Laboratorios rurales para revivir la España vaciada

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Aldea de Jánovas, en Huesca. Shutterstock / Sebastian Sonnen

Mucho se ha escrito en relación al fenómeno de la España vaciada y muchos discursos políticos se han pronunciado en favor de la España rural. Las diferentes administraciones hacen uso del concepto reto demográfico vinculándolo a tres cuestiones: la despoblación, el envejecimiento y el efecto de la población flotante.

Este asunto (el reto demográfico) se considera una prioridad para el Gobierno nacional, ya que tiene el rango de ministerio, compartiendo cartera con la tan necesaria transición ecológica.

Como todo en la vida, hay circunstancias a resolver y problemas. Cuando se defiende la España Vaciada se supera la cuestión poblacional (controvertida) para poner el énfasis en la dignidad de cada una de las personas que viven en los ámbitos rurales menos desarrollados.

El 30 de julio de 2021 el Gobierno de España anunció que “el 50 % de las 130 medidas del Plan frente al Reto Demográfico ya se han puesto en marcha”. Pero la calidad de vida de las personas que habitan en los entornos rurales no se ha visto sustancialmente mejorada. ¿Por qué sucede esto?

La “reserva moral” que fue el mundo rural

Por una parte, hemos de hacer un breve (pero necesario) análisis de la historia social de nuestro país. Tras el final de la Guerra Civil, el mundo rural se convirtió en la “reserva moral” y de pan de la nación. No sería hasta la década de los años sesenta cuando la industria y el turismo lograron constituirse como fundamento de la “nueva España desarrollada”.

El atraso rural (en todos los sentidos) favoreció una huida masiva de gente del campo a las ciudades, pasando de ser explotada por los caciques rurales (atemporales) a ser utilizada como mano de obra barata por la burguesía urbana.

La desastrosa difusión de la tecnología agraria favoreció el individualismo y la muerte de la cooperación social en los pueblos. Eran tiempos supuestamente “modernos” y España debía competir con países más desarrollados, a la vez que la España urbana adelantaba a la más rural.

Una generación ni rural, ni urbana

La generación campesina nacida en las primeras décadas del siglo XX vio cómo la generación venidera tendría mejor futuro (mayor educación y mayor bienestar), pero el sociólogo Petras nos advirtió que para la generación más joven no sería así: ni rural, ni urbana.

Poco a poco, nos hemos dado cuenta de los efectos de la globalización, con sus cosas buenas y malas. En todo este contexto, las generaciones han ido cediendo su papel preponderante en la construcción de las políticas públicas, dejando el “ágora” a otros agentes sociales que actualmente adolecen de no representar a nadie o casi nadie.

Una cuestión de participación

La participación pública es como la lucha por la posesión de las tierras: “Nada se pierde, todo se transforma”. Este artículo no va a tratar las necesidades de la España Vaciada, que son urgentes (estructuras económicas, educacionales, culturales, etc.), sino que va a abordar la cuestión participativa que crea y genera las controversias.

Hace días, un activista rural publicó en Twitter una fotografía de su tierra con una cita originaria de la canción Campo amarillo de La M.O.D.A. Con ese hecho estaba realizando un reclamo “por la tierra que menos importa al Gobierno”. A diferencia del reclamo específico e individual, cuando diversas personas debaten acerca de un problema (local y europeo, como es la España Vaciada) estamos hablando de la creación de una controversia social que genera discusión.

Como diría el escritor, humanista y economista José Luis Sampedro, sería una labor de desescombro y buscar nuevas alternativas, asumiendo las diferentes posiciones e intereses de cada persona o grupo. A grandes rasgos, podemos identificar cinco grandes grupos de interés insertos en la “cuestión nacional rural”:

A. Aquellas personas que se dedican a la investigación científica.

B. Las personas que evalúan las políticas públicas y rurales.

C. La sociedad civil organizada.

D. La gestión política local-regional-nacional.

E. La Unión Europea, con sus entidades jerárquicamente superiores.

Existen controversias entre investigadores y gestores, pero que no han llegado al público (1) como la reconversión ecológica; controversias civiles que no engloban a los gestores públicos (2); controversias entre ciudadanía, gestores y científicos pero sin la presencia de técnicos (3); controversias entre ciudadanía, gestores y evaluadores pero sin científicos (4); y los debates a nivel técnico entre científicos y evaluadores (5).

En todas las situaciones se han olvidado algún agente necesario.

La sociedad civil agrupada organiza eventos y reivindicaciones (6) donde debate con gestores públicos cercanos (que supuestamente están coordinados con los regionales y nacionales) y también con científicos (7). En estas situaciones se ha olvidado la participación de técnicos evaluadores y agentes de la esfera europea. La participación aislada y exclusiva de cada uno de los agentes (a, b, c, d, e) no genera ninguna solución consensuada (11, 12, 13, 14 y 15).

Fruto de la globalización, las empresas toman acuerdos con las administraciones que pueden llegar a ser interestatales (8). Los expertos en desarrollo rural (científicos, agentes y ciudadanía) son excluidos en ocasiones en la elaboración de políticas macro de gran calado (9) que no pueden ser sustituidos en ningún caso bajo negociaciones bajo presión a los gestores (10).

En relación a la coordinación política basada en la delegación ciudadana a través del voto, se ha de citar las tareas de coordinación entre las administraciones locales, regionales y del Estado (3, 6 y 9) y con la Unión Europea (16) y entidades superiores. Los científicos y evaluadores pueden tener conflictos con los gestores (17 y 18) –debate técnico vs político–. La exclusión de los gestores locales, regionales o nacionales (19) supondría una merma de la soberanía de la ciudadanía; de los técnicos evaluadores (20), una falta de rigor científico y técnico.

Laboratorios rurales

Por tanto, la única solución posible para lograr la dignificación urgente de la España Vaciada pasa por construir el consenso de los agentes implicados (E) en laboratorios ciudadanos. Con la constitución de entidades como RuraLab –proyecto de desarrollo de nuevas ideas y proyectos vinculados al desarrollo sostenible del territorio, promovido por la Asociación País Románico de Aguilar de Campoo– se podrá aspirar a la innovación social digital, generando una cooperación mutua de la administración pública, la academia, el tejido productivo y la ciudadanía.

Por otro lado, el espíritu “PETIC” constituye la filosofía de trabajo: Palabra, Ecología, Techo, Investigación y Construcción; Plaza, Ética, Trabajo, Inclusión, Colaboración, y Pueblo, Estética, Tierra, Innovación y Cooperación.

Las dos primeras fases de la filosofía PETIC lograrían un empoderamiento social que exigiría la defensa del mundo rural abandonado aspirando a lograr un verdadero Pacto de Estado con financiación estable.

Solamente a través del encuentro Ciencia-Tecnología-Sociedad y la filosofía “PETIC” se podrá aspirar al encuentro de todos los sectores implicados en la “cuestión rural” de España. Renovarse o morir, cooperar o desaparecer. Porque salvar a la España olvidada es salvar a todo el país. Estamos a tiempo, pongámonos a ello y seamos constructivos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Raúl Carbajal López recibe fondos públicos para su investigación de la Universidad de Oviedo (PAPI-18-PF-14) y del Principado de Asturias (Programa Severo Ochoa, BP-19-007).

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