¿Qué tiene que ver la Reconquista para que el sur de España sea más pobre que el norte?

Un 21,5 por ciento de la población española está en el umbral de la pobreza.


España cautiva en el extranjero porque se la relaciona con relax, buena comida, arquitectura envidiada, arte, cultura, calidad de vida, buen clima, población alegre y demás virtudes que son suficientes para que más de 74 millones de turistas le hayan dado una oportunidad en 2019 a esta tierra de contradicciones. Aquellos visitantes que salen del circuito típico (Madrid, Barcelona, Ibiza) y exploran distintas zonas del norte y del sur se dan cuenta rápidamente de que existen unas diferencias que son extrapolables no solo a otros países, como Italia, sino a un mundo dividido - con excepciones - entre el hemisferio sur y el norte. Si en el planeta hay una línea que demarca las desigualdades, en España hay un trazo imaginario que delimita una zona más rica que la otra.

Las sonrisas de la gente de Andalucía, Extremadura, Murcia, parte de Castilla-La Mancha, Ceuta, Melilla y Canarias tapan una situación que no tiene ni pizca de gracia. Con unas tasas de paro que les colocan entre las más altas de Europa y unos niveles de pobreza también muy elevados, estas regiones están en una situación muy diferente a las comunidades del norte, donde especialmente Madrid, País Vasco y Cataluña, cuentan con unas cifras más halagüeñas en todos los ámbitos, incluidos renta per capita, PIB e incluso, tal y como refleja el último informe PISA, en las relativas al nivel académico de los estudiantes. 

Manifestación para garantizar una vivienda digna. (Getty Images)

El indicador AROPE evalúa el riesgo de pobreza y de exclusión social de poblaciones con carencias materiales mínimas o con baja intensidad en el empleo. En este sentido, el Gobierno de España está muy cerca de incumplir con el compromiso de la Estrategia Europea 2020. Según el informe, ‘El estado de la pobreza, seguimiento del indicados de pobreza y exclusión social’, España se comprometió a “reducir entre 1.400.000 y 1.500.000 (en el periodo 2009-2019) el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social de acuerdo con el indicador AROPE” y la parte proporcional en pobreza infantil. 

Tal y como recoge el informe, el objetivo de España no era especialmente ambicioso y aunque queda un año para que se cumpla el plazo, experimentar una reducción de 2,6 millones de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social se antoja imposible. En la actualidad, más de 10 millones de personas están en el umbral de máxima escasez, es decir un 21,5 por ciento de la población española. Si las comunidades del norte del país tienen unos indicadores acordes con los de la Unión Europea, las sureñas están más próximas a los habituales en países subdesarrollados con hasta 30 puntos porcentuales de diferencia. 

Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008-2018).

En este sentido, el gráfico anterior elaborado en el informe muestra la gran diferencia territorial en indicadores como el AROPE, el PMS (privación material severa) y BITH (intensidad de trabajo, es decir el número de personas por hogar que están en edad de trabajar y el de las que realmente pueden ejercer su profesión). Las cifras son escalofriantes y van de la mano junto a otros datos como el PIB per capita de las diferentes comunidades. Madrid, las regiones forales y Cataluña tienen un perfil más industrial y tecnológico, hecho que contribuye a que haya más estabilidad laboral (por ejemplo, en Andalucía, el PIB per capita es de 19.132 y el de Cataluña es de 30.769) algo que sucede desde que se instalaron las primeras industrias en territorio español durante el siglo XIX

Para encontrar las causas de esta enorme diferencia ente el norte y el sur, hay varios argumentos que tienen que ver con el clima, con las horas de luz y demás aspectos que influyen en el carácter y la manera de vivir de las personas, sin embargo, hay una asombrosa teoría elaborada en 2017 por dos profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila, quienes afirmaron que la velocidad a la que se produjo la Reconquista de España, que comenzó en el norte a partir del año 711 y concluyó en el sur en 1492, ha marcado la pauta de las diferencias entre regiones. 

Granada fue el último reducto árabe de España.

El estudio de estos dos académicos indica la importancia que la Reconquista tuvo en la configuración económica actual de España, a pesar de que ésta sucediera hace siglos. Así lo especificaron en el abstracto de su trabajo, donde afirmaron que “el ratio de la Reconquista revela un efecto negativo en la diferencia de los ingresos en las distintas provincias españolas”. El factor determinante es el impacto en la concentración del poder económico y social, el cual quedó en manos de muy pocos, “excluyendo a otros segmentos de la población del acceso a oportunidades económicas cuando España entró en la fase industrial”.

Esta interesante propuesta no termina ahí. “Los tiempos del efecto son consistentes con este argumento. Una implicación general de nuestro análisis es que las grandes expansiones fronterizas pueden favorecer un equilibrio político entre los agentes colonizadores sesgado hacia la élite, creando las condiciones para una sociedad no igualitaria, con consecuencias negativas para el desarrollo económico a largo plazo”.

Así explican Oto-Peralías y Romero-Ávila una desigualdad territorial que otros atribuyen a conceptos más actuales pero que no contradicen la teoría de los investigadores: mover el capital hacia las zonas con paro, atraer la inversión hacia los lugares menos favorecidos, incentivar con ayudas gubernamentales y, por supuesto, reducir a cenizas una corrupción cuyos efectos están siendo letales para la sociedad española en general y en las comunidades del sur en particular.

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