La punzante y ominosa escasez de exámenes de diagnóstico de coronavirus en EEUU

Hace apenas unas semanas, en todo Estados Unidos solo se habían diagnosticado unas pocas decenas de casos de infección por el nuevo coronavirus. Al momento de escribir estas líneas, esa cifra es de más de 1,320 casos con 38 fallecimientos.

Pero hay fuertes indicios, incluso el sentido común, que sugieren que la cantidad de infectados sería en realidad mucho mayor, y a eso se debe el crecimiento de los casos de contagio comunitario, es decir de personas en Estados Unidos que adquirieron el coronavirus sin haber estado en contacto con individuos procedentes de otros países.

Una enfermera trabaja en una prueba de detección de coronavirus en Alemania. (AP Photo/Martin Meissner)

El coronavirus ya se ha esparcido sustancialmente en Estados Unidos pero, hasta ahora, la cantidad de diagnósticos sería reducida, en buena medida por la escasa cantidad de exámenes de detección que se han realizado. La causa de ello es, simplemente, que no se ha contado con suficientes test disponibles para realizar exámenes de coronavirus en Estados Unidos, una grave carencia que tiene ya notorias reverberaciones tanto en el aspecto médico como en el político.

Eso en parte a la escasez inicial en sí de esas pruebas de diagnóstico y, también, porque las que se produjeron bajo la supervisión del Centro de Control y Prevención de Enfermedades y se distribuyeron en volumen en febrero resultaron defectuosas.

A la fecha, de acuerdo a CBS News, en Estados Unidos solo se han practicado cerca de 8,900 exámenes de detección de coronavirus. En comparación, Corea del Sur practicaría hasta 10,000 de esos tests al día.

Muchas instituciones médicas en el país simplemente carecieron, y aún carecen, de kits de diagnóstico suficientes para atender sus necesidades y, con ello, tomar decisiones sobre cómo frenar y encarar la epidemia de coronavirus.

De acuerdo a un gráfico publicado en Vox, al 11 de marzo se habían practicado en Estados Unidos 7,695 test para detección de coronavirus, el equivalente a 23 tests por cada millón de personas (la población estadounidense es de 329 millones). En cambio, para el 8 de marzo en Italia, un foco grave de la epidemia, se habían ya practicado casi 50,000 tests (826 por cada millón de personas) y en Corea del Sur casi 190,000 pruebas, 3,692 por cada millón.

De acuerdo al doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, uno de los mayores expertos mundiales en la materia, en Estados Unidos “el sistema no está realmente orientado para ello… Eso está fallando”. Fauci aludía a que el sistema de salud estadounidense no ha podido, ni al parecer podrá en el plazo inmediato pese a las promesas de líderes políticos  (entre ellos el presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence) contar con una cantidad de test de coronavirus y capacidad para procesarlos con la velocidad y el volumen de otros países, reportó la televisora NBC News.

Ciertamente, la situación ha mejorado. Hace algunas semanas solo se habían podido practicar unos cientos, luego pocos miles, de tests para detectar el coronavirus. Y actualmente, de acuerdo a datos difundidos en Twitter y provenientes del American Enterprise Institute, la capacidad total de realización de exámenes, incluidos laboratorios públicos estatales y federales y laboratorios privados, para detectar el nuevo coronavirus en todo Estados Unidos sería de 20,695 pacientes.

Hace solo 3 días, el 9 de marzo, esa capacidad era de 7,840. Y el CDC, institución líder a nivel mundial en materia de salud, solo puede procesar por sí mismo entre 300 y 350 tests por día.

Todo ello luce muy lejos de las afirmaciones del gobierno de que para fines de esta semana habría decenas de miles de kits para exámenes de detección de coronavirus, y cerca de un millón más en producción en breve.

Es posible que en próximos días se llegue a esas cifras, pero la escasez de las semanas recientes ya ha provocado que una cantidad muy considerable de personas de las que se sospechaba eran portadoras del coronavirus no pudieron verificar esa situación al no tener sus médicos acceso a tests de detección. La falta de esos diagnósticos, indican médicos, eleva los riesgos de que personas portadoras difundan el virus en sus comunidad en lugar de ser colocados en cuarentena. Una mayor ampliación local de la epidemia de Covid-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, podría haber sido una consecuencia de ello.

