La quiropráctica no es medicina y provoca efectos adversos

Miguel Artime

En 2005 conocí el trabajo de Steven Novella, doctor en medicina y profesor de neurología en la universidad de Yale. Era, en aquellos tiempos incipientes de Internet, un afamado desmontador de falacias, azote de las pseudociencias y defensor del pensamiento crítico (labor que ejercía como presidente de la Sociedad Escéptica de Nueva Inglaterra). Fuese como fuese, me dio permiso para traducir los artículos que publicaba en un periódico llamado The New Haven Advocate, y terminé por preparar una entrevista abierta con él y mis – sus – lectores.

Uno de ellos le preguntó cómo era posible que ciertos profesionales de la medicina, de quien se debía presuponer un férreo alineamiento con el método científico, se atreviesen a recetar remedios “alternativos” tan poco serios como la homeopatía. (La entrevista es de 2005, pero aún siguen pasando cosas como estas).

La respuesta de Novella fue clara:

Desgraciadamente es posible pasar por la facultad de medicina sin convertirse en un buen científico o en un buen escéptico. Buena parte del conocimiento en medicina es técnico, y se puede aprender a ser técnicamente competente sin tener que pensar científicamente. Según mi propia experiencia, los mejores médicos son buenos científicos y buenos pensadores. Los que aceptan ideas no científicas, como la homeopatía, son generalmente malos médicos.

La mal llamada medicina alternativa vive obsesionada por revestirse de la seriedad, prestigio y honorabilidad de la verdadera medicina, razón por la que sus patrocinadores pagan fortunas por organizar eventos en salones universitarios u hospitales. La mejor arma con la que cuenta la industria de la homeopatía en Europa es la de ser capaz de colocar sus productos placebo en las estanterías de algunas farmacias (increíble que a estas alturas se permita esta práctica). Si logran tal cosa es amparándose en la excusa de que sus productos son inocuos. ¡Es lo bueno que tiene el agua!

Quiropráctico realiza un ajuste de columna vertebral/Getty Images
Quiropráctico realiza un ajuste de columna vertebral/Getty Images

En Estados Unidos, sin embargo, la pseudociencia que más y mejor se ha revestido de la honorabilidad científica de la verdadera medicina es la quiropráctica. (En España también se intenta).

Allí, estos manipuladores de la columna vertebral, capaces supuestamente de curar todo tipo de dolencias con movimientos vertiginosos, han alcanzado tal éxito que, según puedo leer en M Health Lab, muchos acuden tratar sus dolores al quiropráctico sin siquiera hacer una consulta previa a su médico de cabecera.

Pero al contrario que la homeopatía, que por no tener efectos médicos no tiene ni efectos secundarios (como saben todos aquellos divulgadores que se suicidan homeopáticamente de forma 100% segura), la quiropráctica sí puede provocar daños severos.

Lo contaba en 2016 el profesor Edzard Ernst en un artículo publicado en la sección de salud del Spectator. En él, este catedrático de medicina especializado en desmontar medicinas alternativas, declara que “ahora tenemos un montón de evidencias que muestran que la mitad de los pacientes sufren efectos adversos entre leves y moderados tras visitar a un quiropráctico”. Principalmente se trata de dolores locales que desaparecen tras dos o tres días y que los quiroprácticos definen como necesarios. “Si no duele no cura”, decía mi abuela mientras me echaba alcohol en una herida abierta.

Pero volvamos con el artículo del M Healh Lab, en el que podemos leer la opinión de un especialista en retina del Centro Ocular Kellogg de la Universidad de Michigan. Se trata del doctor en medicina Yannis Paulus, quien alerta de los daños oculares que podrían sufrir aquellos que visiten a un quiropráctico.

En efecto los empujones y rotaciones enérgicas que realizan a veces estos “profesionales” a velocidades de vértigo en zonas altas de la columna como el cuello, pueden crear tensión en el ojo. De hecho, el daño resultante en los capilares del interior del ojo, principalmente en la retina, pueden provocar leves hemorragias anormales e incluso pérdida de visión.

Por lo que puedo leer, este fue el caso de una mujer de 59 años que experimentó una mancha visual en forma de renacuajo mientras conducía de vuelta a casa tras una visita a su quiropráctico de confianza. Al día siguiente su visión empeoró. Sin duda no era lo que deseaba cuando acudió para tratarse de unos dolores de cabeza, tratados con una técnica de manipulación cervical de la espina dorsal a alta velocidad.

Afortunadamente, la visión de la paciente volvió a ser normal dos semanas después, pero cosas así deberían hacer pensar a todos aquellos que ponen su fe en las terapias alternativas, si no es preferible confiar su salud en un profesional de la medicina. Por desgracia no solo hablamos de problemas leves de visión como el referido. Los expertos en enfermedades cardiovasculares también advierten contra la quiropráctica. Estos movimientos rápidos mientras se manipula el cuello pueden provocar la disección de una arteria vertebral, lo cual a su vez puede conducir a un infarto. ¡Cosa seria!

Lo dicho, no te dejes embaucar por sus diplomas, sus batas blancas, su instrumental, etc. Los quiroprácticos no son médicos. Si te encuentras mal acude un profesional, porque con la salud no se juega.

El trabajo de Paulus acaba de publicarse en American Journal of Ophthalmology Case Reports.