La larga espera de los judíos etíopes que quieren vivir en Israel

Robbie COREY-BOULET
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El cementerio de Gondar, en el noroeste de Etiopía, no estaba destinado a ser tan grande. Los miles de judíos etíopes enterrados en él esperaban vivir y morir en Israel, pero una serie de obstáculos frustró su sueño.

"Espero que Israel asuma sus responsabilidades antes de que todos muramos aquí", declaró a la AFP Sitotaw Alene, de 49 años, durante una visita al cementerio situado en una ladera de Gondar, en la región de Amhara, donde está enterrada su hermana.

"Todos caemos como hojas" muertas, añadió.

Recientemente una parte de la comunidad tuvo suerte. Una operación permitió entre diciembre y marzo el traslado de 2.000 judíos etíopes a Israel. Fue como un bálsamo.

Pero es una pequeña fracción de los candidatos a la aliyá -la inmigración judía a Israel- y por el momento no hay más operaciones previstas.

Sitotaw asegura que las autoridades israelíes deben actuar rápido, antes de que sea demasiado tarde para él y para el resto de la comunidad.

"Lo que me preocupa es que el cementerio está casi lleno", dice, señalando con el dedo una parte donde lápidas azules y blancas coronadas con la estrella de David invaden los campos de trigo aledaños.

En poco tiempo, "ni siquiera tendremos sitio para una sepultura".

- Los que quedaron atrás -

Gran parte de la comunidad judía de Etiopía llegó a Israel en los años 1980 y 1990.

Algunos fueron trasladados en vuelos secretos a través de campos de refugiados del vecino Sudán durante una misión llevada al cine bajo la película "The Red Sea Diving Resort", estrenada en 2019.

Y más tarde la operación "Salomón" permitió transportar a casi 15.000 etíopes a Israel en 1991.

A los que se quedaron en Etiopía se les llama "Falash Mura", un término despectivo que resalta que son descendientes de judíos que se convirtieron al cristianismo en los siglos XVIII y XIX, muchos de ellos bajo la fuerza.

Ellos se consideran judíos pero las autoridades rabínicas no los reconocen como tales por lo que no pueden pretender beneficiarse de la ley del retorno, votada en 1950, que garantiza a cualquier judío el derecho de inmigrar a Israel.

Solo pueden llegar a Israel como parte de una reunificación familiar, lo que implica tener a un familiar en el país.

Las autoridades israelíes examinan una lista de espera de unos 8.000 candidatos a la inmigración.

Los dirigentes de la comunidad judía de Etiopía aseguran que hay muchos más: superan los 10.000 solo en Gondar y hay unos 3.800 en la capital, Adís Abeba.

- Irse, cuanto antes -

En Gondar, los judíos etíopes viven hacinados en casas precarias con muros de barro seco y tejados de chapas onduladas. Sobreviven gracias a trabajos ocasionales.

La vida gira en torno a la sinagoga Hatikvah ("Esperanza") que proporciona raciones de comida para los niños, atención médica gratuita y alberga una biblioteca donde los estudiantes pueden aprender hebreo.

Pero los miembros de la comunidad tienen una idea fija: irse a Israel en cuanto puedan.

Nigist Abege, de 46 años, dice que "no echará nada en falta" de Etiopía si consigue irse a Israel, donde viven familiares suyos.

"Mi único deseo es ver a mi familia", afirma esta mujer.

La mayor parte de la comunidad se ha librado del conflicto en la región vecina de Tigré, más al norte.

Pero no todos: Girmaw Gete, que se alistó en las fuerzas especiales en la región de Amhara para prepararse para el servicio militar en Israel, fue enviado a Tigré en noviembre para luchar contra las fuerzas de Tigré en las filas del ejército federal. Murió en combate.

Su madre, Azanu Girma, no puede evitar pensar que su hijo estaría vivo si la familia hubiera podido emigrar a Israel.

- Choque cultural -

Aquellos que cumplen su sueño también tienen desafíos por delante.

Los miembros de la comunidad etíope de Israel se quejan de discriminación racial y de abusos policiales.

Nigussie Alemu, que trabaja en la sinagoga Hatikvah, conoce muy bien las dificultades de los etíopes en Israel porque trabajó en el país como profesor.

La educación -dice- es la clave para superar el inevitable "choque cultural" que espera a los recién llegados.

"Muchos etíopes en Israel son analfabetos incluso en su lengua materna", explica.

Los judíos de Gondar prefieren dejar de lado el racismo y centrarse en lo positivo.

"Cuando fui, fue como un renacimiento", explica Ayele Andebet, de 23 años, que pasó seis meses en Israel en una yeshivá, un centro de estudios del Talmud. Quiere volver para siempre.

"Fue muy difícil irme pero es la voluntad de Dios lo que hace que me encuentre aquí, esperando".

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