La estúpida guerra AMLO vs Loret de Mola que distrae a México de su horror y realidad

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AMLO mostrando los ingresos de Loret de Mola durante una conferencia. (Luis Gutierrez Norte Photo/Getty Images)
AMLO mostrando los ingresos de Loret de Mola durante una conferencia. (Luis Gutierrez Norte Photo/Getty Images)

AMLO y Loret de Mola son más parecidos de lo que uno podría pensar. Influyentes, populares, llenos de lamesuelas dispuestos a configurar la realidad para hacerla encajar con lo que ellos, sabios todopoderosos inmunes al error, digan, manden y dispongan. Los dos disfrutan de los reflectores: no pueden vivir sin el protagonismo. Necesitan que todo México mencione sus nombres y los adore. Por eso se llevan tan mal, porque no soportan ver en otra persona lo que a ellos se les observa tan bien.

Las habilidades del presidente para imponer agenda están fuera de toda discusión: puede poner a debatir a un país sobre lo que él quiera. Y lo que él ha preferido es poner a Carlos Loret de Mola en la vitrina más reluciente del país. Lo ataca todas las semanas bajo la premisa del derecho de réplica, que al parecer jamás ha comprendido y más bien ha instrumentalizado a su antojo. La cruzada de López Obrador es meticulosa y no tiene límites: primero violó la ley para conocer y divulgar los ingresos del periodista. Ahora ha optado por presentarle a la opinión pública el lujoso y pecaminoso departamento que Loret tiene en Polanco.

No está claro hasta dónde va a llegar AMLO, pero que nadie finja sorpresa: no se detendrá. La venganza tiene un origen claro: el reportaje en el que Loret reveló la ostentosa casa del hijo del presidente en Houston. Desde entonces no ha parado. Y eso le gusta a Loret de Mola, que se ha convertido en un mártir de la libertad de expresión, todo un ejemplo de lo que un periodista honesto y valiente debe ser y hacer. Lo nunca imaginado: la terquedad de un mandatario nos tiene defendiendo al padre del montaje televisivo más escandaloso en la historia de México.

No habría que extrañarse. A los comentócratas les importa la libertad de expresión cuando se trata de Loret. ¿Se acuerdan de Pegasus? También pegaron el grito en el cielo: porque sí, el gobierno de Peña Nieto espiaba democráticamente, pero cómo podía atreverse a hurgar en el celular del Luis Miguel del periodismo. Loret y sus similares se defienden con una premisa muy simple: “He criticado a todos los presidentes”, como si eso fuera algo excepcional, y no su trabajo, muy al estilo de quienes inflan el pecho por cocinar o lavar la ropa.

Los odiadores del presidente han encontrado en Carlos Loret al referente que tanto les han negado los partidos políticos. En secreto, o no tanto, pero muchos de ellos quisieran que el periodista se quitara esa etiqueta y fuera presidenciable. No es tan difícil predecir los deseos de una oposición que enviudó hace mucho. Por otra parte, los incondicionales de Palacio Nacional le hacen segunda al presidente y tienen sus propias variantes de Loretismo: ¿se acuerdan cuando, hace pocos años, creíamos que Jenaro Villamil era un periodista serio?

Esa es la tendencia. Los periodistas se convertirán en activistas o en políticos profesionales. Para el caso, da lo mismo, pues ambos cumplen las mismas funciones: desparramar protagonismo y manufacturar la realidad para enmarcarla en el paisaje más oportuno. Todos están felices con el circo romano. El presidente vs. El periodista. Si hasta da para un libro de ficción. Ojalá nadie le gane la idea a Francisco Martín Moreno, al que le gusta escribir mucho sobre eso que él llama (sí, no se rían) “periodismo de ficción”. Bueno, pues ahí tiene una mina de oro.

Loret de Mola durante un evento de National Geographic en 2019. (Vivien Killilea/Getty Images for National Geographic)
Loret de Mola durante un evento de National Geographic en 2019. (Vivien Killilea/Getty Images for National Geographic)

Total, la pelea ya resulta muy rentable para ambos. AMLO puede mantener entretenido al país en una reyerta infantil que, en su lógica, amerita más atención que los feminicidios, desapariciones y la violencia generalizada que azota todos los rincones de México. Loret, por su parte, puede seguir victimizándose en un país donde han asesinado a ocho periodistas en 2022.

Las lágrimas que el odio presidencial le causa se las puede limpiar con los millones de dólares que ingresa año tras año: una línea escrita por Loret podría servir para pagar un mes de sueldo en alguna redacción de Sinaloa o Tamaulipas. Que el circo siga. La realidad puede esperar pacientemente su espacio en la cartelera.

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