Las ventajas de añadir un monstruo ficticio a un paisaje idílico

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Covadonga, lago Enol. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
Covadonga, lago Enol. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Asturias, como toda la costa cantábrica de España es rica en mitos y leyendas. Se han recogido cientos de historias rurales, transmitidas oralmente de generación en generación y que probablemente tengan un sustrato celta. Recuerdo la fascinación infantil que producían en mí algunos libros, preciosamente ilustrados, en los que se representaban a xanas, ayalgas, trasgos, o al diañu burlón.

La mayoría de esas criaturas mágicas intentaban llevar al desastre a quien tenía la desgracia de encontrárselas. Pero el que más miedo me daba era un críptido especialmente terrible. Se trataba de una criatura cubierta de escamas, a mitad de camino entre una serpiente y un dragón, que custodiaba tesoros junto a las fuentes, bosques o cuevas. Estos días he vuelto a recordar a aquella criatura imposible a la que en mi tierra llamamos cuélebre y que algunos (de cierta edad) recordaréis debido a una canción de Víctor Manuel de 1978. Y no lo he hecho porque esta enorme culebra imaginaria haya aparecido, como se contaba en aquellos antiguos relatos, para exigir una doncella joven con la que aplacar su furia, sino porque parece que esto de la mitología es algo cíclico.

Cuélebre, personaje mitológico astur del que se decía que custodiaba un tesoro. (Crédito imagen mitologiberica.fandom.com).
Cuélebre, personaje mitológico astur del que se decía que custodiaba un tesoro. (Crédito imagen mitologiberica.fandom.com).

De modo que hoy os tengo que hablar del retorno del mito del cuélebre a la primera plana de las noticias, aunque en este caso convenientemente “adaptado” a nuestros días gracias a la influencia anglosajona. Y es que si “aparece” flotando en uno de los rincones más visitados de Asturias (hablamos del lago Enol, uno de los dos lagos de Covadonga) por asociación se transforma en un nuevo Nessy, con permiso de los inventores de la idea original, los escoceses.

En efecto, por resumir la historia. El pasado domingo después de que el conductor del primer autobús cargado de turistas (la entrada a los lagos se controla, para proteger el paisaje) accediera al lago, tanto él como sus pasajeros afirmaron haber observado a una criatura enorme – de 15 metros llegan a decir – evolucionando en las aguas del lago Enol. Llama la atención el éxito de la anécdota (hoy ha aparecido en el noticiero de un canal de TV de ámbito nacional), pero también llama la atención que la longitud de la leve mancha borrosa, observada tal vez desde una distancia de 50 metros, pueda cuantificarse en 15 metros. ¡Ahí es nada!

El supuesto Monstruo del Lago Enol, rodeado de un círculo, en la foto de la discordia. (Crédito imagen Jorge Toraño).
El supuesto Monstruo del Lago Enol, rodeado de un círculo, en la foto de la discordia. (Crédito imagen Jorge Toraño).

El ser humano es particularmente malo haciendo estimaciones de tamaño cuando carece de referencias cercanas. Si hubiera habido un kayak junto al nuevo cuélebre (con vuestro permiso yo prefiero seguir llamándolo así y no monstruo del lago Enol, que es más largo, foráneo y farragoso) en efecto se podría inferir la longitud del “bicho” – vamos a suponer que es un animal – pero mientras tanto olvidemos su supuesto gigantismo. Esto me recuerda a las llamadas a emergencias que suceden de tanto en tanto, cuando alguien observa “una luna enorme” junto al horizonte.

La luna, tiene casi siempre un tamaño similar (hay pequeñas variaciones porque su órbita es ligeramente excéntrica) pero, cuando la observamos en lo alto del cielo no percibimos su gran tamaño porque no tenemos referencias visuales cercanas que la pongan en perspectiva. Esas referencias si existen cuando la luna está muy baja y cercana a montañas, edificios o formaciones geológicas que nos son familiares. Y es entonces cuando su tamaño nos asombra.

Dicho esto, pongamos en duda los 15 metros del cuélebre y vayamos a explicar de qué puede tratarse. Parece ser – según información de la Coordinadora para el estudio y protección de las especies marinas (CEPESMA) - que a finales del siglo pasado se repoblaron las aguas del lago Enol con anguilas, truchas y cangrejos americanos. Por tanto, en caso de que el famoso cuélebre efectivamente sea una criatura viva, lo más probable es que se trate de una anguila adulta, si bien conviene recordar que lo habitual es que estos peces midan entre 60 y 80 centímetros. Por otro lado también es verdad que a veces los reflejos del sol sobre las aguas actúan como una lente, magnificando el tamaño de las cosas que flotan cerca de la superficie a causa de la refracción.

No obstante, tal y como ha relatado el propio fundador del CEPESMA, Luis Laria, lo más probable es que ni sea una anguila ni una serpiente exótica de gran tamaño abandonada en la naturaleza (otra de las posibles especulaciones que se manejaron). ¿Entonces qué? Pues una emulsión de gas desde la corteza subacuática, que logró alcanzar la superficie del lago con movimiento serpenteante. El experto pudo observar un evento similar en 1996 en la zona sur oriental del lago, cerca de la pared cárstica. Si este fuera el caso, podríamos tomar como reales esos 15 metros que los turistas dicen haber visto. 

Sea como sea, lo cierto es que los lugareños parecen encantados con el inusitado interés que la criatura ha despertado entre los visitantes. Sea un cuélebre, un pez hipertrofiado, un alga a la deriva o una emulsión de metano, lo importante es que el misterio atraiga a turistas.

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