La “masacre” de aves protegidas provocada por jugadores de voleibol de playa en Alabama

Un fuerte lance de una pelota y un enorme salto para proyectarla veloz y anguladamente sobre la red y dejar tendido al rival en la cálida arena. El voleibol de playa es un deporte en auge, con poderosa emoción y potencia atlética.

Pero tuvo un incidente sórdido en lo específico de un caso sucedido en Alabama. Algunos lo han considerado una “masacre”.

A Sand Island, Alabama, lugar cuyo nombre es literalmente isla de arena, llegaron hace varias semanas entusiastas del voleibol de playa y procedieron, según el relato del portal AL.com, a establecer canchas para jugarlo en sus playa. Esa pequeña isla se encuentra aproximadamente una milla mar adentro, frente a la Bahía de Mobile, y en realidad no sería un lugar muy frecuentado.

Una vista de la playa de Sand Island, Alabama, donde quedó abandonado equipo de voleibol luego de que personas llegaron allí para practicar ese deporte. Al hacerlo habrían devastado campos de anidamiento de aves migratorias protegidas. (AP)

Pero por alguna razón los entusiastas del voleibol de playa decidieron ir a jugar allí y al menos unos 17 botes llegaron a la isla. Comenzaron entonces a colocar sus redes y a trazar las canchas de juego.

El detalle es que esa isla es un lugar de anidamiento de aves migratorias protegidas, en especial del  charrancito americano (especie también conocida como gaviotín pequeño o golondrina marina mínima). Se trata de una pequeña ave que anida y se reproduce en Norteamérica y migra durante el invierno al Caribe, Centro y Sudamérica y que está actualmente bajo protección del gobierno estadounidense. También anida allí el rayador americano o ‘pico de tijera’, de mayor tamaño que el charrancito.

La población de esas aves, como el de otras muchas especies, sufrió severamente con el derrame petrolero que la plataforma de BP Deepwater Horizon desató en 2010 en el norte del Golfo de México, aunque han comenzado a recuperarse desde entonces.

 

El problema es que esos partidos de voleibol de playa en Sand Island tuvieron una filosa y letal consecuencia para esas aves. Al hacer espacio para sus canchas, los jugadores retiraron nidos de charrancito americano y ‘pico de tijera’, movieron y apilaron huevos, que quedaron expuestos al sol abrasador, y ahuyentaron a las aves, que no pudieron continuar empollando a sus crías ya nacidas.

El resultado, de acuerdo a los conservacionistas que descubrieron la perturbación, fue una tremenda mortandad: aunque no hay una cuantificación exacta, se estima que cientos de aves bebé y de huevos se perdieron por la actividad de los voleiboleros, quienes al parecer no tenían conciencia de lo que estaban perpetrando o, en el peor de los casos, lo hicieron a sabiendas de que causaban un daño a la vida salvaje de Sand Island y no les importó.

Incluso utilizaron huevos sustraídos de sus nidos para “decorar” una suerte de domo de arena.

Los hechos sucedieron, según la televisora CBS, en torno al reciente feriado del 4 de julio y fueron descubiertos y reportados por conservacionistas de la organización Birmingham Audobon.

Un charrancito americano, ave migratoria. (Southern Living)

Las autoridades del Servicio Federal de Pesca y Vida Salvaje y del Departamento de Conservación y Recursos Naturales de Alabama fueron alertadas y desde entonces no se ha reportado nuevos arribos de personas a Sand Island. Pero la destrucción causada por los deportistas citados, como se comenta en The Washington Post, ha sido calificada ya como la “masacre del voleibol” por su costo en vidas de charrancitos y picos de tijera bebés.

Afortunadamente, las poblaciones de esas aves están prosperando en esta temporada, aunque eso no significa que no requieran protección y respeto. Así, los jugadores de voleibol de playa responsables de la citada perturbación letal posiblemente lograron solaz y recreo en su paso por Sand Island, pero quedaron patentemente descalificados en términos humanos y medioambientales.

Los charrancitos americanos están protegidos una ley federal que establece que quien mate aves migratorias protegidas puede ser sujeto a multa de 15,000 dólares y hasta a seis meses de cárcel, según The New York Times, si bien la administración de Donald Trump, que está revirtiendo o acotando varias medidas de protección medioambiental, ha interpretado que matar a un ave migratoria de modo accidental o incidental no es un delito.

Así, no hay claridad sobre si se impondrán sanciones a quienes perturbaron severamente los nidos de aves en Sand Island ni sobre la identidad de ellos. Pero, al parecer, lo que sí ha sucedido es que la gente de la localidad ha comprendido la importancia de proteger a esas aves y que es impropio realizar ataques como los que los voleibolistas cometieron allí. La creación de conciencia social al respecto puede, al final, ayudar a la conservación de esas y otras especies.

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