La sociedad secreta de los simbolistas rosacruces de Péladan

Javier García Blanco


Coincidiendo con la difusión de las teorías evolucionistas y el desarrollo del positivismo científico, la sociedad del siglo XIX se convirtió, paradójicamente, en el germen perfecto para el desarrollo de creencias heterodoxas. El espiritismo, las sociedades secretas, el ocultismo o la parapsicología fueron algunas de las insólitas prácticas que cautivaron a miles de personas coincidiendo con el fin de siglo.

Una de esas personas cautivadas por las doctrinas herméticas fue el francés Josephin-Aimé Péladan, un excéntrico personaje que tuvo su momento de gloria en el París de finales del siglo XIX. Péladan había nacido en Lyon en 1858, en el seno de una familia protestante convertida al catolicismo. Su padre era un periodista conservador interesado en cuestiones místicas, lo que influyó notablemente en su visión religiosa.

Con sólo 12 años, Péladan se trasladó con su familia a Nîmes, donde despertó su interés por el arte y la literatura. En 1882 se estableció en París y comenzó a trabajar en publicaciones sobre arte. Poco después, en 1884, alcanzó la fama con su novela El vicio supremo, primer tomo de una larga lista de volúmenes que conformarían su “etopeya” La decadencia latina, y que mezclaba novelas con ensayos de corte ocultista, como 'El católico ocultista' o 'Cómo convertirse en mago'. Así, Péladan compaginó en aquellos años sus actividades literarias y artísticas con su faceta de “mago”. Coincidiendo con la publicación de otra de sus novelas, Istar, se proclamó Sâr, un término de origen caldeo que venía a significar, precisamente, “maestro, príncipe o mago”.

En 1887, y junto a otro singular personaje llamado Stanislas de Guaïta, Péladan decidió crear la Orden Cabalística de la Rosa Cruz. Por desgracia, la relación no duró mucho, pues las desavenencias entre Guaïta y Péladan terminaron derivando en una escisión. En 1891, el Sâr anunció la creación de la Orden Rosa + Cruz católica del Temple y el Grial. El propio nombre de la nueva hermandad indicaba la intención de Péladan de que ésta fuera exclusivamente católica –aunque ocultista– y especialmente orientada a actividades artísticas, dando lugar a la celebración de los célebres Salones de la Rosa + Cruz, en los que durante años expusieron célebres artistas de toda Europa, en especial aquellos vinculados al movimiento simbolista.

Entre estos pintores simbolistas destacaron el belga Jean Delville y el alemán Carlos Schwabe. Delville estuvo muy influido por “Sâr” Péladan, pero además era un decidido creyente en la cábala, la magia, el hermetismo y la Teosofía, llegando a formar parte de la Sociedad Teosófica de Bélgica. Este interés por todas estas doctrinas le llevó incluso a escribir un tratado, Diálogo entre nosotros. Argumentación cabalística, ocultista, idealista. Como no podía ser de otro modo, todas estas creencias influyeron notablemente en su creación artística, en pinturas como 'Los tesoros de Satán' (1895), 'El ídolo de la perversidad' (1891) o 'El amor de las almas (1900)', por poner algunos ejemplos.

 










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