La "sequía" de grandes terremotos en California en los últimos 100 años hace temer lo peor

Jesús Del Toro

California enfrenta una estremecedora incertidumbre. Situada en una zona de poderosa actividad sísmica y con una historia de destructivos terremotos, para científicos y el público en general es claro que tarde o temprano –como sucede en otras regiones de riesgo de temblores– se registrará en tierras californianas un gran y potencialmente devastador terremoto.

La actividad sísmica que se ha registrado en días recientes, incluido un temblor de 3.6 grados con epicentro en el área metropolitana de Los Ángeles y más de una veintena de otros movimientos, ha puesto en primer plano la punzante pregunta: ¿cuándo se desatará un terremoto mayor en California?

Parte de los daños causados en el área de Los Ángeles por el terremoto de 1994 en Northridge. (AP)
Parte de los daños causados en el área de Los Ángeles por el terremoto de 1994 en Northridge. (AP)

No hay modo de saberlo, pues pese a los avances en geología y disciplinas relacionadas, no es posible aún predecir los terremotos. Pero hay datos que trazan escenarios posibles y el temor es que, en el caso de un terremoto mayor, sus efectos puedan producir un desastre mayúsculo. Y es claro que en la memoria histórica y en el imaginario social, el escenario de un terremoto de efectos “apocalípticos” ha estado siempre presente.

Con todo, la actividad sísmica reciente, con numerosos temblores menores, no es en realidad algo especialmente distinto o intenso. En realidad cada día se dan allí, y en otras regiones sísmicas del mundo, multitud de movimientos de tierra. Y en el caso de California en realidad lo relevante, a juzgar por las consideraciones de los expertos, es que el estado experimenta una suerte de extraña pausa: de acuerdo a la publicación Seismological Research Letters, no se ha registrado en más de 100 años en California una ruptura mayor en ninguna de las tres grandes fallas de la región, una situación que no ha tenido precedente en todo un milenio.

Eso significa que las presiones acumuladas en esas fallas (la de San Andrés, San Jacinto y Hayward) son enormes y que la probabilidad de que se registre una ruptura y un gran terremoto en California es cada vez mayor. De acuerdo a la citada investigación, al estudiar el historial sísmico de la región los expertos identificaron que la falta de un terremoto mayor en un siglo es algo extremadamente raro (0.3% de probabilidad) y por ello esa “sequía” de un gran sismo en los últimos 100 años es extraña y, al menos en lo estadístico, podría terminarse en cualquier momento.

Pero, ¿de qué se habla cuando se menciona que no ha habido tal gran terremoto cuando, por ejemplo, en 1986 se registró un severo temblor que azotó el norte de California y en 1994 uno en Northridge, en el área de Los Ángeles, que provocaron decenas de muertos y miles de millones de dólares en daños? En realidad, la “sequía” de la que se habla es de un calado aún mayor: terremotos superiores a los 7.5 grados (los citados se situaron en 6.9 y 6.7 grados, respectivamente), cuyo antecedente más reciente fue el sismo de 7.9 grados que devastó totalmente a San Francisco en 1906.

Un desastre acontecido hace 113 años.

E incluso en lo relacionado a terremotos de severidad media pero destructiva, los del rango de 6 grados de magnitud, California ha estado comparativamente quieta: en los últimos 25 años se han dado 11 terremotos de entre 6 y 7.2 grados, mientras que en el cuarto de siglo anterior se registraron 32. Tan solo en el área de San Francisco solo se han dado tres de esos fuertes sismos desde el gran terremoto de 1906 hasta hoy, pero en los 75 años previos a ese sismo se registraron 14 terremotos mayores de 6 grados.

Nadie desea que un sismo así se dé, pero los científicos consideran que tarde o temprano esa pausa de macroterremotos en California, lo que es una anomalía, terminará y un gran sismo azotará la región. No hay modo de saber exactamente cuándo ni dónde, pero esa incertidumbre está poderosamente matizada por una certeza: el gran terremoto llegará y las autoridades y la población deben estar preparadas en caso de que el sismo afecte, como es muy posible, a las grandes áreas urbanas de California.

Y ese es otro problema. Como se comenta en Los Angeles Times, la “sequía” de terremotos mayores habría causado que la urgencia en materia de concientización y preparación al respecto haya menguado. Pero hoy sería de una importancia crítica, una situación literalmente de vida o muerte.

Las pérdidas humanas y materiales de un gran terremoto en California podrían ser mucho mayores que las que se han sufrido en fuertes sismos como el de 1994 (en la foto=o el de 1986. (AP)
Las pérdidas humanas y materiales de un gran terremoto en California podrían ser mucho mayores que las que se han sufrido en fuertes sismos como el de 1994 (en la foto=o el de 1986. (AP)

Los expertos consideran que los próximos 100 años serán presumiblemente mucho más activos que el siglo precedente y eso implica más fuertes temblores en el horizonte. Así, un estudio publicado en 2008, consideró que un gran terremoto, de 7.8 grados, en la falla de San Andrés produciría más de 1,800 muertos, 50,000 heridos y daños por más de 200,000 millones de dólares, además de una duradera afectación de la actividad, en la zona del sur de California.

Y si ese sismo fuese mayor, del orden de los 8 grados, la devastación sería potencialmente mucho más grande y de efectos más prolongados.

Pero todo ello está envuelto en la grave incertidumbre de que no puede saberse la ubicación ni la fecha de ese perturbador evento, que podría aún estar años en el futuro. Pero podría también ser mañana mismo. Así, la preparación ciudadana resulta clave, pues sea cual sea la magnitud del gran terremoto futuro, su saldo trágico sería mayor si azota una sociedad no suficientemente preparada y sin las necesarios recursos humanos y materiales para reaccionar en el salvamento e insistencia iníciales y en la reconstrucción posterior.

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