La química de las infusiones relajantes

Imagen de la flor de la sarpaganga ( Rauwolfia serpentina). Crédito: Dinesh Valke from Thane, India [CC BY-SA 2.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

Descubrir qué hay de verdad en ciertos remedios naturales no es sencillo. Por una parte, porque en muchas ocasiones se le conceden “propiedades mágicas” a compuestos naturales que, cuando se analizan científicamente, no se sostienen. Y por la parte científica, hay una tendencia a considerar que todos los remedios naturales son equivocados.

Por eso es muy interesante un artículo reciente, que explica cómo funciona bioquímicamente una planta, la sarpaganga o raíz de serpiente india (Rauwolfia serpentina), empleada desde la antigüedad como calmante y ansiolítico.

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La rama de la ciencia encargada de investigar, analizar y demostrar el aprovechamiento de los recursos naturales para la medicina se denomina farmacognosia. Y esencialmente se encarga de lo que han llevado a cabo en el artículo: estudiar la química de especies naturales – generalmente de plantas, aunque no solo – y tratar de aplicar los descubrimientos en medicina industrial.

En el caso de la sarpaganga, lo que se buscaba era la ruta metabólica que le permitía a la planta generar una serie de compuestos con un claro efecto calmante. Esta planta es famosa por muchos motivos, uno de ellos que Gandhi la tomaba en infusión de manera diaria durante toda su vida.

La sarpaganga genera una serie de alcaloides – compuestos químicos a los que pertenecen entre otros el opio, la codeína o la heroína – que afectan de una manera muy directa a nuestro cuerpo: disminuyen el ritmo cardíaco, reducen la presión arterial y influyen en los cuadros de ansiedad.

El problema es que no se sabía con detalle cómo lo hacía. Generaba sustancias de un gran interés para la medicina moderna, especialmente la ajmalina. Pero el uso directo de la planta mediante extractos no era funcional. Porque la planta no genera suficiente compuesto, y por el impacto ambiental que su empleo pudiese tener sobre los ecosistemas en que se asienta.

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Así que hacía falta conocer la ruta que emplean las plantas para generar sus compuestos, para poder buscar una solución de laboratorio que permitiese fabricar el compuesto. Hasta ahora se conocía casi en su totalidad. Pero ese “casi”, la pieza que faltaba, era la fundamental.

Faltaba una enzima de la ruta, con una función relativamente sencilla: unir dos átomos de carbono de cadenas distintas para darle a la molécula su forma tridimensional, de la que depende su función. Relativamente sencilla de explicar, pero se trata de una de las reacciones más complejas de obtener en laboratorio.

Esta enzima es la que se describe en el artículo. Y con la descripción han llegado las posibilidades de emplearla en laboratorio e industria. De momento, no se ha logrado, pero ya se han diseñado experimentos para tratar de conseguir la misma reacción de catálisis por medios artificiales o empleando levaduras a las que se inserten los genes apropiados.

Así que estamos un paso más cerca de lograr que la raíz de serpiente india aporte una nueva estrategia para una gran cantidad de problemas y síndromes.