En ese contexto, ha sido muy criticado que las autoridades de salud de Estados Unidos no hayan querido usar el test de detección del nuevo coronavirus desarrollado por la Organización Mundial de la Salud. De acuerdo a USA Today, Fauci aceptó que es omisión tuvo que ver con el “lento comienzo” del diagnóstico de Covid-19 en el país, aunque aclaró que la práctica usual en Estados Unidos es desarrollar sus propios kits de diagnóstico.

“Somos los líderes mundiales contra enfermedades infeccionas… Nuestro CDC y nuestra FDA [Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos] producen y aprueban tests en nuestro increíble sistema de salud”, dijo el vicepresidente.

Pero eso no se concretó en el presente caso, tanto porque los test que se produjeron inicialmente fueron defectuosos como porque se frenó que otras instancias produjeran los suyos. Y al no usarse tampoco el de la Organización Mundial de la Salud el país se quedó de pronto atorado en su capacidad de diagnóstico, y por tanto carente de información suficiente para la toma de decisiones críticas, en momentos en que la epidemia de coronavirus comenzaba a arreciar en varios países del mundo y el microorganismo se esparcía en Estados Unidos.

¿Por qué no se valoró suficientemente la gravedad de la epidemia y se permitió el uso de test de la Organización Mundial de la Salud o el desarrollo temprano de kits por parte de instituciones y laboratorios estadounidenses? Esa pregunta es punzante y sugiere que en el gobierno federal no se habrían tomado medidas suficientes en el momento inicial, o que se tomaron decisiones que resultaron contraproducentes.

Las suspensiones a los vuelos desde China hace unas semanas y ahora desde Europa son medidas que tienen utilidad, pero dado que ya entonces existía y hoy ya existe presencia del coronavirus en Estados Unidos, con difusión local presente, el alto a esos viajes no ayudará necesariamente a frenar el contagio interno.

Pero muchos señalan que contar con pruebas de detección y diagnóstico a escala mayor sí podría ayudar a frenar la velocidad de propagación de la epidemia. Es claro que aunque el número de infectados y enfermos será muy considerable, mucho más que lo registrado hasta ahora en Estados Unidos, la capacidad de respuesta del sistema de salud es muy diferente, y con ello la atención a la población, si la incidencia de casos se  da en un periodo de tiempo más largo que si se concentran en pocos días o semanas.

Ciertamente, se ha señalado que el hecho de que no se haya aún registrado una marea de personas enfermas de Covid-19 inundando los hospitales del país señala que el contagio en Estados Unidos no sería aún de escala mayúscula y aún se encuentra relativamente localizada. Pero la epidemia crecerá y por ello las herramientas de diagnóstico son críticas.

Aunque no puede saberse qué habría pasado si se hubiesen tenido tests de detección disponibles a gran escala hace un mes, es posible que medidas como cierres de escuelas y suspensión de actividades en lugares donde hay hoy fuertes brotes en Estados Unidos, por ejemplo en los estados de Washington y de Nueva York, podrían haber aminorado allí la velocidad de difusión de la epidemia.

Y quizá esas medidas de recorte drástico de actividades públicas podrían ser necesarias ya mismo en lugares en las que aún no se han decretado, no porque no haya allí casos numerosos de Covid-19 sino simplemente porque, al no haberse realizado pruebas en mayor número, no hay datos al respecto que impulsen esa toma de decisiones.

Un centro de detección de coronavirus, con acceso desde el automóvil, en Wolverhampton, Inglaterra. La aplicación de exámenes para identificar ese microorganismo en Estados Unidos es mucho más reducida en cantidad, ubicación y disponibilidad. (Getty Images)

Otros comentan que realizar la prueba a personas asintomáticas o que no hayan estado en contacto directo con personas infectadas no necesariamente da resultados mejores. Pero en todo caso, en la dimensión pertinente, siempre es mejor contar con más información en lugar de con menos.

Así,  muchos señalan que la carencia inicial de tests y lentitud en producirlos y distribuirlos es una pifia mayúscula de las autoridades de salud estadounidenses que podría tener ominosas consecuencias. Es de esperar que ello sea menor y que en las próximas semanas, como se ha prometido, se revierta la insuficiencia de tests de detección del coronavirus.

Eso es clave para medir el avance de la epidemia de Covid-19, para tener datos claros que permitan tomar decisiones de políticas de salud pública (incluida la posibilidad de cierres de grandes áreas poblacionales, como ha sucedido ya en toda Italia) y para canalicen recursos médicos, económicos y materiales de emergencia para encarar el reto.