La vida se reinició después de “la bola de nieve” gracias al placton depredador

Imagen del Gran Cañón, entre cuyas rocas se han encontrado los microfósiles del estudio. Getty Creative.

La mayor glaciación de la historia de nuestro planeta ocurrió antes de que apareciese la vida compleja. Hace entre 720 y 635 millones de años, la Tierra sufrió dos glaciaciones consecutivas. Y quedó completamente cubierta de nieve y hielo, en un proceso conocido como “Tierra bola de nieve”.

Y aún así, la vida sobrevivió. No sólo sobrevivió, también se desarrolló. Lo que ocurre es que no se sabe cómo lo hizo. O no se sabía, hasta la publicación de un artículo reciente, que ofrece un escenario de lo que ocurrió, muy distinto de lo que nadie pensaba.

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Había dos opciones. O bien estas capas de hielo fueron dominadas por bacterias, o bien por protozoos, pequeños organismos de los evolucionamos los animales. Cada uno de ellos con sus características, que suponen un escenario distinto y hubiesen dejado restos moleculares, microfósiles, distintos.

Pero estudiando restos de rocas de aquella era, lo que han visto los investigadores es que ninguna de estas alternativas era cierta. La Tierra bola de nieve mantenía una biodiversidad muy baja, con unas relaciones ecológicas muy simples… situación de la que salió gracias al plancton heterótrofo.

Aquí es donde llega lo curioso de la historia. Porque quienes reiniciaron la vida, los organismos que permitieron que las redes ecológicas se hiciesen más complejas, fueron algas. Pero algas que, en contra de lo que hace habitualmente, no realizaban la fotosíntesis. Algas depredadoras, que se alimentaban de otros organismos: bacterias, otras algas…

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La presencia de este plancton heterótrofo permitió por una parte mantener la vida. Pero sobre todo, permitió que las redes tróficas, las relaciones de alimentación entre seres vivos, se hiciesen cada vez más complejas.

Controlaron la cantidad de bacterias, fomentando al mismo tiempo la diversidad de estos microorganismos. También facilitaron que hubiese nutrientes disponibles para las algas fotosintéticas, que poco a poco fueron ganando tanto en número de especies como en cantidad de individuos, quedando preparadas para ser la base de los ecosistemas cuando el hielo se derritió.

Y por último, el factor tal vez más importante: establecieron unas dinámicas de competencia que obligaron a otros organismos a evolucionar para sobrevivir, lo que generó las condiciones necesarias para que la vida alcanzase la situación que se vio cuando la Tierra se descongeló.