La pandemia podría crear una "generación confinada" de jóvenes en Europa

Jaime Quirós
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La pandemia nos ha afectado a todos, a cada uno a su manera. Se podrían invertir horas tratando de resolver quién ha sido el más afectado en todo este asunto. Desde luego, seguro que ha sido un tema que ha protagonizado algún que otro debate, más o menos distendido, desde que el virus es pandemia. A corto plazo, nadie puede negar que los mayores son los más vulnerables a un posible contagio. Puede que el riesgo al que se enfrentan los jóvenes no sea mortal, pero por ello no deja de ser importante.

El equilibrio entre salud y economía parece inalcanzable. En una ‘nueva normalidad’ que no funciona e inmersos en una segunda ola de contagios, asumir el futuro próximo, casi presente, tiene más que ocupadas las mentes de los que nos gobiernan. Nadie estaba preparado para una situación así, pero deberíamos empezar ya a hacer frente a algunos problemas que se nos vienen, antes de que sea demasiado tarde. De nuevo, puede que el riesgo al que se enfrentan los jóvenes no sea mortal, pero es una cuestión ineludible si queremos evitar que los efectos de la pandemia, ya existentes, sean graves y duraderos para ellos.

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Solo un tercio de la población española de entre 16 y 29 años tiene un empleo. Foto: Getty Creative
Solo un tercio de la población española de entre 16 y 29 años tiene un empleo. Foto: Getty Creative

Títulos que se devalúan, oportunidades que se pierden, destrucción de empleo y más dificultades para acceder a él. Si la inmersión laboral de los jóvenes ya suponía un reto antes de la pandemia, ahora es prácticamente nula.

El último estudio publicado por el Instituto de la Juventud, 'Juventud en riesgo: análisis de las consecuencias socioeconómicas de la COVID-19 sobre la población joven en España' es contundente en sus conclusiones: la recuperación económica será más difícil para las personas jóvenes. Los efectos económicos derivados de la COVID-19 han golpeado con “especial virulencia” a la juventud española, que se sitúa como el colectivo más perjudicado por el parón de la economía.

Según los datos compartidos por INJUVE, organismo adscrito al Ministerio de Igualdad, por sólo el 33,5% de las personas de 16 a 29 años tienen un empleo, incluyendo a aquellas que están en situación de ERTE. En comparación al segundo trimestre del año anterior, la tasa de empleo ha caído más de siete puntos porcentuales. Al mismo tiempo, la tasa de paro de la población joven en este mismo periodo se ha situado en el 30,0%.

Por su parte, la tasa de actividad –que mide las personas jóvenes que están trabajando más las que están en paro y buscan trabajo de manera activa– ha retrocedido hasta cotas nunca vistas en la última década: del 54,2% del pasado año al 47,9% actual. Lo que ocurre es que, ante la imposibilidad de encontrar trabajo, gran parte de la población joven, abandona la búsqueda activa de empleo y se refugia, de nuevo, en los estudios, pasando a integrarse en la población inactiva.

A nivel europeo, el desempleo juvenil de la Unión se multiplicó por cuatro hasta alcanzar el 15,4%. Este colectivo supone el 6,6% de la población del viejo continente. El Foro Europeo de la Juventud alerta de que esta crisis puede convertir el desempleo en la norma para los jóvenes europeos.

El paquete financiero para hacer frente a la COVID-19 de la UE se plantea insuficiente para solucionar estos problemas. Los recortes propuestos en educación, transformación digital o innovación amenazan el futuro de la próxima generación de europeos.

Tanto el Gobierno como el organismo europeo tienen que empezar a actuar para salvar a una generación que se considera escéptica y mal formada, pero lo único que está es desmoralizada ante el panorama desolador que se les presenta.

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