La llegada al poder tumba el mundo ideal de los 'podemitas'

No hace ni un año Ada Colau era una ciudadana más. No era anónima, ya que su papel al frente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca le había otorgado un reconocimiento social importante. Pero tenía menos agenda y menos compromisos. Hasta el punto de que la Colau activista alentaba huelgas y apoyaba boicots. Como el que ocurrió en la primavera de 2014 cuando criticó con dureza la gestión de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) por ser “opaca” y subir las tarifas de los consumidores en lugar de rebajar el sueldo de los directivos.

Por esas mismas fechas José María González, alias ‘Kichi’, daba clase de Historia en institutos andaluces y secundaba movimientos críticos con el sistema económico gaditano basado en la industria armamentística y que PP y PSOE habían estado “impulsando” durante décadas.

Algo similar es el caso de Joan Ribó. Salvo un periodo de 4 años entre 2007 y 2010 durante el cual retornó su vida académica siendo profesor de secundaria en el instituto de Meliana, Ribó participó de la vida privada valenciana, pero siempre desde la oposición. Desde las filas de Compromís realizó una dura oposición a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, como bien demuestra la filtración que, vía Ritaleaks, se realizó de una serie de viajes repletos de “ostras, langostinos, gazpacho, jamón, anchoas y ternera” que la alcaldesa Barberá realizó entre 2010 y 2015.

Pero el pasado 24 de mayo sus vidas cambiaron. Todos ellos alcanzaron las alcaldías de Barcelona, Cádiz y Valencia, respectivamente. Y han que cambiar de chip pasando de reclamar a gestionar. Por eso sorprende ahora ver que han cambiado de bando. Es decir:

- Colau ha pasado de alentar huelgas a calificar de “desproporcionada la que han puesto en marcha los trabajadores de metro, tren y autobuses haciendo coincidir con la semana del Mobile World Congress , donde se esperan más de 100.000 asistentes.

- Kichi ha aprobado la construcción por Navantia de cinco corbetas para Arabia Saudí. Un contrato de 3.000 millones de euros y 1.000 puestos de trabajo pero que, según han denunciado varias ONGs, permitiría a la marina de Arabia Saudí mantener un bloqueo naval como el que ahora mismo se aplica a Yemen y que está provocando una grave crisis humanitaria. ¿Cómo ha justificado su cambio de parecer? “Que nadie se atreva a cuestionar nuestro compromiso por aumentar la carga de trabajo para la Bahía de Cádiz”.

- Y Ribó ha cargado al Consistorio los gastos del viaje que realizó en noviembre del pasado año a La Coruña, para participar en una reunión de “alcaldes del cambio” junto a otros regidores de grandes ciudades de Podemos o de sus marcas asociadas. Un viaje en el que, además, participó en una concentración “contra la guerra, el terrorismo y la islamofobia” tras los, por aquel entonces, recientes atentados de París.