“La veletita naranja” va con Vox

El candidato de Ciudadanos en Madrid ha pactado con PP y Cs la presidencia de la Asamblea regional.(Photo by Ricardo Rubio/Europa Press via Getty Images)

Los pactos postelectorales están esbozando un fenómeno paranormal. El partido que está, sin excepción, en el centro de todas las negociaciones, y con múltiples posibilidades para repartir juego, es quien menos tajada parece estar sacando de todo ello. Hablamos de Ciudadanos que, desorientado por tantos cambios de posición, de ideales y de estatutos, está dilapidando todo el patrimonio logrado entre 2014 y 2018 con su posicionamiento centrista. Un espacio que solo el partido de Albert Rivera podía ocupar ofreciendo pactos a izquierda o derecha pero que él mismo se ha encargado de echar por tierra afianzando un puñado de victorias sobre su apoyo a Vox.

Tantas contradicciones le han convertido en un partido del que es difícil fiarse, ni siquiera sus socios del bloque de la derecha, y no hay más que darse un paseo por las redes sociales para enumerar los ejemplos:

  • La formación que se muestra "encantada de liderar" el debate transversal feminista pero que no apoya la huelga del 8-M porque "no somos anticapitalistas"

  • Defiende los derechos LGTBIQ, pero pacta políticas con un partido que defiende que se trate a los homosexuales como “enfermos”.

  • Y que se lía como cuando defiende que gobierne la lista más votada en Navarra pero que firma 'pactos de perdedores' en Murcia o Andalucía.

Todo ello ha configurado un caldo de cultivo del que Albert Rivera podía salir ahora que el horizonte electoral en España parece por fin despejarse para cuatro años. Marcando un nuevo liderazgo de partido bisagra. Pero su apuesta por mantener el cordón sanitario a Sánchez le está restando posibilidades salvo si se asocia con Vox, algo que ni siquiera gusta a parte de sus compañeros de partido.

Y eso le hace perder mucho de lo ganado. Porque los resultados de las urnas le abrían la posibilidad de marcar las diferencias en Madrid o Murcia, entre otros. Incluso le facilitaba la entrada en el Gobierno de España, y lo va a cambiar todo por vicepresidencias o consejerías menores, en el mejor de los casos.

La realidad está atropellando a Albert Rivera, quien se vendió el 28 de abril como el verdadero líder de la oposición cuando ahora su papel se ha reducido al de ser una simple muleta del PP de Pablo Casado.