La "rata del cielo" toma las terrazas de Argel

Por Amal BELALLOUFI
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Unas gaviotas patiamarillas, posadas en un tejado cerca de la bahía de Tamentfust, al este de Argel, el 19 de marzo de 2017

"¡No es un pájaro, es una rata! y está ocupando mi terraza", exclama nervioso Ali, de unos 60 años, señalando a la gaviota patiamarilla que parece haber elegido como residencia el edificio donde reside, en el oeste de Argel.

En estos últimos años, los argelinos asisten, impotentes, a la colonización de su ciudad por este tipo de ave, ahora bautizada como "la rata del cielo", porque se alimenta de la basura y no pescando en el mar.

Desde hace unos cuarenta años, la gaviota patiamarilla se ha expandido en las costas del Mediterráneo, donde se ha convertido en el pájaro marino más corriente.

"Esta evolución (...) provocó una extensión de la zona de reproducción y la colonización de otros lugares, en especial urbanos", explica Nawel Derradji, una estudiante de doctorado en Ecología animal en la Universidad de Bab Ezzuar, en Argel.

De aspecto altivo y robusto, la patiamarilla tiene un pecho prominente, largas extremidades de color anaranjado y un pico corto y grueso, con una mancha roja en la parte inferior. Pero, pese a su belleza, está lejos de ser un vecino apreciado.

En Argelia, varias ciudades son objeto de estudio para determinar y divulgar el alcance de su colonización.

"En los últimos 25 años, la media del crecimiento de las gaviotas patiamarillas se ha duplicado y en algunos lugares ha aumentado hasta un 400%", señala el profesor Riadh Mulai, de la Universidad de Bejaia.

- 'Comportamiento agresivo' -

Este pájaro de la familia de los láridos es invasivo, agresivo, ruidoso y muy sucio. Igualmente, es un depredador de especies urbanas, especialmente otras aves, añade Derradji.

Ali, jubilado, asegura amar a los animales, pero "esta plaga" le impide prácticamente utilizar su terraza. "Ya no se puede tender la ropa o sentarse un momento, hay mucha suciedad. Defecan por todas partes", se queja.

Ali "lamenta", con una sonrisa socarrona, que el ave no sea comestible porque "eso habría limitado su proliferación".

La gaviota se ha adaptado, pasando "de un régimen acuático a un régimen terrestre, fruto esencialmente de vertederos abiertos en los que encuentra abundantes fuentes de alimentos, fácilmente accesibles y renovados con frecuencia", explica Derradji.

El "tchutchu maleh", como lo llaman los argelinos, adopta un comportamiento solitario y agresivo y se apropia de una gran zona geográfica, anidando en las terrazas, que asocia con los acantilados de su hábitat natural.

Al cambiar de entorno de reproducción, el 'larus michahellis' se ha adaptado a los materiales de la ciudad para construir sus nidos. Algunos están hechos de trapos, de huesos, de plástico...

En la metrópoli argelina, un estudio ha censado más de 150 nidos frente a los apenas tres registrados en 2001. Una cifra que no refleja la realidad porque los nidos de esta especie son muy difíciles de localizar, señala Nawel Derradji.

Ahora bien, la disminución o el cierre de los vertederos abiertos provocará una reducción drástica de esta especie en las ciudades, afirma el investigador.

Pese a su impopularidad, la gaviota tiene algunos admiradores, como Rachid, un pescador de Tamentfoust (a 25 kilómetros al este de Argel), quien se ha acostumbrado a sus nuevos vecinos. "A veces les doy sardinas al final del día. Les dejo el pescado y ellas se sirven. Es increíble", cuenta este sexagenario.

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