La sal de las carreteras afecta a la fauna, pero esta sabe adaptarse

Imagen de una pulga de agua (Daphnia pulex). Por Rensselaer Polytechnic Institute

Cuando llegan el invierno y las heladas, las carreteras se llenan de sal. Y con un buen motivo, ya que gracias a ella se funde el hielo y se puede circular. Pero claro, la parte negativa es que esta agua salada acaba en los ecosistemas, generando un impacto en los ecosistemas acuáticos. ¿Cómo de serio? Pues menos de lo que se pensaba hasta ahora, según se explica en un artículo reciente.

Porque uno de los componentes biológicos principales en lagos, lagunas y otras masas de aguas es capaz de adaptarse de manera increíblemente rápida a estas nuevas condiciones. En menos de dos meses y medio consigue tolerar niveles de sal hasta diez veces superiores a lo normal. Al menos la especie con la que se ha realizado el estudio es Daphnia pulex, conocida como pulga de agua.

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Y esta especie es realmente importante para la salud de los ecosistemas acuáticos. Las pulgas de agua pertenecen al zooplankton, el grupo más pequeño de animales que viven en lagos y lagunas. A nivel de funcionamiento de los ecosistemas tienen un papel muy relevante. Son los principales depredadores de algas, y al mismo tiempo fuente de alimento para insectos y peces. Cuando faltan las algas crecen casi sin límites, dando lugar a los blooms algales, en muchas ocasiones tóxicos.

Como todos los seres vivos, las pulgas de agua necesitan ciertas condiciones para vivir. Determinados rangos de temperaturas, cantidad de luz, alimento… y salinidad. Si hay más sal disuelta de la que pueden tolerar, simplemente no se pueden desarrollar y mueren.

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O esa es la idea. Porque también como ocurre con todos los organismos, son capaces de adaptarse y evolucionar. Algo que lleva tiempo en todos los casos. Lo sorprendente de las pulgas de agua es que sus tiempos son realmente cortos. En diez generaciones, que a esta especie le lleva entre seis y siete semanas, son capaces de desarrollar una tolerancia muy elevada la salinidad.

Para demostrarlo, los investigadores emplearon una técnica conocida como “mesocosmos”. Que es la forma técnica de referirse a pseudo-lagos artificiales. A tanques enormes de agua que simulan las condiciones de los lagos en los que viven las pulgas de agua. Salvo por la salinidad.

En cada grupo de mesocosmos los investigadores modificaron la salinidad, desde la que se encuentra de manera natural hasta una muy superior a la que se encuentra en los lagos más contaminados. Y toda una serie de situaciones intermedias, que sí se pueden encontrar en la naturaleza. En estas condiciones dejaron crecer y reproducirse a las Daphnia.

Lo primero que comprobaron es que en los tanques más salinos las pulgas de agua no sobrevivían. Y que en las condiciones óptimas era donde mejor estaban. Ninguna sorpresa hasta aquí. En el resto de mesocosmos las Daphnia sobrevivían, pero la cantidad dependía de la salinidad. Algo también previsible, aunque las tasas de supervivencia estaban por encima de lo esperado.

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Por suerte, los científicos no se quedaron ahí. Cada grupo de pulgas de agua de cada mesocosmos era una estirpe, y había que comparar la supervivencia entre ellas. Así que pusieron a todas las estirpes en las mismas condiciones de partida, y comenzaron a aumentar la salinidad de los tanques progresivamente.

El resultado de esta segunda batería de experimentos es lo que llama la atención. Porque las estirpes que venían de mesocosmos poco salinos, cercanos a las condiciones originales de los lagos, no sobrevivían. Pero las que se habían adaptado a la salinidad sí lo hacían. Es decir, las que habían aprendido a vivir en mesocosmos ligeramente salinos sobrevivían en tanques con mucha sal. Con adaptarse a salinidades altas una vez les servía.

Así que las pulgas de agua son capaces de adaptarse a mayores salinidades. ¿Quiere esto decir que no tenemos que preocuparnos de nuestros lagos y lagunas, que serán capaces de adaptarse a este impacto? No, en absoluto. Queda saber si otros componentes del ecosistema también lo harán – por ejemplo, si los insectos y peces que se alimentan de las pulgas de agua sobreviven a estas salinidades – pero al menos hay ciertas esperanzas.

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