueden ser la solución para mejorar la agricultura

José de Toledo
Cultivos en Santa Ana Ahuehuepan, Mexico. AP Photo/Rebecca Blackwell
Cultivos en Santa Ana Ahuehuepan, Mexico. AP Photo/Rebecca Blackwell

Cada día tiramos por el retrete una cantidad enorme de dinero… en forma de fertilizantes para los cultivos. Al menos así lo plantean en un artículo reciente, en el que explican cómo reciclar los nutrientes de las aguas fecales urbanas, qué beneficios tendría y qué problemas plantea.

Comencemos por un problema muy obvio, y que a mucha gente le puede producir desagrado: las aguas fecales, además de nutrientes, llevan otras muchas sustancias. Algunas, incluso, que pueden resultar peligrosas si llegan a los cultivos, como pueden ser ciertas bacterias.

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En realidad, no es un problema. Todas las plantas de tratamiento de aguas ya cuentan con mecanismos para eliminar este tipo de contaminaciones, y en su propuesta los científicos dan por hecho que se llevarían a cabo. Vaya, que a nivel de seguridad sanitaria, no habría problema.

Entonces, si los peligros ya se eliminan… ¿qué propone realmente el estudio? Hoy en día es cierto que se “limpian” las aguas de todo aquello que puede provocar enfermedades, pero también lo es que los nutrientes no se utilizan. Simplemente, se vierten a los ríos y ahí siguen su curso.

Si se empleasen estas aguas cargadas de sustancias para los cultivos, se reduciría el uso de fertilizantes en los campos de cultivo. Que resultan caros de obtener, y en muchas ocasiones se consiguen mediante técnicas muy contaminantes.

Según el análisis de los investigadores, utilizando las aguas fecales “limpiadas” de una ciudad como El Cairo, un país como Egipto podría reducir la inversión en fertilizantes a prácticamente la mitad. Lo que reduciría el coste de los alimentos de manera notable, al tiempo que reduciría el impacto ambiental de la agricultura.

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Suena bien, ¿verdad? Y en ciertos lugares y situaciones, sería una buena alternativa. Pero depende mucho de la distancias que haya entre las plantas de tratamiento de aguas – que se sitúan cerca de los núcleos urbanos – y los campos de cultivo. Si la distancia es corta, se trataría únicamente de canalizar el agua.

Cuando las distancias aumentan, la cosa se complica. Transportar grandes volúmenes de agua no es sencillo, y al tratarse de aguas con alto contenido en nutrientes la situación empeora. La solución en este caso pasaría por concentrar los nutrientes, cristalizarlos, lo que facilitaría su transporte. Pero también reduciría su beneficio económico y ambiental.

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De hecho, para su artículo los investigadores han analizado 56 ciudades de todos los continentes habitados, con la idea de determinar dónde podría funcionar. En grandes zonas del planeta – principalmente África y Asia, lo que no es mala noticia, pero también en Europa – resultaría una opción viable. En otras, como Estados Unidos, dependería mucho de las zonas. Por ejemplo, en el estado de Nueva York resultaría inviable, mientras que en el medio Oeste – región donde se concentran muchos cultivos – podría funcionar.

Tal vez no sea la idea más novedosa, ni viable actualmente. De hecho, aún quedaría mucho trabajo para poder ponerlo en marcha, y obligaría a ciertos cambios y diseños. Pero resultaría un paso hacia la sostenibilidad de los cultivos a nivel mundial, que no es poco.